El Juego de la Vida

Gino se confiesa: “Me enamoro de las personas, no de su género”.

Puede sonar a una simple declaración, pero como esto no es una simple entrevista, o nota amarillista, trataremos de llegar mucho más allá.

Las generaciones sin duda han sido parte de estudio de los antropólogos, de diferentes investigadores y de los sociólogos para identificar sus características, tanto individuales como colectivas, y es que el mundo se mueve según la generación predominante de la actualidad. Sus pensamientos, sus consumos y la forma de relacionarse, puede impactar como olas impetuosas sobre las otras generaciones que aún no se acostumbran a los cambios… Un tema que sin dudas es más profundo de lo que aquí se pueda llegar a mencionar.

Pero lo que sí está claro, es que la generación Z, esa generación que nació con la tecnología, de manera irreverente, nos cachetea para regalarnos luego ese aprendizaje, que dice todos somos personas iguales, pero con el derecho de ser diferentes, tan diferentes entre sí, que al final se constituye en una igualdad… Libres, libres de elegir sobre aquello que nos hace felices sin interferir o decidir por el otro… Si lo tuviera que llevar a ese idioma que mejor manejo, el simple y al grano, diría que primero todos somos personas, y segundo, que debajo de las sabanas cada uno hace lo que quiere… Puede sonar grotesco, hasta vulgar, pero estoy segura de que más de una o uno que está leyendo esta nota, tiene hijos/hijas o nietos/nietas a los cuales les desean felicidad sin importar cual fuere su elección… Empatía pueden llegar a decir por ahí.

Gino Minnucci nos cuenta que tuvo una infancia feliz, siempre muy correcto, inocente, donde las travesuras no llegaban a ser tal, ya que lo que decía mamá y papá era sagrado, era ese alumno correcto e inteligente que participaba en todas las obras que podía, mientras se disfrazaba y fantaseaba con las tiras juveniles de esa época… Sin dudas Pérez Millán, el mejor lugar para que un niño sueñe… ¡Si sé que suena a eslogan!, tal vez lo puedan utilizar más adelante.

Como buen libriano, es muy sociable, le encanta estar rodeado de amigos, se aferra a ellos y le cuesta entender que algunas de esas relaciones se puedan llegar a terminar. Cree en el horóscopo zodiacal, en la energía, como así también en Dios. “El amor es indescriptible, con simples palabras no se lo puede describir, lo podemos vivir, disfrutar y sufrir, pero solo eso”.

Este perezmillanense fue a la gran ciudad, como diríamos los del interior, en busca de ese título de ingeniería electrónica… Y entonces el huracán; preguntas, dudas, terapia, materias desaprobadas. La controversia de un título, de una seguridad para su futuro o el mundo del espectáculo, el de las redes sociales y sus contenidos, de las fiestas preestrenos entre famosos e influencers.

Los 360 grados en una persona no son malos, lo malo no es animarse a ese cambio, más allá de esas dudas y miedos, todos no solemos arrepentir de algo en nuestras vidas, aunque inconscientemente sabemos que, tanto lo bueno como lo no tan bueno, fueron las materias para aprobar esta vida, y Gino con sus apenas 23 años lo está descubriendo.

Hasta ahora hablamos de un chico como cualquier otro, amante de la música en general, de la pastelería, de los animales, y sobre todo de su familia, un chico que regresa, siempre regresa a su querido pueblo, triunfante por pasar por un programa de televisión como fue Bake Off, o ahora, donde la espuma de la fama sin dudas bajó… Siempre pensando en cómo puede llegar a ayudar… Esto es lo que lo hace realmente diferente y casi único, no su elección sexual… Una fiesta que apunta a ser popular como la del peludo y miles de proyectos más por delante, hace a Gino un amante de su tierra.

Por: María Gancio.

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