“Me vine más por una aventura, para expandir mi horizonte, y la verdad que valió la pena”: la historia de un ramallense que eligió Barcelona

Desde el otro lado del océano, pero con el mate listo y los afectos siempre presentes, Mariano Spáletra —ramallense radicado en Barcelona— compartió en Radio Meta una charla cargada de experiencias, contrastes y definiciones muy personales sobre lo que implica emigrar.

“Llegamos en plena pandemia, fue toda una epopeya, pero ya son casi cinco años y estamos súper contentos y cómodos”, contó sobre aquel salto que dio en abril de 2021 junto a su pareja.

La ciudad que lo recibió, dice, tiene algo difícil de explicar pero fácil de sentir: “Barcelona es como un pueblo muy grande y extremadamente cosmopolita. Tenés gente de todos lados y eso hace que haya una recepción muy buena para el que viene de afuera”.

En su relato aparecen imágenes que para este lado del mundo suenan lejanas: “Podés estar a la mañana en la playa y a la tarde caminando por la montaña”. Una síntesis perfecta de una ciudad que combina mar y naturaleza a pocos minutos.

Pero más allá de lo geográfico, hay algo que para Mariano define el espíritu del lugar: el ritmo de vida. “Acá se vive muy a gusto”, resumió, casi como una filosofía. Y amplió: “Hay una cultura más del disfrute. A las 11 de la mañana paran para comer algo, después almuerzan tranquilos… es otra manera de vivir”.

Esa diferencia se vuelve evidente cuando compara con Argentina: “Allá vivimos más acelerados, como si siempre nos estuvieran corriendo de atrás. Acá todo va un poco más lento”.

Sin embargo, no todo es ideal. Lejos de romantizar la experiencia, también marcó dificultades concretas: “Lo más difícil es la burocracia estatal. Todo es muy lento, necesitás turnos para todo y los trámites pueden tardar muchísimo”. Y agregó una frase que rompe mitos: “Eso de que en Europa todo funciona perfecto… no es tan así”.

Otro de los grandes desafíos es el idioma. En Cataluña, el catalán forma parte de la vida cotidiana. “Es el idioma principal, está en los carteles, en el transporte, en la tele. Yo lo entiendo, pero debería hablarlo más”, admitió.

En lo laboral, logró insertarse rápidamente en su rubro: el diseño gráfico. “Trabajo en comunicación corporativa, adaptando campañas para distintos países. Tuve la suerte de armar mi equipo acá y crecer profesionalmente”, explicó.

A la hora de hablar del día a día, el costo de vida aparece como un tema central: “Lo más caro es el alquiler. Es muy difícil vivir solo, la mayoría comparte departamento”. Aun así, destacó una diferencia clave: “Con menos hacés más. No tenés la inflación constante de Argentina y eso te da previsibilidad”.

Pero si hay algo que no cambia, esté donde esté, es lo emocional. “Lo que más se extraña son los afectos. La familia, los amigos… eso es irreemplazable”, dijo con sinceridad.

En ese sentido, valoró los pequeños encuentros que ayudan a acortar distancias: “Acá somos varios de Ramallo. Cuando te cruzás con alguien de tu ciudad estando tan lejos, es algo muy especial”.

Mariano no se fue escapando de algo, sino buscando otra cosa. “Me vine más por una aventura, para expandir mi horizonte, y la verdad que valió la pena”, reflexionó.

Con la mirada puesta en el presente, pero sin perder el vínculo con sus raíces, dejó una frase que resume su experiencia: “En España se vive muy a gusto… pero siempre está la excusa perfecta para volver”.

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