Por Julián Díaz.
Este domingo 2 de Marzo se llevaran a cabo, como todos los años, la entrega de los Premios de la Academia a la “excelencia” cinematográfica. A diferencia de años anteriores en los que parecía que el séptimo arte se encontraba en una crisis de calidad (falso), este año hay películas nominadas que cuanto menos son de gran interés a la hora de debatirlas. Varias de las nominadas lo dejan a uno pensando un par de días o con ganas de hablarlas. Sin embargo todavía no están los ganadores y uno puede hacerse una idea. La cuestión es que hay películas que no serán premiadas, lógicamente. Y acá entra en cuestión una pregunta muy importante: ¿qué tan importante es ganar? ¿realmente dictamina la calidad cinematográfica la obtención de un premio? ¿es posible premiar al arte como si fuese una competencia? Ya que lo que nos trae aquí es la contraparte de la premiación, es decir, grandes obras que no ganaron y sin embargo trascendieron a pesar de.
El taxista más legendario.
Corría el año 1976 y se estrenaría una de las películas más importantes de la historia del cine, estoy hablando de Taxi Driver, de Martin Scorsese. Sin embargo, el premio a mejor película se iría a manos de otra gran obra: Rocky, de John G. Avildsen. Que no se malinterprete. Considero que el premio entregado a la cinta escrita por Sylvester Stallone es más que justo. Rocky es una justísima ganadora, ¿quién podría discutirlo? Pero, por otro lado, Taxi Driver también marcaria un antes y un después. Sin siquiera haber ganado sería el camino a seguir por una infinita cantidad de cineastas que tomarían de referencia la cinta de Martin Scorsese, quien a día de hoy es indiscutiblemente uno de los artistas más prolíferos que siguen aún activos.
Tiempos violentos en la recorrida por Norteamérica.
En la 67ª edición de los Oscars estaba nominada la segunda película de un jovial y novedoso director, mejor conocido como Quentin Tarantino. Estamos hablando de Tiempos Violentos. Una película frenética que se impregnó de manera inmediata en la cultura popular de la mano de John Travolta, Bruce Willis y Uma Thurman. Una película que quedó en la retina de todos y le abrió las puertas de manera definitiva al joven Tarantino. Pero lamentablemente el cineasta norteamericano sigue aún sin poder llevarse el premio a mejor director, aunque si lo ha hecho como mejor guionista en dos ocasiones (una fue con Tiempos Violentos). Esto se debe a que aquel año el ganador sería otro. El legendario Robert Zemeckis (Volver al Futuro) se haría con la estatuilla gracias a su magnífica Forrest Gump. Para nuestra suerte Tarantino siguió refutándose película a película como uno de los directores más prolíferos de nuestro siglo, lo mismo para Zemeckis, quien a esa altura ya era uno de los directores más importantes de la historia.
De dinosaurios y algo más
En 1993 se estrenaría una de las películas más grandes jamás hechas. Claramente estoy hablando de Parque Jurásico, de Steven Spielberg. Una película gigante que quedó para siempre tanto en adultos como en niños. Una película de aventura que maravilla a todos por igual. Una película que habla de los peligros del humano jugando a ser Dios como de un simple hombre luchando con la idea de ser padre. Quizá muchos por una cuestión generacional no lo sepan, pero la sensación de ver por primera vez un dinosaurio fue inmensa. Aquella escena de la mano de la icónica música del legendario John Williams quedó impregnada para siempre en el inconsciente colectivo de todos. Y aquella línea… “Bienvenidos… a Jurassic Park”. Todo en esa película es perfecto. Sin embargo, no ganaría ningún premio (solo a mejores efectos especiales, lógicamente). ¿La razón? Bueno, resulta que ese mismo año se estrenó otra película igual de gigante. Estamos hablando de La Lista de Schindler. ¿El director? Sí. El mismo Spielberg. Solo su propia magnificencia y grandeza podría arrebatarse a sí mismo el premio. Poco hay para decir que no se haya dicho de La Lista de Schindler, el visionado habla por sí mismo.
Queda claro que el arte es difícil de premiar ya que no debería de tratarse de una competencia. De hecho, es menester comprender que para que una película trascienda debe de ir mucho más allá de los galardones que reciba. La calidad no es determinada por los Oscar. Una obra debe de trascender por sí misma, se necesita algo más. De hecho, hay infinitos ejemplos de películas que ganaron y quedaron en el olvido absoluto mientras que otras que ni siquiera fueron nominadas siguen incluso a día de hoy dando vueltas entre todos nosotros. Y al final debería de ser lo único relevante: como una obra nos marca a fuego. El reconocimiento más importante es el que da la gente y no unos premios. Es mucho más importante que sigamos hablando de las películas que el mero hecho de haber ganado algo. El arte no es una competencia. Por otro lado, hay que dar una a favor: los premios sirven para difundir las películas, y eso siempre es importante. Mientras más gente las vea, sea por la razón que sea, es lo que importa. Al final del día la palabra más importante debe ser la de uno mismo. Uno debe de ver las películas porque le gustan, y no porque alguien dijo que es buena. Mientras uno esté vivo… uno debe de disfrutar lo más que pueda.
