Cuatro en el fondo

Cayo de pie

Los Andes perdió 2 a 1 ante Somisa y se quedó afuera de la final de la Liga Nicoleña de fútbol. El equipo de Vaioli mostró una gran madurez para enfrentar al mejor equipo de la fase regular en su cancha y hasta logró ponerlo en una situación incómoda cuando llegó al empate en el complemento. Una jugada desafortunada lo dejó afuera.

  El fútbol tiene dos instancias: desarrollo y resultado. Lo justo sería que aquel que en el desarrollo es superior, se quede también con el resultado. Pero eso no siempre ocurre, no siempre hay conexión entre el que mejor se muestra en la cancha y el que se va con la alegría de la victoria. Los Andes cumplió mejor con el plan de juego, pero a Somisa le alcanzó con la jerarquía individual y algún error involuntario de su rival, para conseguir el pase a la final. Suena injusto, pero así es el fútbol. Cuando esto ocurre, hay una doble sensación que se apodera del cuerpo de los derrotados que tampoco tiene conexión: la tranquilidad interior y la amargura. Esta doble sensación que seguramente tenían los jugadores tucuras después del partido, están tan desconectadas, como a veces ocurre con el desarrollo y el resultado.
  Los jugadores de Los Andes estarán tristes con el resultado, aunque interiormente saben que no se guardaron nada. En el partido estuvieron a la altura de la circunstancias, cuando tal vez, en la previa del juego, se podía dudar sobre si le daba el target para semejante convite. Somisa, el mejor de todos en la fase regular, llegaba invicto a este cruce en su cancha y además contaba con la ventaja deportiva (el empate lo clasificaba). Walter Natali, entrenador del conjunto nicoleño, reconoce que nunca tuvo un equipo tan preparado para ganar el campeonato. Como si todo eso fuera poco, la noche previa los jugadores se concentraron en el Hotel Colonial, dato que para alguno será irrelevante, pero que puesto en ese contexto de favoritismo que describimos anteriormente, vendría a ser como el último “golpe de horno” para salir a la cancha. Contra todo eso jugó Los Andes y se ahogó en la orilla.
  El plan de juego de Vaioli pareció el indicado. Si bien necesitaba ganar, no era cuestión de volverse loco. Por delante había un rival calificado y más de 90 minutos para conseguirlo. Por eso, en el primer tiempo,  Los Andes privilegió el orden y la paciencia. Esa doble condición fue una gran virtud. El equipo se agrupó en su campo para cerrarle los espacios a su rival y cuando tuvo la pelota en su poder, varió, según las circunstancias, entre una salida rápida buscando a Mendiburu, o la posibilidad de juntar pases con Guerrini, Burgués, Caletrio y compañía, antes de intentar el ataque. Somisa apostó a un juego directo, confiando casi ciegamente en la capacidad individual de sus delanteros. El primer tiempo tuvo un trámite parejo, ninguno de los dos pudo empujar a su rival cerca de su arquero y someterlo durante varios minutos. Somisa la perdía pronto y Los andes, que buscaba un juego más asociado, se quedaba sin potencia ofensiva. Precisamente, este último punto, fue la diferencia que mostró el primer tiempo a favor del nicoleño. Somisa, tuvo cuatro situaciones claras para abrir el marcador, que de no ser por las magníficas intervenciones del arquero Malet, le hubieran permitido llegar al entretiempo con una ventaja clara en el marcador. En una de esas, cuando nos acercábamos al final, Frontini y Girsa se conectaron y el goleador definió con el arco vacío después de esquivar al arquero de Los Andes: 1-0.
 
  Con Somisa, el resultado en contra, los nervios y un tiempo menos por delante, no pintaba sencillo el desafío que tenían por delante los muchachos de Los Andes en el arranque del segundo tiempo. Pero el equipo, en otra clara demostración de madurez, se adaptó a las nuevas circunstancias de juego, abandonó esa paciencia que lo había caracterizado en la etapa inicial, capitalizó la bronca del resultado adverso y se convirtió en un equipo enojado, decidido a vender cara la derrota y a correr durante todo el tiempo que fuera necesario hasta poder dar vuelta la historia. Después de un arranque donde Somisa parecía iba a poder jugar más confiado por la victoria parcial, esta nueva versión de Los Andes, más agresiva y peleadora, se apoderó del partido y de tanto porfiarla, llegó al empate a través de Juan Mendiburu. Si algo le faltaba al conjunto de Vaioli, era convertir un gol para terminar de convencerse que no era improbable revertir el resultado. En ese pasaje del juego, todo era de Los Andes. El equipo estaba revitalizado. La confianza progresivamente fue cambiando de camiseta. Ahora eran los tucuras los que ganaban los duelos individuales, los anticipos y las divididas. Guerrini le ponía claridad al manejo de la pelota, Romero desequilibraba, Burgués empujaba y aunque no era tan claro en los metros finales, la posibilidad de convertir el segundo estaba latente. Natali puso un volante de corte (Lescano) y sacó a uno de juego (Frontini), Girsa simuló un golpe, el equipo hacía tiempo, estaba desorientado. Así estaba el partido cuando llegó una jugada desafortunada que derrumbó todas las ilusiones. El arquero Malet quiso salir con un pase largo, pero tuvo tanta mala suerte, que la pelota dio en Girsa, que estaba de espaldas, y se metió. 2-1. Un regalo anticipado de las fiestas de fin de año para el conjunto somisero. Después de ese golpe, Los Andes no tuvo reacción y Somisa se quedó con el pase a la final.
 
 
Formaciones:

Somisa: Ponte; Carranza, Slavin, Malin, Ojeda; Sawicz (M.Tomassini), Aguero, J.Tomassini (Lescano); Frontini; Maggi, Girsa (Pérez). DT: Walter Natali.

Los Andes: Malet; Torrent (Maggiori), Castro, Peña, Pennesi; Caletrio (Díaz), Burgués, Guerrini, J.Romero (De Rosa); J.Luna, J.Mendiburu. DT: César Vaioli.

Arbitro: Diego Acosta

Deja una respuesta