Una querida docente recibirá un justo reconocimiento por su entrega durante tantos años a la formación de niños y jóvenes del partido de Ramallo. Alguien que la conoció desde muy pequeña, nos ayudó a entender por qué fue tan querida y respetada por sus colegas y vecinos en general.

La voz de Fiorella, dos años mayor que su hermana, resuena con un profundo orgullo al hablar sobre Josefina, o «Pina», como era cariñosamente conocida. «Todo lo que se refiera a mi hermana, a mí me interesa un montón», comparte con emoción. «Fue una gran persona, una gran maestra y una grande en todo. Dedicó su vida a la docencia; es decir, inclusive abandonó mucho de su vida por la docencia». En estas palabras, se teje el telar del legado que Josefina ha dejado en la comunidad de Ramallo, donde su compromiso con la educación trascendió los límites de lo ordinario para convertirse en un faro de inspiración y guía para generaciones venideras.

Fiorella y Josefina


El llamado de Argentina: La llegada de los Frontini

Las hermanas Frontini vinieron con su mamá Yolanda Monti y su papá Hetore Frontini desde Senigallia, una ciudad al borde del Mar Adriático de la región de Ancona en Italia, con 5 y 7 años.

«Ella nació maestra, de chiquita ella gritaba con unos muñecos adelante». En aquellos primeros tiempos no la tuvieron fácil. «Mi padre estuvo diez años en el frente, como soldado. Cuando terminó la guerra, mi papá no conseguía trabajo, inclusive habían destruido nuestra casa las bombas. Estuvimos casi dos años bajo un refugio».

El destino de los Frontini, como el de tantos otros inmigrantes, estaba marcado. «Mi Papá mandó una carta al presidente de Italia y le dijo si era justo que un hombre que había entregado los mejores años de su vida a su patria, en este momento, no podía conseguir un trabajo para mantener su familia. El presidente le contestó: ‘en este momento Italia no puede abrazar a todos sus hijos, pero Argentina está llamando’».

“Primero vino mi papá, seis meses, estaban justo construyendo la Ciudad Evita, a trabajar ahí,  lo bajaron de un camión, pasó uno o dos meses hasta que vino un ingeniero y dijo ‘en Ramallo estamos por construir el primer barrio obrero, quién se quiere anotar’. Se anotaron 17 inmigrantes, entre ellos mi padre”.

Al tiempo arribó el resto de la familia. “Nosotros desde el primer día que llegamos desembarcamos fuimos al hotel del inmigrante esa noche”, y de ahí a Ramallo. “Mi hermana tuvo más suerte, yo tenía 7 años, había cursado el primer grado en Italia, había pasado a segundo, me metieron a la escuela para que aprendiera el idioma, en cambio Pina, como tenía 5 años, no tenía edad escolar y la mandaron a maestra particular”. Las dos hermanas cursaron la primaria en la Escuela N°1. Y después Pina… “Quería ser maestra. En aquella época no existía la formación para maestra. Tuvo una gran pelea con mis padres, eran gente muy cerrada, les parecía horrible que una mujer tuviera que vivir en otro lugar. Le buscaron una pensión en San Pedro con otra amiga y ahí pudo concretar”.


Su pasión por la docencia

«Siempre contagiaba alegría y donde estaba era muy positiva». Y era una apasionada de la docencia. «Pina a la mañana temprano le chantaba los chicos a mi mamá y se iba de una escuela a otra. Después fue directora de la Escuela 1 y así fue ascendiendo».

«Fue una gran persona, una gran maestra y una grande en todo. Dedicó su vida a la docencia; es decir, inclusive abandonó mucho de su vida por la docencia».

Fiorella sobre su hermana


Luchadora incansable: Creación del Jardin 902, El compromiso sindical de Pina y su ayuda en el IPS (Instituto de Previsional Social)

Con un grupo de maestras crearon el Jardín de Infantes 902. «Juntaron chico por chico, casa por casa, crearon el Jardín de Infantes con todo el esfuerzo de los padres de ellas. Cuando lo oficializaron, porque se hizo grande, ¡cuánto sufrió!, porque ella y los padres hicieron los bancos, los pupitres, las divisiones de los salones, lo colorearon todo, de casa de mamá desaparecieron las plantas, vinieron a oficializarlo y la primera que quedó afuera fue ella porque era italiana. Para ser ciudadana argentina, en aquel entonces, tuvo que renunciar a la ciudadanía italiana. Por eso nacieron sus hijos de madre argentina».

También se destaca el espíritu para defender a sus compañeros en Suteba. «Estaba en la lucha, si tenía que ausentarse diez días de la casa, meterse en la Carpa Blanca, siempre estaba…».

Una anécdota con la maestra Nancy Borda define su compromiso y convicciones. «Hay un curso de Informática, quiero que lo hagas (le dijo Pina a Nancy cuando era vicedirectora de la Escuela 1). Yo no puedo, primero no tengo plata, había que pagar el 50 por ciento de una beca y segundo tengo tres hijos de 7, 8 y 9 años y no tengo quien me los cuide. No importa, vos vas a hacer ese curso, la plata sale de la cooperador y yo te cuido los chicos».


Después fue nombrada al frente del Instituto de Previsión Social de la provincia de Buenos Aires. Cuando entré al IPS (recordó Fiorella que le dijo su hermana) me dio impresión, había pilas de carpetas para tramitar jubilaciones, cuando fui sacando las de abajo se me rompían en la mano de lo viejas que estaban. Me sentí tan insignificante por el trabajo enorme que había que hacer… Pero lo empezó a hacer y empezó a hacer trabajar a los que estaban alrededor, y sacó un montón de pensiones y arregló un montón que estaban mal dadas.


Fiorella sobre su hermana Josefina

«Pina fue siempre una persona muy digna, muy seria en lo que hacía, le ponía el pecho a cada cosa que hacía, educar un niño es lo mejor que puede dar un maestro, educarlo para que piense, para que se eduque para que lea un texto y lo entienda, no es fácil, eso solamente un buen maestro lo puede hacer». Una clave fue su personalidad. «Era muy positiva. Ella creía en su fuerza y en ella misma».

Pina y Fiorella inseparables en la vida


Audio completo de la entrevista:

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