Hubo una primera vez, allá por 1995, en la que afectada por un difícil momento personal e impulsada por la fe se lanzó a pedalear los más de 200 kilómetros que separan Ramallo de la Ciudad de la Basílica. Siguieron otras 29, que nacieron por la necesidad de agradecer, pedir y vivenciar esa energía tan especial que se siente, cuentan, cuando las cúpulas se dejan ver entre los árboles después de tanto esfuerzo.
Todos los años, durante el segundo fin de semana de octubre, se hace la peregrinación en bicicleta a Luján. Esta vez fue complicada porque la lluvia demoró la salida e hizo complicado el camino. Sin embargo, aunque siempre llevan camión y colectivo de apoyo, la gran mayoría quiso completar el acto de fe.

Quizá la virgen los puso a prueba porque no era un año cualquiera. Con éste, la referente de Fénix Cicloturismo cumplió 30 viajes ininterrumpidos. «En el año ’95 fue la primera vez, no estaba en un buen momento familiar, necesitaba trabajo, decidí ir con la Cruz Roja que iba de San Nicolás, con una bicicleta cualquiera, como pude lo hice. Cuando llegué, lloré mucho y dije ‘ella me va ayudar a conseguir trabajo’; fue cuando a la semana me llamaron del Círculo Médico de Ramallo».
Marta sintió que esa buena noticia de haber conseguido trabajo se la debía a la Virgen de Luján y que tenía que regresar para agradecerle. «Le debo ésto, el próximo voy, y el próximo, y el próximo…» y entonces, lo que nació como un viaje de agradecimiento, se convirió en una rutina de cada año.
La elección del destino no fue casual. «Mi mamá era muy devota de la Virgen de Luján, y yo soy Marta Luján, me puso por la virgen». Además, «tengo foto de mamá y papá en la Virgen de Luján, me hizo muy devota».

De aquel primer viaje recuerda que fue «una cosa maravillosa para mí, ese día me salió de adentro un llanto, una angustia, un desahogo que se escuchó en toda la iglesia, fue maravilloso». Y una vez adentro, sintió «que me iba a ayudar, que era el lugar correcto que había ido».
En tantos viajes, hay miles de historias y recuerdos diferentes, pero hay algo que se repite: «Cuando voy dando la vuelta y veo la cúpula me agarran unas emociones, me parece que me voy a desvanecer cuando veo la cúpula entre las plantas. Y cuando das la vuelta y la tenés de frente, es como si estuviera con los brazos abiertos esperándonos», cuenta emocionada.
Este año fueron 109 los peregrinos provenientes de San Nicolás, Rosario, Las Parejas y otras localidades, además de Ramallo, que se fueron acoplando en el camino y llegaron juntos a Luján. Seguramente, la mayoría impulsados por la necesidad de pedir y agradecer, pero también «traemos todas las bendiciones para todas las familias que lo necesitan».
