"Otra forma de ver la desigualdad" Por María Gancio
Un cuento…
“Había una vez”… Con esta frase, ustedes ya se imaginan que estoy por comenzar a contar un hermoso cuento.
“Una bella niña, llamada Ameli, con enormes pestañas y facciones redondeadas, casi perfecta para la “mirada neutra y desintoxicada de la moda y del consumismo físico”… En el cual estamos sumergidos. Aunque esta hermosa adolescente con mucha frecuencia, con solo parpadear, sus lágrimas brotaban aún más que cascada en plena creciente. Estaba acostumbrada a recostarse aun costado del dolor, pero cada vez se sentía diferente… Era más intenso”…
¡¡Si!! parece que no es una historia maravillosa, por que hay alguien que llora, pero aun así todavía es una historia.
“Esta adolescente solía hacer todo lo que los de más chicos de su edad hacen; ir a la escuela, ir al club a hacer un deporte, pasar horas frente a una pantalla. Abrazar fuerte, tan fuerte a su mamá como niño que busca consuelo, también solía pelear con su hermanito menor, enojarse por tonterías y alegrase con otras tantas”.
“Su vida transcurría normal para el ojo ajeno, sin embargo como muchos cuentos suelen decir, no siempre todo es tan maravilloso”.
Hasta acá, tenemos a una protagonista… Que es la que por alguna razón llora, debemos buscar al malvado de esta historia para que podamos empezar a comprender.
“Era media mañana, un día normal en la secundaria; alumnos sentados escuchando, profesores explicando y portera limpiando los patios como todos los días. Ameli levanto la mano, pidió permiso para ir al baño, es ahí que una pequeña “efusiva e intoxicada por la moda y el consumismo” se burló de ella diciéndole que no tocara los azulejos blancos, porque con el color de su piel los iba a manchar, sin dudas las palabras en ciertas ocasiones producen más daño que un golpe directo a la cara”.
Lágrimas silenciosas… Manga de la camisa preparada, sonrisa fingida y a seguir enfrentando al mundo, como aquella noche, en la salida del boliche, donde la frece; “negra volvete a África” recabó en sus sensibles oídos, mientras compartía una divertida charla con sus dos únicas amigas…. Como si ser de otro continente fuera un insulto.
Los acontecimientos horrorosos para sus oídos eran más frecuentes de lo que cualquiera pudiéramos imaginar, inclusos las maridas de desprecios herían tanto o más… Etapa donde es más que importante ser aceptado, encajar, que hacer caso omiso a lo que dirán.
Pero sin dudas su mundo se derrumbó cuando el chico que le gustaban le contesto que no se acercara por que no le gustaba los marrones… Se detuvo su mundo… pensó que esta vida no era para ella, decidió guardarse ese dolor que le socavo hasta su última esperanza de adolescente, de algún día poder enamorarse…o más bien, de que alguien se enamore de ella.
La madre entre llanto desgarrador, en medio de una salada con unos pocos desconocidos y en un ambiente oscuro no pudo llegar a comprender la decisión de su pequeña…
En resumen hay una bella niña de color que trata de ir por la vida con la cabeza en alto, aun que aveces cree, que se sentiría mejor con una caja sobre ella, y hay un malvado o malvada… una moda, una costumbre, un desprecio por lo diferente que a cada paso le destruye su autoestima, y sobre todo su corazón.
Su mamá en innumerables ocasiones la ha tratado de defender, y solo en su mayoría ha escuchado la frase; “es cosa de chicos”, como si menospreciar fuera algo normal… Creo estar acertada cuando digo que no es un cuento de hadas, sino de terror…
Había una vez una niña con pocos sueños y pocas ilaciones; ser aceptada. Pero pasó sus apenas dieciséis años de vida creyendo que la sociedad cambiaría, que un día dejaría de gritarle al oído que ser diferente estaba mal, que al contrario es enriquecedor serlo… Creyó hasta su último suspiro, que la malvada sociedad la escucharía, y que su acto, la haría cambiar de opinión.
Ameli lo que no llego a comprender con su corta edad es que ella era maravillosa así como era, que era única como lo somos todos, que no debía importarle las críticas de aquellos equivocados pensamientos, lo que no llego a saber es que a través de loas años cambiamos, siempre cambiamos, el dilema es el tiempo… que no es fácil, pero que si todos aportamos nuestro granito para que eso suceda, sin dudas lo lograríamos.
Hay que recordar que todos somos hijos… Madres… Padres, que todo comienza en casa… Que sin dudas podemos llegar a contar un hermoso cuento como si fuera de hadas pero real.

