Rosa Cardinali; una vida para la educación.
He leído, he escuchado de bocas autorizadas, y en parte también he vivido lo que la educación puede generar en aquel dispuesto a soportarla, y sobre todo a disfrutarla. Por lo general uno de los mayores orgullos para la familia, es ver como uno de sus seres queridos, se sumerge en el estudio con la simple meta de la obtención de un título. Pero existe aquel que va por más, con un arma fundamental en su mano, pero con otros caminos por descubrir. Sin caer en la monotonía de resguardar solo aquello, que encontró primero.
Rosa Cardinali y su familia

Poner en contexto la extensa y maratónica carrera de Rosa, conlleva, sin dudas, a escuchar anécdotas con una gran cantidad de apellidos como condimento, nombres que sin dudas siempre han sido protagonistas de una u otra manera en esta maravillosa historia.
Con fotos en la mesa, de su paso por la primaria en la escuela N. °5 Toms O. Canavery, “Rosita” con 83 años, hace sin dudas que su historia te transporten a una época inalcanzable para los recuerdos, pero no así para la imaginación.
Sin escuela secundaria en el partido, y con una primaria ya finalizada, surge corte y confección, piano y pintura, como opciones para poder seguir de cerca al estudio. Dos años después de terminar la primaria, se abre el Instituto Ramallo, y Rosa junto a unos cuantos chicos con las mismas metas, se transforman en los primeros alumnos de la secundaria del partido… ¡Nuevamente los apellidos! ¡Qué memoria! Pero sobre todo ¡Qué sonrisa a la hora de recordarlos!
Con secundaria y varios estudios privados, el camino parecía terminar, las opciones eran salir del partido, acción que costaba mucho dinero, así que varios padres se juntaron y tuvieron la maravillosa idea de alquilar un colectivo, para que el magisterio en San Nicolás, fuera el nuevo desafío.
Con el dolor del fallecimiento de su madre el mismo año que se recibió de maestra, Rosa Cardinali, se preguntó cuál sería su nuevo rumbo.
Con dos compañeras más crearon el jardín de infantes no oficial, en Villa Ramallo. Una tocaba el piano y les cantaba, las otras dos, los guiaban hacia la educación. Para conseguir alumnos, iban casa por casa invitando a esos padres para que manden a sus niños. Cuando un club estaba ocupado buscaban otra locación, siendo ellas mismas, las que se ocupaban hasta la limpieza de los baños, sin dudas la confianza de esos papás, fue la impulsora del primer jardín de infantes en la localidad.
Con ansias por más, formaron un teatro, el cual se había transformado en popular en la zona, hasta Hugo Zandalazini era uno de los miembros; futuro marido de nuestro personaje, aunque sin siquiera ser novios aún. La vida más adelante se encargaría de sorprenderlos.
Después de cerrar el primer jardín de la zona, de pasar por la experiencia del teatro, del fallido intento de seguir abogacía, psicología parecía el nuevo arcoíris en medio de la llovizna.
Cuando ya tenía su primer año dentro de la ciencia mental, recibe su primera oferta para ejercer como maestra en Pérez Millán, para después pasar a la escuela N. °10 Juan B. Azopardo de El Tonelero. Los viajes a Rosario a dedo en su segundo año, más el trabajo, la complicaron demasiado, así que elige a la enseñanza como base fundamental para su vida.
Rosa se enamoró, se casó, tuvo dos hijos, ambos criados bajo los mandamientos del querer saber más, gracias a los cuales, los transformó en grandes profesionales.
Fue profesora del Instituto Ramallo por 30 años, en simultáneo, maestra por una década en la escuela N. °1. En el año 1973 pide movimiento hacia la escuela N. °6, en el 82 después de rendir, consigue el cargo de vicedirectora en la escuela céntrica de Villa. En 1986 obtuvo el cargo de coordinadora rural, pero en el año 1992 vuelve a la base en la escuela N.°6 pero esta vez como directora, jubilandose en ahí mismo en 1998. Escuela por la que más años transitó, no solo como maestra, sino también como directiva, y en la que puso fin a semejante trayectoria.
Esta “seño”, ejerció en la ciudad, pero sobre todo pasó por todas las escuelas rurales, sin dudas conoce, yo diría, más de una historia, más de una cara y un apellido, se empapó más de la educación, que muchas otras personas en nuestro amado Ramallo. Impulsora del jardín de infantes, una de los primeros alumnos del primer secundario del partido, especialidades en varias disciplinas, ambiciosa en cuanto a conocimientos, siempre trabajando doble turno, pero sobre todo “Rosita” es una gran cosechadora de amistades.
Imaginen a una chica con sus portafolios explotados de libros, siendo consecuente no solo con su sentir… Imaginen a esta chica en un camino con muchos vaivenes, incluso por momentos hasta caóticos, pero sobre todo imaginen la cantidad de personas que en ese andar se transformaron en parte de Rosa, y de esa manera sabrán con exactitud cuánto es apreciada, sabrán lo que esta mujer aportó, no solo para la educación… Será en ese momento que me los imaginaré yo a ustedes de pie en una orilla aplaudiendo, por agradecimiento y sobre todo por reconocimiento… Será; como héroe es aplaudido por la multitud.
Por María Gancio


