El Juego de la Vida

La mejor red de contención: Nosotros mismos

Comenzaré diciendo que aquel que me conoce sabe, que si hay algo en mi cabeza está dando vueltas, trato de desmenuzarlo para aclararlo lo más posible.

Hace tiempo que vengo con un malestar… Llamémosle inquietud; en mi amado Ramallo ocurrieron hechos como el suicidio, o intentos de suicidio, hechos donde familiares y allegados quedan “devastados” por tal decisión; así que investigue, para no hablar solo desde las palabras sueltas, y con una teoría formada de antemano, transité este camino con el soporte de especialistas, en principio me apoyé en los conceptos de profesionales locales, pero queriendo ir más allá, la psicóloga Diana Altavilla; miembro de Asociación Argentina de Salud Mental, fundadora y Pte. Sección Suicidio y Autolesiones (World Federation for Mental Health) y de otras federaciones preventivas, se tomó el tiempo por zoom, para guiarme.
Lo primero que descubrí fue que todos llevamos heridas, ¡¡todos!! Algunos las hemos curado, las hemos cicatrizado, pero hay quienes la taparon solo un poquito por arriba, cuando se hace eso, pasa lo obvio; se terminan abriendo, y son esas heridas, a veces muchas, otras veces menos cantidad, pero más profundas, que nos pueden llevar a un trastorno si no son tratadas adecuadamente.
¿Qué dice un trastorno? Pone en la mesa que hay algo que pasa, pero que no es el problema, eso no es la enfermedad, es solo la parte visible.
Un trastorno puede ser alcoholismo, anorexia o bulimia, los ataques de pánico, consumos problemáticos de todo tipo, adicciones con sustancias y sin sustancias, todos esos son trastornos, y la situación que aflora es el desvalimiento.
Cuando se aumenta la situación de desvalimiento, y no se soluciona un problema que causa un dolor psíquico importante, no se recurre o no se tiene ayuda, ni del entorno, ni de profesionales preparados, ocurre lo que se conoce como: “procesamiento síquico de impacto del desvalido”.

Como esta nota no se trata del cómo, sino que podemos hacer, quiero contarles, que un trastorno o dolo psíquico, que afecta a una persona y por ende a una comunidad, se puede tratar y revertir.
En Islandia a finales de los 90, era uno de los estados Europeos con mayor incidencia del consumo de alcohol y tabaco entre los jóvenes. Lo revirtieron, es extenso, pero lo voy a explicar lo más claro y breve posible.
¿Cómo lograron transformar los hábitos de sus adolescentes en este territorio de poco más de 300.000 habitantes? Se creó un grupo; Youth in Iceland(Juventud en Islandia), puesto en marcha en 1998, con el objetivo de reducir el consumo de sustancias adictivas entre la juventud. Este grupo de personas interesadas en revertir tal situación, elaboran informes específicos para cada distrito y para cada escuela, así pudieron identificar los factores de riesgo y de protección frente al consumo de alcohol y drogas. Fue un proceso sin dudas largo, donde detectaron que las actividades extraescolares y el aumento del tiempo pasado con los padres, disminuían el riesgo de consumo.
Islandia incrementó los fondos destinados a las actividades para adolescentes, se prohibió que los niños menores de 12 años y los adolescentes de 13 a 16 años, anden solos por la calle después de las ocho y las diez de la noche respectivamente. Los mismos padres se ponían a las entradas de los bares por si algún menor quería ingresar, y con el permiso de los otros papás, los llevaban hasta sus hogares. Sin dudas todo acontecimiento, negativo o positivo en una persona es gracias a la cadena social a la cual está sujeto.
Sin dudas del suicidio hay que hablar sin mencionar, hay que tratar sin mostrar, porque a las personas desvalidas psíquicamente, les puede impactar negativamente.
Otro de los ejemplos de cuanto bien podemos llagar a hacer, es el de; “la radio de la gente”. En Chacabuco existía una de las más importantes radio comunitaria, ni mejor, ni peor, pero diferente, donde desde un auto en movimiento se charlaba con la vecina que estaba barriendo la vereda, se le recomendaba a doña Carmen comprar hoy los tomates porque estaba anunciado una suba para el día siguiente, se le pronosticaba el tiempo para el siguiente día, a aquel que estaba lavando el auto… Las personas eran escuchadas, existía la pluralidad de pensamientos, el derecho a la libre expresión. Programa que causaba una sonrisa a la hora de ir a la cama, en especial de aquellas personas que vivían solas, quedando a la espera del día siguiente para conversar o ver pasar al locutor de la radio.

Durkheim explica a estos actos individuales como una prolongación del estado de la sociedad, que es el fruto del medio social en el que vivimos, sin embargo si solo nos detenemos en una teoría de hace más de 120 años, sin dudas quedaríamos escueto a la hora de analizarlo, aunque si es cierto que la sociedad en menor o mayor grado es responsables por la salud mental de sus miembros, como dije antes sin dudas estamos sujetos a la cadena social, la cual nos puede guiar hacia un lado o hacia el otro.
Leyendo material referido al tema, no solo desde el punto de vista de la doctora Altavilla, llegué a la idea de que la mejor solución es formar una red de contención, similar a la de Islandia, donde no se mencionaba el alcohol, pero si se incrementaban actividades “sanas” para el chico. La doctora me explicaba que un adolescente, después de ver un documental sobre cómo un desvalido es ayudado, hace que pare y piense, que existe una solución posible, sentirá que si al otro lo ayudaron, a él también lo pueden ayudar.
Una maestra, no hace mucho, antes de comenzar la clase le hizo dos preguntas a sus alumnos; ¿Cómo se sienten hoy? ¿Hay algo que les está pasando?, fueron las preguntas correctas como para que los chicos comenzaran a “abrirse”, la mayoría decidió levantar la mano y decir parte de sus sentimientos, uno de los alumnos dijo sentirse triste y con miedo por cómo estaba afectando el virus a un familiar directo, cosa que sin dudas no expresó en el hogar, no por falta de amor, por falta de diálogo, pero sí, a lo mejor, por miedo a herir o hacer sentir mal a su ser querido. Queriendo o sin querer, esa maestra desplegó algunos hilos de la famosa red, el chico al tiempo lo contó en su casa, expresando ya la inexistencia de esos sentimientos.
No hablemos que pasó, cómo pasó, cuál fue el motivo… Hablemos de cómo podemos estar para aquel, y no solo en presencia… Cómo podemos influir positivamente ante aquella persona con dolor psíquico, pongamos nuestro granito de arena para que las cicatrices cierren adecuadamente.
Si un programa de radio, que habla con las personas hace bien, si un grupo de padres puede revertir las adicciones en los más jóvenes, si un documental saca lo mejor de un adolescente, si una maestra hace bien al escuchar a sus alumnos, ¡imagínense si le sumamos profesiones! Ayuda especializada de aquellos que a pesar de poseen un título, están realmente capacitados, con la colaboración desde presidencia, gobernación y municipio.
Es un tema sin dudas muchísimo más extenso para hablar, soy consciente de que cuando me expreso sobre un tema, detrás hay miles de explicaciones, argumentos, material para desplegar, pero trato de que sea lo más “leíble” posible, con palabras sencillas, de vecina a vecinos, de mamá a papás, de Ramallense a Ramallenses, y por supuesto; siempre con respeto.
Por María Gancio.

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