Los sueños se trabajan
Hoy no voy a hacer demasiada introducción sobre los personajes de esta comunidad, sólo diré, que a través de esta columna semanal de sociales, se les da el espacio para dar a conocer sus historias.
Kevin Samuel Simañski… Esta vez es un niño de 11 años, su nombre llego a los oídos correctos para que hoy lo presentemos.
Kevin es un niño como cualquier otro, sin embargo hay algo diferente en él, que se encuentra en pocos chicos de esa edad; sueña, y no solo se queda con el sueño, sino que va por él.
Ademáss de ir a la escuela, cuando se puede, de jugar con sus amigos al futbol en el Playón Municipal de la Estación, compartir tiempo con sus hermanos… Trabaja.
Antes que se comiencen a “inquietar”, por las palabras; nene y trabajo en una sola oración, les contaré el como, el cuando y el porqué.
Cada mañana sin despertador, a las 6 o tal vez a las 7 horas, sale de la cama, para desayunar alistarse, e ir a “trabajar”, básicamente, hace el reparto de aquellas exquisiteces culinarias que su madre prepara desde muy temprano; pastafrola, panes, tortas fritas son algunas de estas.
A las ocho ya en camino con su bicicleta y con canasto lleno, comienza a repartir, recién horneado lo que con sacrificio preparó su mamá.
Regresa al mediodía, almuerza y va a la escuela, así que a la tarde es ella, quien sale a repartir. Los días que vende todo o que la mamá no amasó, Kevin toma su rastrillo, su botellita de agua, una campera y en su bici sale a ofrecer su ayuda, para que esas veredas se vean bien.
Con un papá con trabajo, el cual le demanda mucho tiempo fuera de casa, y con algunos inconvenientes económicos en la familia, este niño ayuda a sus padres y además se gana un “dinerito”, que dice gastarse en algo rico el fin de semana.
Cuando le preguntas que es lo que le gustaría comprarse, si tuviera el dinero suficiente, te dice un celular, no lo duda, la sonrisa a través del “tapaboca”, se puede observar mientras se le “achinan” los ojos.
¡Un celular! ¡Si! Lo que el noventa por ciento de los nenes de esa edad tienen, asimismo inmediatamente, aclara que con él, le encantaría hacer la tarea virtual, ya que en esta pandemia, las hace gracias a las fotocopias, porque no se puede conectar.
Hace tres años sus progenitores tomaron la decisión de salir de su amado Misiones, en busca de un mejor futuro, sin primos, ni tíos, como tampoco abuelos cerca, sus cuatro hermanos, y compañeros de escuela, son su sostén a la hora de divertirse un rato.
Su madre presente en la charla informal que hemos tenido con el pequeño, lanza dos frases que denotan la calidad humana con la que están educando a su hijo: “La plata no se pide, se gana”, “nunca se toca lo ajeno, se trabaja para conseguirlo”.
Así que si quieren colaborar con el sueño de este niño, no tiene más que llamarlo. Sin dudas los panes sabrán bien y sus veredas relucirán, alimentar la cultura del trabajo, sobre todo cuando desde el otro lado hay ganas, es superarnos como sociedad.
Por: María Gancio.

