Sean Baker: La Perversión del Sueño Americano
En las propuestas semanales de Julián Díaz, hoy nos encontramos con la figura de un director de cine independiente, que recientemente fue nominado a los premios Oscar por su trabajo en la película Anora. Además de esta exitosa producción, Juli nos comenta otras dos películas que fueron obra del talentoso realizador estadounidense: The Florida Project (2017) y Red Rocket (2021) . Enterate y disfruta el mejor cine escuchando y leyendo la columna de Julian Díaz en radio Meta.
Por Julián Díaz.
Sean Baker es un director de cine de 53 años que nació en un pueblo ubicado en Nueva Jersey, Estados Unidos, llamado Summit. Pueblo que tiene apenas unos 20.000 habitantes. Ahora bien, esto podría tomarse como un dato más. Sin embargo, tiene su relevancia teniendo en cuenta el enfoque que vamos a tomar respecto a su cine. Y es que entre haber nacido en una gran ciudad y en un pequeño pueblo existe un abismo de diferencia, un abismo que marca inclusive el prisma con el que uno mirará el mundo que rodea. Veámoslo desde esta perspectiva: Sean Baker abandonó su lugar natal para irse a estudiar a la Universidad de Nueva York. Uno supone y como quien dice, con la valija llena de sueños. Un sueño que probablemente sin el tan estimado ideal de Sueño Americanono podría haber sucedido. Ya que recordemos y por definición… “el Sueño Americano es la creencia de que cualquier persona, sin importar su origen, puede alcanzar la felicidad y la prosperidad en los Estados Unidos a través del trabajo duro y la dedicación”. Y así lo ha demostrado Sean Baker desde sus inicios. Director independiente que cuenta las historias que quiere contar sin que algún estudio mayor le diga que hacer o le ponga un límite. Inclusive las escribe, produce, dirige y edita. Y algunas veces hasta es el Director de Fotografía. Porque su cine se trata de eso. Para contar lo que quiere contar, para mostrar lo que quiere mostrar, no debe de haber límites. Ya que sus personajes son siempre la otra cara de una misma moneda. Moneda que es ni más ni menos que ese Sueño Americano. Si una cara de la moneda dictamina que este sueño es para todos siempre y cuando se trabaja arduamente en suelo estadounidense, la otra cara es mucho más oscura. La otra cara nos demuestra que no todos tienen las mismas oportunidades. La cara que Sean Baker nos muestra es una que refleja que ahí, en la tierra de los sueños, no todo es lo que parece. Con protagonistas marginales y que viven en el submundo del capitalismo más salvaje es que sus historias nos hablan del verdadero corazón de Estados Unidos.
Prostitutas, actores de cine para adultos o niños que viven a las afueras de Disneyworld y en la pobreza pero que gracias a su imaginación logran crear su propio parque de atracciones. Estos protagonistas marginales son los que se encuentran en el más desolador eslabón de una sociedad que hace la vista gorda a toda costa, o que en realidad… no les importa. Y así es que mediante dosis de comedia y dramatismo es que Sean Baker habla de lo que nos trae aquí: la perversión del Sueño Americano.
En primera instancia hay que tener en cuenta que la perversión del Sueño Americano no es algo nuevo en las narrativas artísticas. Sobre todo, en el cine, donde muchas películas tocaron este tema. Desde películas de género como La Masacre de Texas (1974) hasta El Lobo de Wall Street (2013), no sin antes pasar por la saga de El Padrino. Todas obras que de alguna manera hablan o reflejan esta idea de que el Sueño Americano ya no es como lo conocíamos, o al menos, no es tan alegre como lo pintaron. Las razones pueden ser muchas, según como se mire. ¿Un ideal malinterpretado? ¿Uno que sirve para arrasar con todo alrededor siempre y cuando se triunfe? ¿La ley de la selva? Para llegar a alguna respuesta, analicemos algunas obras de Sean Baker.

Sean Baker, ganador de la Palma de Oro en el Festival de Cannes.
Starlet (2012) nos cuenta la historia de una joven de apenas 21 años qué a pesar de creerse una adulta, tiene varias actitudes de adolescente y claramente está perdida. Vive sola pero extraña a su madre. Se mantiene a sí misma pero duerme con algún que otro peluche. La cuestión aquí es que un día en una venta de garaje (cosa típica de Estados Unidos ante las constantes crisis) compra un termo. Dentro del termo se encontrará con 10.000 dólares. Ante esta situación sentirá culpa ya que quien le vendió dicho termo es una solitaria anciana de 85 años. Y así es que Jane, nuestra protagonista, se acercará a la mujer mayor para hacerle compañía y ayudarla en tareas del día a día. Ahora bien, nosotros sabemos la razón de ser a dicho acercamiento, sin embargo, la relación que forjarán estas almas desamparadas es de lo más tierna y toca preguntarse… ¿es moralmente correcto? La película se encarga de dejar esta cuestión a merced del espectador ya que, si hay algo que tiene el cine de Baker, es que nunca juzgará a sus personajes. Y hay un pequeño detalle: Jane es una estrella de cine para adultos, o al menos, está comenzando a serlo. Y ahí están las dos caras de la misma moneda. Sus intenciones son genuinas, sin embargo, es inevitable pensar que el dinero es el móvil número uno. Un móvil que se rige bajo la ley de la selva. La película se irá desenvolviendo más y más para llegar a un final de lo más tierno y angustiante, ambas cosas en partes iguales.
Siguiendo la línea temporal, la siguiente película de Baker es Tangerine (2015). Largometraje filmado enteramente con un iPhone, nos narrará las andanzas de dos amigas trans en las bajas calles de Los Ángeles. Una recién salida de prisión, se entera que su novio (y proxeneta, para variar) está viéndose con alguien más, por lo que recorrerá todos los espacios posibles con tal de encontrarlo y agarrarlo de los pelos. Todo esto en la víspera de navidad. Además, y en paralelo se narrarán otras historias que se conectarán al final del camino. ¿Qué es lo que sucede con Tangerine? Que no solo sus personajes claramente son marginales y viven en la decadencia absoluta culpa de un sistema que no se hace cargo, sino que lo que logra la película es un poco deshacer este concepto tan americano de que la familia tiene que ser una familia tipo, que, dicho sea de paso, dista muchísimo de ser perfecta pero que claramente es parte del Sueño Americano. En Tangerine vemos como esto no solo es una falacia, sino que lo vemos a través de una especie de reversión de cualquier cuento navideño. Al final, la familia no solo que no es siempre la familia modelo, sino que a veces es lo único que muchos tienen. No tengo un peso, pero nos tenemos a nosotros. Sobre todo en un mundo donde todo está en nuestra contra.
Y así nos movemos al año 2017, dónde estrenaría The Florida Project. Con una visión tierna y cruda a la vez, vamos a seguir las andanzas de un grupo de niños de apenas 6 años que viven a las afueras de Disneyworld, en Miami. Y en el mientras tanto sus padres adultos se enfrentan a la crisis. La particularidad aquí es que lo que logra Sean Baker es reflejar como el Sueño Americano no solo afecta a los mayores, sino que afecta a los que más sueñan e imaginan: los niños. Y es que estos niños viven en un motel que convertirán en su castillo y el mundo marginal que los rodea en su parque de diversión. Y con poco y nada se las rebuscarán para ser felices. Consiguiendo helado gratis, haciendo travesuras, visitando lugares sin mucha supervisión adulta o molestando a los demás. Pero la realidad es que nosotros, con la perspectiva adulta, comprendemos el trasfondo de todo aquello. La madre de uno de los niños deberá recurrir a la prostitución, y es que, ¿la culpa es de ella? El sistema la descartó y de alguna manera debe mantener a su pequeña hija. Además de que ella tampoco es muy adulta. Por otro lado, la manera de manejarse o los lugares a los que van estos niños son peligrosos para ellos, las cosas que ven no deberían ser vistas por niños de su edad y mucho menos la manera en la que se comportan: insultan, no les importa nada. Y esto claramente es culpa del mundo que los rodea, un mundo que no los ayuda. Y sobre el final uno podría interpretar que las autoridades toman una sabia decisión, sin embargo… nada dista más de la realidad ya que el problema es de raíz y siempre va a estar ahí, en una tierra arrasada y que se lleva todo a su paso, o al menos, a los que menos tienen.

Willem Dafoe y Brooklynn Prince en The Florida Project (2017)
En 2021 estrenaría Red Rocket. Película que se centra, una vez más, en un actor de cine para adultos. En este caso uno que fue descartado por la industria y con absolutamente nada más que 20 dólares es que vuelve a su tierra natal, Texas. Y es que en esta película se condensan de gran manera la filmografía y las inquietudes del director. La decadencia, la cultura y la perversión del Sueño Americano están mejor retratados que nunca. Un sueño que deja entrar para así expulsar a aquellos que alguna vez osaron con simplemente… soñar. Y, sobre todo, se refleja como es un mundo que quiere ser escondido y olvidado por la otra cara de la moneda, sin embargo… es un mundo industrializado, una tierra profunda que funciona como el verdadero corazón de Estados Unidos. Ahí es dónde se encuentra la verdadera Norteamérica, con sus personajes marginados y desahuciados, donde una vez más… solo se rigen por la ley de la selva. Lo que supo ser el sueño de un país hoy no es más que la decadencia de aquellos que lo habitan.
Y así llegamos a su última película hasta la fecha, aquella por la que ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes y a su vez fue nominado los Premios de la Academia (Oscars) en las categorías de Mejor Director, Mejor Guion y Mejor Edición. Estoy hablando de Anora (2024). Es hasta poético el trazar todo el camino recorrido por Sean Baker para llegar hasta acá. Y no porque precisamente los premios determinen la calidad de las obras, sino porque nunca perdió lo que poéticamente podría conocerse como “su esencia”. Baker siempre contó lo que quiso contar. Ahora bien, ¿de qué trata Anora? La película nos cuenta la historia de una joven prostituta de Brooklyn, Ani, quien conoce a un joven millonario ruso. ¿Les suena de algo? Sí, están en lo correcto. Es la Cenicienta. Sin embargo, estamos en el mundo de Baker. Y sucede que Ani vivirá la vida de lujos durante un corto periodo de tiempo ya que las noticias vuelan y del otro lado del charco los padres del joven se enteran de dicha boda. A partir de acá, aquel sueño que vive nuestra protagonista no hará más que expulsarla de la manera más cruel posible. Y si dijimos que Red Rocket condensaría todas las inquietudes de su director, Anora es más de lo mismo en el sentido de que vemos una vez más todos los elementos que hacen grande a Sean Baker. Toca comprender que es un camino recorrido qué llega a su punto más álgido: ahora, ese Sueño Americano que dejaba entrar (Red Rocket) para así expulsar y descartar a todos por igual, ni siquiera le da paso a la otredad. Solo brinda un cruel pantallazo de lo que nunca va a ser para así poder comprender el lugar que se ocupa en el mundo. Un mundo donde reina la miseria y los cuentos de hadas ya ni siquiera cumplen su función. Y mientras tanto… quienes componen el verdadero corazón de Estados Unidos siguen siendo los mismos (Anora, Igor, toda la Texas de Red Rocket) solo que ahora existe una pequeña adición. Se trata de una América profunda que ni siquiera se pertenece a sí misma, sino que se expandió al mundo entero. Ya no son sólo ellos, sino que somos también nosotros. Soñar está pervertido y desacralizado. Quizás, y solo quizás, entre tanta desolación el verdadero premio sea una mirada que sepa comprender, alguien que sepa mirar. Y ahí, en ese preciso momento, poder ser de verdad y así darle paso al más genuino de los llantos para luego volver a soñar, una vez más. Dependerá del azar como caiga nuestra moneda y que cara nos toque, ¿cierto?

