DestacadoSociales

“Comer burro fue una tradición hasta fines del siglo XIX”: el arqueólogo Daniel Schávelzon dará una charla en Villa Ramallo

El reconocido arqueólogo e investigador argentino Daniel Schávelzon estará este sábado 16 a las 19:00 horas en Villa Ramallo para brindar una charla en la Biblioteca Popular Fortunato Zampa sobre las costumbres alimenticias en los siglos XVI y XVII, un recorrido histórico que une arqueología, cultura y vida cotidiana.

“La idea es una charla sobre la comida, aunque parezca simple decirlo así”, explicó Schávelzon durante una entrevista con Radio Meta. “Cómo hemos comido a lo largo de los siglos XVI y XVII, la transformación de las formas de comer, de cocinar y de beber desde la época de la población originaria y su transformación a partir de la conquista española”.

Lejos de una clase académica tradicional, el investigador propone descubrir cómo pequeños objetos hallados en excavaciones permiten reconstruir hábitos, costumbres y cambios culturales. “Cuando se hace arqueología una encuentra platos rotos, fragmentos de botellas, huesos. Todo eso puede ser estudiado y nos da pautas para interpretar nuestras primeras actitudes como territorio”, señaló.

Uno de los temas que más sorprendió durante la charla radial fue el origen del mate caliente. Según explicó, originalmente la yerba se consumía fría. “La yerba mate era un producto típico que se consumía originalmente frío, no caliente”, contó. “El tereré famoso era tomarlo frío en una calabaza abierta”.

Schávelzon explicó que el paso al mate caliente fue un proceso gradual impulsado, probablemente, por el clima y la adaptación cultural de los europeos. “No vas a encontrar un papel que diga ‘hoy inventé el mate’”, bromeó. “Pero ya en el siglo XVII está establecido el mate caliente”.

También detalló las dificultades que implicaba tomar mate en aquella época. “Las primeras descripciones cuentan que había que poner los dientes para parar los pedacitos de yerba, porque no había manera de colarlo”, relató entre risas. “Entonces alguien tuvo la idea de ponerle agua caliente y después apareció la bombilla”.

Otro de los ejes de la charla será el asado y el consumo de carne en tiempos coloniales. Y allí también hay diferencias importantes con las costumbres actuales. “El asado como lo conocemos es un invento bastante moderno”, afirmó. “La vaca era un animal salvaje que había que salir a cazar”.

Por eso, explicó, la carne se hervía durante horas antes de pasarla por el fuego. “El gaucho andaba con una ollita de tres patas colgada de la montura y no con una parrilla”, indicó. “A veces la carne tenía que hervir cinco horas para ablandarse”.

Incluso recordó que el consumo de carne de burro fue habitual hasta fines del siglo XIX. “Comer burro fue una tradición que llega hasta fines del siglo XIX”, explicó. “Hay una anécdota donde el general Roca, para festejar una campaña, pidió un costillón de burro porque era su comida favorita”.

En cuanto a las bebidas, Schávelzon derribó otro mito popular: aseguró que el vino no era precisamente la bebida preferida del gaucho. “La bebida favorita del gaucho era la ginebra y no el vino”, sostuvo. “El vino llegaba en vasijas de barro después de meses de viaje y era espantoso”.

Según explicó, recién con la mejora del transporte y la industrialización de la producción vitivinícola comenzó a difundirse el consumo masivo de vino en Argentina.

Durante la entrevista, el arqueólogo también repasó parte de su extensa trayectoria profesional, marcada por trabajos en Argentina y el exterior. “Yo hago arqueología desde hace muchos años”, contó. “Trabajé y viví en el exterior durante buena parte de mi vida y después empezamos a hacer excavaciones en Buenos Aires”.

Schávelzon participó de investigaciones en distintos puntos del país y América Latina, especialmente en excavaciones urbanas vinculadas a la historia de Buenos Aires. “En todos lados hay historia, en Ramallo también”, aseguró. “El tema es ponerse las pilas e investigarlo”.

La actividad se realizará este sábado en la Biblioteca Popular Fortunato Zampa y propone un viaje distinto a través de la historia argentina: entender cómo comían, qué tomaban y cómo vivían quienes habitaron estas tierras.