El ingeniero agrónomo Leandro Vatti advirtió sobre un panorama complejo para el campo en la región, marcado por una cosecha muy demorada, bajos rindes y una situación económica que, según definió, “no perdona”. En diálogo radial, trazó un diagnóstico crudo de la campaña y del presente productivo en la zona de la costa del Paraná.
“La cosecha inéditamente viene muy demorada, pero muy demorada. Yo creo que no llevamos ni siquiera el 10% del área cosechada en la zona”, señaló. Explicó que las condiciones climáticas fueron determinantes: “Las hojas están verdes, producto mucho de la sequía que transitó el cultivo durante enero y gran parte de febrero”. En ese sentido, remarcó que muchos lotes debieron ser secados químicamente para poder avanzar: “Es imposible cosecharlos de otra manera”.
El contraste con otras regiones del país es marcado. Mientras en zonas núcleo se registran rindes récord, en el norte bonaerense la realidad es muy distinta. “Escuchan de soja de 6.000 kilos o maíces de 120 quintales, y lamentablemente nosotros nos volvemos a quedar con las manos vacías”, afirmó. Incluso detalló que en la zona cercana al Paraná “hay lotes de 7, 10 o 12 quintales, que es lo que más se está escuchando”, lo que calificó como “muy, muy pobre”.
Vatti también hizo hincapié en la desigualdad territorial dentro de la misma región: “Hacés una línea paralela al Paraná, unos 20 o 25 kilómetros, y quedás en una zona muy grande donde la cosecha es muy pobre”. Y agregó: “Parecemos una película repetida, el productor de la zona nuestra está siendo castigado año tras año con el clima”.
Sobre el impacto a nivel nacional, relativizó la incidencia local: “A nivel país no pesa. Va a haber más de 50 millones de toneladas seguramente”. Sin embargo, aclaró que la percepción social puede distorsionarse: “El que prende la televisión ve una realidad muy distinta a la que tenemos acá”.
En cuanto al maíz, el panorama es algo más equilibrado, aunque con diferencias según la fecha de siembra. “El maíz de primera no fue malo, anduvimos en promedio en 7.000 kilos, pero el tardío muestra realidades muy contrastantes”, explicó. Y agregó: “Es un patrón que se viene repitiendo, los atrasos de siembra están dando mejores resultados, aunque no es una recomendación agronómica”.
El ingeniero también se detuvo en cuestiones técnicas que influyeron en los resultados, como la densidad de siembra. “Hoy la genética va en camino a buscar plantas de mayor ramificación. Estamos sobredimensionando poblaciones que no dan resultados positivos cuando llueve y penalizan muchísimo cuando falta el agua”, explicó. En esa línea, remarcó la importancia de ajustar prácticas agronómicas a las nuevas condiciones climáticas: “Cuando uno más abierto está, en años secos, muchas veces es mejor porque no se genera esa ‘bomba’ de consumo de agua”.
Otro de los factores clave que mencionó fue la variabilidad de las lluvias, incluso dentro de distancias cortas. “Estamos hablando de diferencias de 20 o 30 milímetros que hacen que un productor saque 4.000 kilos y otro 700. No tenemos la canilla para regularla como queremos”, graficó. Esa falta de previsibilidad, según indicó, condiciona fuertemente la planificación y los resultados.
Uno de los puntos más críticos del análisis fue la situación económica del productor. “Yo siempre digo lo mismo, muchachos, hay que ser realistas». Y recordó una enseñanza que marcó su forma de analizar el negocio: “Cuando hice la maestría en la Universidad Austral, un profesor dijo una frase que parecía tan tonta y después me quedó: ‘la esperanza no es una estrategia’. Y es real. ¿Cuál es la estrategia que tenemos nosotros en el campo? La esperanza”.
A partir de allí, profundizó su mirada sobre la crisis estructural que atraviesa la región: “El productor que alquila, que es el 80% en la zona nuestra, está en situación de quebranto. El negocio del campo no funciona de hace muchos años. Eso es real”. Y comparó con otros tiempos: “Antes sacaban una cosecha buena y decían ‘mirá esta que guardada’, para cuando venga el año malo. Hoy eso no existe más”.
Sobre los números concretos, fue directo: “Un productor que alquila necesita 32 o 33 quintales para cubrir costos. ¿Y cuál es el promedio de la zona en los últimos 10 años? No llegan ni cerca a eso”. En esa línea, planteó el problema de fondo: “Cuando yo digo que el productor tiene 33 quintales de costo, es solo para pagar lo que sembró. Ahora, ¿de qué vive durante todo el año? ¿Con qué paga impuestos, cargas sociales? Es inviable”.
También explicó por qué durante años esa situación se fue “tapando”: “Esto se fue acomodando por la inflación, por la devaluación, por herramientas como el dólar tarjeta que tenía el productor, que permitían financiarse. No es que el campo era más rentable, es que esto viene complicado desde hace mucho tiempo”.
Al analizar el esquema de alquileres, evitó confrontar pero fue claro: “No me pongo en contra del dueño de campo, porque lo compró con su esfuerzo. Pero el productor no puede estar pagando 12, 13 o 14 quintales con estos rindes”. Y sintetizó la realidad cotidiana: “Pasa todo el año y dice ‘no me quedó nada’. Para pasar un año tiene que sacar más de 50 o 55 quintales, porque 33 es costo. ¿Cómo vive? Endeudado en la agronomía o en la cooperativa”.
En cuanto al funcionamiento del mercado de tierras, fue tajante: “La ley de alquileres no va a cambiar nada. La oferta es finita y la demanda es infinita”. Y sumó un dato que refleja la presión creciente: “Los pools de siembra han entrado y van a entrar con más fuerza. El campo va a ir cambiando de manos”.
Incluso fue más allá en su análisis: “El productor de Ramallo no es pavo, es eficiente, pero tiene que vivir con rendimientos muy bajos”. Y explicó por qué la escala no siempre implica mayor eficiencia: “Hoy sembrar una hectárea acá o 5.000 en la mejor zona vale lo mismo. La semilla, la siembra, los insumos tienen el mismo costo. No me vengan a decir que los grandes son más eficientes, porque eso es mentira”.
Finalmente, dejó una reflexión sobre el manejo y el conocimiento del campo: “Un productor que recorre 50 hectáreas todas las semanas es muchas veces más eficiente que un pool que maneja 100.000 y no puede estar en cada lote. No está ahí la diferencia. No está ahí”.
