Cuatro en el fondo

Tomás Farjat

Un sueño que está dos sets arriba

Según el diccionario; los sueños son historias e imágenes que nuestras mentes crean mientras dormimos. Pueden ser entretenidos, divertidos, románticos e inquietantes, atemorizantes, y a veces muy extraños, sin dudas fuente de misterio para los científicos… pero lo que no dice en esta definición, es cuán poderosos pueden llegar a ser en ciertas oportunidades, que dejan de aparecer solo mientras dormimos. Alguno me dirá que a eso se le llama sueño lúcido, y el más experimentado en esta rama lo llamará alucinación hipnagógica. Sin embargo, yo les diré que es el empoderamiento de nuestros propios deseos.
Tomás Farjat, nuestro personaje del día de hoy, está tan empoderado, que su objetivo sin dudas se encuentra a dos o tal vez a tres sets. Cuando hablo de set, todos hacen instantáneamente la relación, ya que Tomás es un gran tenista con una incipiente carrera.
Para comenzar a conocerlo, imaginen a un niño de unos 5… tal vez 6 o 7 años de edad, con la raqueta en su mano, yendo detrás de su papá para verlo jugar. Imaginen a ese niño ganando, para su mente, duelos épicos ante mayores que le dieron la oportunidad tirándole dos o tres pelotas hacia su raqueta…
Sin dudas el club marcó su camino, y no solo por el tenis, el fútbol también fue parte de él, y le dejó la enseñanza que no importa el tamaño de la pelota, sino lo que se puede lograr con ella.

Hoy ubicado en el puesto 889 del ranking ATP TOUR, está demostrando porqué su vida pasa entera y exclusivamente por el tenis. Nadie dijo que fuera fácil, nadie dijo que dejar a su familia y mudarse a Bs As con tan solo 15 años no provocaría, al menos un poco de miedo.
Se inició en Defensores de Belgrano, pasó por Regatas de San Nicolás, y por Pilar, para estar en la actualidad viviendo en el CENARD, mientras entrena en la Academia Blengino Tenis.
Los sacrificios sin dudas fueron enormes, sus padres y sus dos hermanas, han resignado más de un momento, y han puesto más de un granito para que esa carrera se pueda llegar a dar.
Sin conocer demasiado a la familia, escuchar a Tomás contar como sus padres lo iban a buscar un sábado, para llevarlo de regreso un domingo, mientras la sonrisa en su rostro deja escapar una incipiente chispa de orgullo, habla de que hay muchísima más cosas con las que se le infla el pecho al nombrarlos, y de las cuáles no tenemos ni idea.

Tomás Farjat va al nutricionista, sigue dietas estrictas que las ha llegado a tomar como normal, sin hamburguesas entre la semana, ni papas fritas, por ejemplo, con algún permitido en el fin de semana se adapta a las reglas, sus estudios los tuvo que terminar a distancia, se ha perdido casi todos los cumpleaños de 15 de sus amigas, las pocas salidas con sus pares reparan en la sobriedad, en busca de la responsabilidad por el día siguiente.
Hincha de River, un metro noventa y tres de altura, con una mayor cantidad de anécdotas, que los chicos de su edad, conoce más el protocolo de emergencia de los aviones, que las propias reglas de “reto o verdad”.
Con entrenamientos con el mismísimo Del Potro, medalla de plata en los Suramericanos Cochabamba del 2018, llevados a cabo en Bolivia, y reconocimientos por parte del estado municipal, sabe cómo mantenerse firme con los pies en la tierra.
Este tenista, en épocas de partidos se acuesta temprano, se levanta aún más temprano, entrena mucho, juega por la gloria en cada partido, no importa si es en Túnez o en un torneo en Córdoba, por supuesto sin menospreciar este último. Y sueña… siempre con su sueño a cuesta, despierto, consciente, pero soñando con ser parte de ese top ten del tenis.

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