Lo engañaron imitando la voz de su hijo. “Fue la media hora más larga de mi vida”
El domingo a la madrugada, Rafael Guerra estaba cuidando una casa cuando inesperadamente sonó el teléfono. Del otro lado, alguien que se hizo pasar por su hijo, le dijo que le estaban pegando y la estaba pasando mal. Enseguida, otra persona tomó el teléfono y lo quiso extorsionar pidiéndole dinero a cambio de seguir viendo con vida a su hijo.
“Estaba cuidando una casa y me llaman al fijo como si fuera mi hijo, era la voz de mi hijo, calculá que te digan que te están pegando con voces atrás, a la una y media, me había acostado hacia un rato, fue horrible”, dijo el empleado del Hospital Gomendio a radio Meta.
Como Rafael no se maneja con aplicaciones de billeteras virtuales, el plan de los delincuentes fue darle algunos pocos minutos para que vuelva a su casa y junte elementos de valor y dinero. Eso sí, salió con una advertencia: “No hagas ningún movimiento raro porque lo mato”.
Le dijeron que en diez minutos lo volvían a llamar. “Me pidieron las joyas y los dólares”. Alertó a su mujer de lo que estaba ocurriendo, tomó los elementos de valor que estaba dispuesto a entregar y se dirigió hacia una garita de colectivos que se encuentra en la zona de “El Descanso”, donde pensaba ubicarse para negociar con los secuestradores.
Rafael pensó que su hijo de 29 años se había ido a Ramallo Pueblo donde vive la novia, pero él estaba durmiendo en su casa, que fue construida en la parte de atrás del terreno; su hija fue quien lo advirtió.
Pero el hombre que, además de ser empleado público, cuida casas y pasea perros, ya se había ido a la garita de colectivo cercana a su casa para iniciar las negociaciones. En ese momento, se sintió muy nervioso y lo llamó por teléfono, pero no lo atendió. Cuando su hijo le devolvió la llamada y escuchó su vos diciéndole, “venite a casa que estoy bien, para mi que te quieren asaltar”, le volvió el alma al cuerpo. “Me fui de la garita y cuando llegué a la esquina lo vi”. Recién ahí pudo respirar tranquilo.
Los delincuentes no volvieron a llamarlo. “Fue la media hora mas larga de mi vida. Tener que esperar que te llamen era desesperante. Volví devuelta a la vida”.
Resta saber cómo le imitaron tan parecida la voz a su hijo. “Era igual, igual, igual… me decía como me decía mi hijo, yo creo que no me confundí, estaba dormido pero era la voz de mi hijo, no era una imitación. No se cómo hicieron para imitarlo”.

