Bromatología municipal otorgó nuevas habilitaciones PUPAR que permiten formalizar la producción y comercialización de productos que se gestionan principalmente desde el hogar. En Radio Meta, Macarena Tinto contó cómo pasó de hacer siete yogures a producir más de cien por día junto a su familia. También recibieron estas certificaciones, Fausto Irrazabal, productor de conservas, y María Millet, de alfajores y tortas. Desde que dio inicio el programa, más de 30 emprendedores locales regularizaron sus unidades productivas
La Municipalidad de Ramallo, a través del área de Bromatología, continúa entregando PUPAR, habilitaciones que permiten a vecinos y vecinas formalizar emprendimientos alimenticios desarrollados en sus hogares. Una de las beneficiarias fue Macarena Tinto, quien contó su experiencia este viernes en diálogo con Radio Meta FM 94.1.
“Esto empieza en un trasfondo familiar. Mi marido hace 20 años que trabaja en el bingo y cuando parecía que la cosa se iba a poner difícil, se me ocurrió que teníamos que hacer algo más”, relató.
El inicio fue tan simple como decidido: “Nunca me imaginé que íbamos a llegar a este punto, pero un día me levanté y dije: vamos a arrancar. Arranqué con siete yogures… y nunca más paré”.
La elaboración es completamente artesanal. “Yo hago el yogur, todo artesanal, todo natural, no hay ninguna máquina por medio”, aseguró. La receta fue el resultado de un largo proceso de prueba y error: “Usé una variedad enorme de recetas hasta que encontré la propia. Fui adaptándola hasta que quedó nuestro yogur”.
Los primeros clientes fueron familiares, pero el crecimiento fue rápido. “El primer reparto de los siete yogures fue para la familia. Después nos hicimos un Instagram, empezó a pedir mucha gente y se fue multiplicando: 14, 21 y así sucesivamente”, recordó.
El salto clave llegó cuando comenzaron a vender en comercios. “Mi tía, que tiene la verdulería La Huerta, en Panno e Irigoyen, me preguntó si no me animaba a vender por mayor. Al principio le dije que no, pero meses después le dije: ahora sí me animo”, contó. Desde entonces, la demanda se multiplicó. “Ahí explotó todo. Fue el empujón mayor”.
Actualmente producen alrededor de 100 yogures diarios. “En ese momento les llevaba 30 por día a ellos y otros 30 para repartir. Ya 60 yogures por día es un temita”, explicó, marcando el crecimiento sostenido.
El emprendimiento es completamente familiar. “Somos cinco y participa hasta la más chiquita, que tiene 10 años. Mis dos hijas y yo armamos todo a la mañana; yo fabrico el yogur, que tiene un proceso larguísimo, y mi marido sale a repartir a los comercios”.
El proceso comienza temprano y se extiende durante todo el día. “Arranco el proceso del yogur a la una de la tarde, con la pasteurización y fermentación. A la madrugada se envasa y se refrigera por ocho horas más. Es un trabajo de muchas horas, pero lo hago con muchísimo gusto”, afirmó.
Hoy, los productos se comercializan en 18 locales de Ramallo Pueblo, en Villa Ramallo y en puntos como la cantina de la pileta de Defensores en temporada, además de la dietética de Julieta Delmoro recientemente incorporada. El yogur se ofrece en envases de 400 ml, en versiones natural endulzado y sin endulzar.
Sobre la habilitación, destacó que no tuvo que realizar grandes modificaciones en su casa. “Estaba todo en perfectas condiciones cuando vinieron a hacer las dos habilitaciones. Solo tuve que comprar una heladera aparte, porque no tenía capacidad”.
Al cerrar la entrevista, Macarena dejó un mensaje claro para quienes dudan en emprender: “Nunca bajen los brazos. Arranquen, aunque sea con lo mínimo, como hice yo con siete yogures. Si es para vos, se va a dar”. Y concluyó con una reflexión personal: “Yo toda mi vida me dediqué a otra cosa y acá encontré algo que me encantaba y no sabía que existía. Siempre hay más”.
