Un ramallense en Berlín, una sociedad donde “el Nunca Más es algo fuerte”
Hace siete años, Juan Cruz Goenaga dejó Ramallo para instalarse en Berlín. Hoy trabaja en un instituto estatal de investigación alimentaria, juega al fútbol en un club que ayudó a fundar con otros latinoamericanos y observa desde adentro cómo vive Alemania el debate político, el crecimiento de la derecha y las diferencias culturales con Argentina.
“Vine acá porque en su momento estaba en pareja con una chica de Alemania que conocí en un intercambio en México durante la universidad”, contó durante una entrevista radial. Aquella experiencia académica terminó cambiándole la vida. “Siempre quise tener una experiencia de vivir afuera y dijimos ‘¿por qué no intentarlo?’”.
Ingeniero en Tecnología de los Alimentos, Goenaga trabaja desde hace seis años en el Instituto Federal para la Evaluación de Riesgo de Alemania, un organismo estatal dedicado a la investigación científica. “Es un instituto del Estado que hace investigación en alimentos, con bacterias, químicos, distintas áreas”, explicó. Allí integra un laboratorio especializado en bacterias patógenas transmitidas por alimentos.
“Trabajo con bacterias que producen enfermedades a través de los alimentos. Estamos en un laboratorio de referencia para una bacteria que se llama Campylobacter, bastante común a nivel mundial”, detalló.

Uno de los aspectos que más destacó del sistema alemán es la independencia científica. “Son instituciones financiadas económicamente por el Estado, pero totalmente independientes del Estado”, remarcó. Y agregó: “Eso genera para alguien que investiga un muy buen ambiente laboral porque no recibimos influencia política”.
Más allá del trabajo, Goenaga describió las fuertes diferencias culturales entre Alemania y Argentina, especialmente en las relaciones sociales. “Juntarte acá con un alemán muchas veces lo tenés que planear con una o dos semanas de anticipación”, relató entre risas.
“Eso para todos los latinos que vivimos acá es difícil. Por eso terminamos juntándonos mucho entre latinos porque esa espontaneidad no existe tanto”, explicó. Sin embargo, destacó un aspecto positivo de esa planificación extrema: “Cuando se juntan dejan el celular al lado y hablan, te escuchan, se interesan realmente”. Y resumió la lógica alemana con una frase contundente: “Si te dicen que nos juntamos el martes a las seis de la tarde, no necesitás confirmar nada. Vos llegás y la persona está”.
También describió una rutina diaria muy distinta a la argentina. “La mayoría de la gente a las seis de la mañana ya está arriba. A las cuatro o cinco de la tarde ya empiezan a terminar las actividades”, contó. Según explicó, la vida familiar tiene horarios muy estructurados. “Los nenes a las nueve tienen que estar durmiendo y eso se respeta muchísimo”.

En las costumbres gastronómicas alemanas, el pan ocupa un lugar central en la vida cotidiana. “Acá se desayuna bastante fuerte, después tienen una pausa al mediodía y se cena tipo siete de la tarde”, contó Juan Cruz. Según explicó, la última comida del día incluso es conocida como “la comida del pan”. “Muchas veces comen dos o tres rodajas de pan con manteca, queso o salame y eso ya es la cena”, relató. También marcó diferencias importantes con el pan argentino: “Nosotros estamos acostumbrados al pan blanco, más parecido al de España o Italia. Acá usan muchas harinas integrales y panes con sabores muy fuertes o demasiadas semillas, que para el paladar argentino por ahí no caerían tan bien”.
Lejos de Ramallo y de su familia, Juan Cruz encontró en el fútbol una forma de sentirse cerca de casa. “Uno necesita buscar cosas para hacer y sentirse un poco en casa”, señaló. Así nació Pichanga, un club amateur que ayudó a fundar junto a otros latinoamericanos. “Tenemos muchos chicos chilenos, latinoamericanos, también alemanes, turcos y árabes. Se fue sumando gente de todos lados”, explicó.
El nombre del club tiene una raíz bien sudamericana. “Pichanga significa como jugar un picadito”. Hoy el club tiene cinco equipos entre masculinos y femeninos y participa de ligas amateurs de Berlín. Destacó el fuerte apoyo estatal al proyecto. “Si tenés un club registrado, la Secretaría de Deportes te asigna una cancha y horarios de entrenamiento”.
En su caso entrenan en instalaciones de una escuela pública. “Los chicos salen de la escuela y nosotros usamos la cancha y los vestuarios”.

Durante la charla también habló sobre el crecimiento de los sectores de derecha en Alemania y cómo se vive el debate político en la sociedad alemana. “El debate político acá va mucho más sobre ideas y menos sobre personas”, sostuvo. “Hay mucho menos fanatismo y mucho más consenso”, agregó, marcando diferencias con la discusión política argentina.
Sobre el avance de partidos de extrema derecha, aclaró que la situación no implica un regreso del nazismo, aunque reconoció preocupación por el crecimiento de esos sectores. “El Nunca Más es algo fuerte. Alemania trabajó muchísimo sobre eso y sigue trabajando”, afirmó.
Como ejemplo, contó que todos los estudiantes secundarios deben visitar obligatoriamente un campo de concentración durante su formación escolar. “Se hace muchísimo trabajo sobre la memoria. Los campos de concentración están abiertos y se pueden visitar”, explicó.
Al mismo tiempo, señaló que existe preocupación por el crecimiento de discursos extremistas en el contexto de crisis económicas y conflictos internacionales. “No es que hay nazis en la calle ni se golpea gente, eso no pasa. Pero sí asusta que partidos de derecha tengan tanta popularidad”, advirtió.
Finalmente, también dejó una reflexión sobre por qué decidió quedarse en Europa. “En Argentina sentía que no se valoraba tanto el esfuerzo y no veía muchas perspectivas de desarrollo”, confesó. Y concluyó: “Acá te valoran mucho más las ganas de trabajar y te empujan a crecer”.

