Ex empleados de Laboratorios Ramallo SA y HLB Pharma, las firmas del empresario detenido Ariel García Furfaro, revelaron en diálogo con Infobae las condiciones precarias en las que se fabricó el lote de fentanilo contaminado que derivó en más de cien muertes de pacientes. Pidieron mantener su identidad en reserva por temor a represalias.
Las declaraciones coinciden en describir un panorama de abandono y falta de controles. “Cuando nos enteramos que el fentanilo estaba contaminado y que había matado a pacientes, no nos sorprendió. Las condiciones de fabricación eran pésimas. Había ratas, la gente se descomponía por el calor. Los empleados se sacaban los ambos de trabajo para resistir la temperatura y quedaban con la piel al descubierto. Había hombres en calzoncillos, lo que acrecentaba el riesgo de contaminación. Situaciones así eran moneda corriente”, relató uno de ellos.
Otro ex trabajador recordó que en noviembre de 2024, antes de la producción del lote cuestionado, se realizó una inspección no programada de la ANMAT. “Las condiciones en las que se fabricó ese y otros lotes eran pésimas, y los inspectores del gobierno lo sabían. Ese día encontraron cajas de suero y ampollas contaminadas con orín y excremento de ratas, y no pudieron seguir adelante con la inspección”, señaló.
Una empleada sumó detalles sobre el estado del establecimiento: “Cuando llegaron las inspectoras, todos sabíamos que la empresa estaba lejos de cumplir las normas de Buenas Prácticas de Manufactura. Había huecos en los pisos, paredes descascaradas y equipos de aire acondicionado fuera de servicio. Se intentaba ganar tiempo para frenar la inspección, pero finalmente se hicieron requisitorias y la situación quedó al descubierto”.
Las voces coinciden en que la producción estaba forzada más allá de sus posibilidades. “La capacidad productiva de la planta estaba estresada. Se obligaba a fabricar más lotes de lo que la infraestructura permitía, y en lugar de mejorar el servicio se reducía la calidad para producir el doble”, denunciaron.
Por último, una especialista que trabajó en la planta advirtió sobre deficiencias técnicas graves: “El agua para inyectables no era tratada correctamente, los filtros de aire no se cambiaban y la temperatura era intolerable. Eso no solo afectaba a los operarios, también facilitaba que las bacterias en suspensión se reprodujeran”.
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