En medio de la preocupación generada por los recientes retos virales que circularon en escuelas argentinas, Santiago Stura, integrante de Faro Digital, analizó el fenómeno y planteó la necesidad de una mayor implicancia del mundo adulto para comprender y acompañar a las nuevas generaciones en el entorno digital.
“Venimos como sociedad todos muy conmocionados con lo que ocurrió en estas semanas. Esto nos lleva a reflexionar acerca de cuáles son los malestares y problemáticas que hoy atraviesan a la sociedad, en relación a discursos de odio y a la naturalización de algunas violencias”, expresó.
Stura explicó que los llamados retos virales pueden adoptar distintas formas: “Durante la pandemia se veían retos virales que podrían ser puestos, entre comillas, como retos positivos: imitar un baile, imitar una canción, una coreografía. Esos son retos virales que están enmarcados dentro del entretenimiento, que llevan adelante muchos adultos, muchos jóvenes, muchas infancias, y que en general no implican riesgos. Ahora bien, dentro de esa misma lógica de viralización existen otros retos que, en algunos casos, se vinculan a hechos violentos o a narrativas muy agresivas. Siguen siendo retos virales, porque funcionan con la misma dinámica de circulación en redes, pero ya estamos hablando de situaciones mucho más graves, que pueden generar angustia, miedo o incluso consecuencias concretas en la vida real, muy distintas a esas prácticas más ligadas al entretenimiento”.
En ese marco, puso el foco en lo que estos episodios reflejan como síntoma social y desarrolló un análisis más profundo:
“A nosotros lo que nos parece importante identificar en ese caso es, no sé si pudieron ver la serie Adolescencia, pero me parece un muy buen ejemplo para pensarlo. La serie Adolescencia retrata un femicidio, un adolescente que mata a una compañera del colegio, y cuando a lo largo de los cuatro capítulos se trata de reconstruir qué pasó en un proceso de investigación, lo que se ve es un mundo adulto en distintas instituciones, en el sistema penal británico, en la escuela, en los esquemas de salud mental y la propia familia, que no puede ponerle palabra, que no puede poner comprensión, que no puede entender ni explicar qué es lo que sucedió. Hay como una crisis de autoridad cognitiva de esas instituciones, de ese mundo adulto respecto a lo que sucedió, y en ese camino se logra reconstruir que en el inicio de ese chico atravesó una profunda crisis por ser rechazado por la chica que le gustaba”.
“Entonces nosotros ahí lo que nos preguntamos es: la novedad en 2026 no es que un adolescente sea rechazado o que atraviese un proceso de angustia o de frustración, o que esté tramitando su identidad o su sentido de pertenencia, su sentido de exclusión, sus horizontes, porque todos esos desafíos son propios de la adolescencia en distintas épocas. En todo caso, la novedad es que las adolescencias están tramitando esos malestares en un entorno nuevo que es el entorno digital, y en ese entorno muchas veces el mundo adulto está fuera de radar, está ausente, no comprende, no puede atar sentido ni ser parte de lo que está sucediendo para poder prevenir y cuidar”.
Para Stura, allí aparece uno de los principales desafíos actuales: “Desde el mundo adulto tenemos que hacer un esfuerzo por conocer. Poner una escucha activa, incorporar preguntas como ‘¿cómo te fue en internet hoy?’. No se puede cuidar lo que no se conoce”.
Y reforzó la idea con una comparación concreta: “Así como un padre se interesa por el club al que va su hijo, por cómo funciona y qué pasa ahí, lo mismo debería pasar con las redes sociales. No puedo estar totalmente ajeno al lugar donde mi hija pasa tanto tiempo”.
Además, subrayó que el entorno digital debe ser entendido como un espacio real: “El territorio digital es tan real como el presencial. Hay derechos y responsabilidades, y el mundo adulto tiene que garantizar esos derechos también ahí”.
También advirtió sobre la necesidad de avanzar en regulaciones: “Las plataformas no pueden pararse en una posición neutra. Son responsables de lo que sucede dentro de ellas. Hay que trabajar en la regulación de los algoritmos y en los mecanismos de control”.
Finalmente, dejó una reflexión central: “Esto llegó para quedarse. Cada hecho que nos conmociona tiene que servir para trabajar en la prevención. Es clave anticiparse, construir herramientas para llegar antes de que los problemas se desaten”.
