“Quiero ser mamá y no puedo”
Detrás de una sonrisa siempre se encuentra un dolor, los seres humanos nacemos sabiendo que es parte de la vida sufrir, para afrontar esos golpes a los que somos sometidos, está en nosotros levantarse y salir adelante, pero hay obstáculos, que están más allá de nuestras posibilidades de solucionarlos en lo inmediato.
Según la biblia, las mujeres fuimos concebidas para fructificar y multiplicar… Para procrear, para dar vida, y analizándolo desde la mirada ateísta; el dar vida es una de las experiencias más aterradoras y gratificante por la que podamos llegar a pasar. Sin embargo están las que no se imaginan como madres, y cuando una decisión sale de lo profundo del ser con tanta seguridad, yo las aplaudo, no por el tipo de decisión, sino por el convencimiento y deseo que ellas poseen.
Por lo contrario, cuando si quieren ser mamá, y no lo logran, ahí entran en un gran dilema tanto imperioso como existencial. Primero aparecen las dudas, las investigaciones superfluas sobre el tema, el tiempo pareciera que les va calando bien hondo los huesos, aparecen las primeras lágrimas y las dudas existenciales… Los sueños son hermosos, pero las pesadillas las superan. Todos conocemos a alguien que están en esa lucha, y la palabra lucha es muy acotada por lo que en realidad pasan.
Son sometidas a análisis de sangre, orina, análisis físicos, ecografías tras vaginales…y solo es el principio. Una consulta, y “no es mucho lo que se pueda llegar a saber” te dicen, así que sus entradas y salidas de ginecología y de diferentes laboratorios se hacen costumbre para ellas, igual que las investigaciones por internet.
Quedan desnudas ante la realidad, ya no hay secretos íntimos que guarda, le analizan la edad, el peso, el pasado, sus lugares de trabajo, hasta sus momentos de juerga… Le analizan si la sangre, los ovarios, las trompas de falopio, la calidad y cantidad de los óvulos, la forma del útero etc. etc… Cada centímetro y minutos de sus vidas.
Las analizan en el laboratorio como un mero experimento más, y es tan aterrador como caótico y cansador, pero están dispuestas a pasar por lo que sea, por la simple y única necesidad de sus vidas; el deseo de ser mamá. Después de tantos análisis, sin pensarlo dos veces se someten a tratamientos de alta, mediana o baja complejidad; inyecciones estimulantes, ovo donación, fecundación in vitro, inseminación o a cuanto procedimiento para la fertilidad la ciencia les permita.
En ese largo camino se refugian en esa persona a la que aman, buscando contención. Lloran, imploran, se vuelven creyentes si aún no lo eran; le rezan a la virgen de la dulce espera, posan sus deseos sobre esa agua vendita que les trajo su mamá de la basílica. La voz cantante la lleva la angustia, se resguardan en la intimidad del hogar, salir al mundo y escuchar a otras mamás o verlas se vuelve tan significante para sus heridas, como alcohol en lastimadura.
Les da miedo el exterior, al que dirán, les da miedo las preguntas, y a lo que más le temen es a sus propias repuestas.
Dos conocidas… Amigas, me dieron las pautas necesarias para escribir este artículo, cuando digo que les dan miedo las preguntas, no se imaginan cuanto, al punto de no querer exponer sus nombres. Pero lo que más aflora en ellas es la esperanza… Creen, porque su único camino es creer.
Abrazo a todas esas mujeres que están pasando por esa batalla… Les doy todas mis energías conociéndolas o no, porque lo mejor que les puede ocurrir es ser mamá… ¡No se detengan!, ¡Tarde o temprano la satisfacción las invadirá!
Por María Gancio

