Más de 100 alumnos impulsan la revolución del folklore en Villa General Savio
Lo que comenzó hace apenas dos años como un pequeño taller municipal de danzas folklóricas en Villa General Savio, hoy se transformó en un fenómeno cultural y comunitario que reúne a más de cien alumnos de todas las edades. Detrás de ese crecimiento está Pablo Malarino, responsable de Huella del Pago, quien este jueves visitó los estudios de Radio Meta para contar cómo nació el proyecto y el impacto que genera en la localidad.
«Arrancamos hace dos años a través de un taller municipal. En ese momento arrancamos en el Centro Cultural y Deportivo de Villa General Savio. Arrancamos con 6 alumnos, 8 alumnos en una cocina. A los seis meses empezamos a utilizar el gimnasio porque ya empezamos a ser 30 o 40», recordó.
El crecimiento continuó de manera sostenida hasta alcanzar números que sorprendieron incluso a sus propios impulsores. «Hoy por hoy, con la última inscripción que se dio a través del taller municipal y también con lo que fue de manera privada, estamos superando los 103 inscriptos», señaló.
La mayoría de quienes participan son niños y adolescentes. «Tenemos en todas las edades. Arrancamos desde los 3 años. Después tenemos niños hasta los 17, que ahí tenemos un grueso importante, más o menos 60 o 65 chicos. Después adultos. El gran grueso son niños», explicó.
Consultado sobre las razones de semejante crecimiento en una localidad pequeña, Malarino reconoció que no existe una fórmula exacta. «No sé si tiene una explicación. Creo que tiene que ver con distintas cuestiones. Creo que brindar un espacio al joven, al niño, esa oferta que se fue tomando, y el boca a boca fue corriendo. Va teniendo impactos positivos en distintas familias y en distintos niños».

Sin embargo, aclaró que el proyecto va mucho más allá de enseñar pasos de baile. «No solamente en lo folklórico, sino también en lo educativo. Hemos nucleado algunas actividades y hemos hablado con las escuelas, con otras actividades como fútbol y demás, para tratar de abordar y contener a los niños. La idea es trabajar en comunidad para que los chicos no estén en la calle y estén haciendo alguna actividad, que es lo más importante».
Esa visión integral tiene relación directa con su propia formación. «Yo vengo de la escuela de Juan Ángel Martínez, de Ballet Horizonte. Siempre tuve esa escuela y siempre se nos enseñó de esa manera. No solamente aprender un gato o una chacarera, sino explicar también contextos históricos y demás».
El entusiasmo de los chicos fue tal que durante el verano, cuando el taller municipal se encontraba en receso, los propios alumnos pidieron continuar con la actividad. «Los mismos niños me iban a buscar a la casa de mi mamá. Los padres se comunicaron conmigo y empezamos a trabajar de manera privada. Ahí nace Huella del Pago», contó.
Actualmente conviven las clases del taller municipal y las de Huella del Pago. «Hoy Sánchez tiene folklore de lunes a jueves. Los lunes y miércoles de manera privada y los martes y jueves con el taller municipal. Arrancamos a las seis y diez de la tarde. Los chicos salen de la escuela y muchos llegan hasta con el guardapolvo puesto. Se cambian ahí, comen algo y bailamos hasta las nueve y media de la noche».
Malarino destacó que el aspecto económico nunca fue una barrera para participar. «Por ahí hay chicos que no pueden pagar una cuota y demás. Se los recibe igual. Nadie queda afuera».

A medida que pasaron los meses, comenzó a observar cambios concretos en los participantes. «Lo bueno es ver cómo van mejorando, cómo van creciendo, cómo niños que vinieron totalmente tímidos hoy pueden animarse a dar una lección oral en la escuela, cómo van mejorando las notas, cómo van mejorando el comportamiento. La verdad que eso llena».
El fenómeno también comenzó a expandirse fuera de las clases. «Hicimos una matiné para juntar fondos y era muy gracioso porque los chicos bailaban mucho folklore en la matiné. Por ahí hablo con el profe de fútbol y me dice que los chicos están zapateando. Me cuentan los profes en la escuela que en el recreo se ponen a bailar. Es como que hay un boom que la verdad me emociona mucho».
Esa emoción aparece repetidamente en su relato. «No deja de sorprenderme para bien. Emociona que tantos chicos vayan a folklore y que lo amen tanto. La verdad a mí me llena el corazón».
Para el docente, la experiencia demuestra la importancia de sostener espacios culturales en las comunidades. «Hay un vacío muy peligroso cuando no está la oferta. Está bueno que eso ocurra. Está bueno invertir en cultura porque el impacto es enorme».
Malarino es un ejemplo de ello. Comenzó a bailar a los nueve años precisamente en un taller municipal. «Bailo desde los 9 años y hoy tengo 37. La danza no deja de sorprenderme. A los que no la conocen los incentivo y los invito a sumarse porque está bueno».

El crecimiento de Huella del Pago ya comenzó a generar nuevas oportunidades para los alumnos. Este viernes dos parejas representarán a Villa General Savio en la etapa local de los Juegos Bonaerenses. «Creo que es la primera vez que Sánchez pone bailarines para representar al pueblo», destacó.
Además, recordó distintas experiencias que los chicos ya pudieron vivir gracias al proyecto. «El año pasado fuimos invitados a bailar al Teatro de San Nicolás y había chicos que no conocían un teatro. Los chicos están teniendo experiencias que nunca antes hubiesen imaginado».
Detrás de cada alumno, aseguró, existe una historia personal que muchas veces conmueve. «Si nos ponemos a analizar cada historia de cada niño, atrás hay un mundo que la verdad te conmueve. Yo trato de levantar la bandera de darle lugar más a los niños y escucharlos un poco más».
El trabajo, reconoce, es exigente. «Hay clases de 25 o 30 alumnos. Cansa, sí, pero llena. Uno siente que le aporta algo a la vida de esos chicos o les abre una ventana que quizás nunca hubiesen imaginado».
La participación de las familias es otro de los pilares fundamentales. «Hay un grupo de padres increíble. Todo el trabajo comunitario con respecto a la vestimenta sale de ellos. Hemos hecho venta de empanadas, rifamos un lechón, organizamos una matiné, un bingo. Todo es para los chicos».

Actualmente las clases se desarrollan en el Centro de Jubilados de Villa General Savio, un edificio histórico de la localidad. Allí, explicó, aún quedan mejoras por realizar.
«Hace frío, tenemos problemas porque entran las palomas por algunas ventanas rotas. Era un lugar que estaba hace unos años totalmente abandonado y le hemos dado un poco de vida. Lo cuidamos y lo limpiamos nosotros con los padres. Nunca vendría mal una ayudita».
Más allá de las necesidades materiales, el objetivo de fondo sigue siendo el mismo. «Lo que nosotros buscamos es construir y darle una identidad a nuestro pueblo, que amamos y queremos».
Al finalizar la entrevista, Malarino invitó a toda la comunidad a acercarse a la propuesta. «Invitar a la comunidad de Villa General Savio y de otras localidades a participar de los talleres. Está bueno porque buscamos que quien no puede pagar tenga el mismo nivel de calidad que quien sí puede hacerlo. Queremos abrir espacios de calidad para la comunidad».
Y resumió el momento que atraviesa el folklore en la localidad con una frase que refleja el espíritu del proyecto: «Está pasando una revolución folklórica. Está bueno, es sano, se comparte en familia, en comunidad y es para todos».

