Manuel Frías: “La vela es una forma de vivir”
Lo dice alguien que tiene sobrada autoridad en Ramallo para hablar del deporte que este jueves le dio la segunda medalla a la Argentina en los Juegos Olímpicos de París, de la mano de Mateo Majdalani y la sampedrina Eugenia Bosco.
“Para que estos chicos hoy sean medalla en un juego olímpico, dejaron toda una vida atrás, no es que se prepararon cuatro años. La vela es una forma de vivir, de crecer, progresar, relacionarse con los demás, con el medio natural, en la Argentina esa familia tan potente concluye en estos logros”, reflexionó el socio fundador del Club de Velas Barlovento.
A pesar que durante gran parte del año pasa invisible a los ojos de la gran mayoría de los argentinos, en la historia de los Juegos olímpicos le dio 11 medallas a nuestro país, siendo solo superada por el boxeo (24). “Es algo extraordinario, la vela, el yachting en Argentina, tiene un movimiento silencioso y de todos los fines de semana, interno, que es algo increíble”. Y se hace con gran esfuerzo porque es amateur. “Nadie cobra nada. Majdalani y Eugenia (Bosco) cobran una beca del Enard. Mañana dejan de navegar y no cobran más nada, dejan todo para esto”.
Este jueves, el binomio argentino de la clase microcasco mixto terminó en el puesto 7° de la Medal Race y se aseguró un lugar en el podio detrás de la dupla italiana compuesta por Ruggero Tita y Caterina Banti. Terceros terminaron los neozelandeses Micah Wilkinson y Erica Dawson. “Navegaron muy bien con poco viento, fueron muy consistentes respecto a la concentración y yo creo que eso se lo da la experiencia”. Recordó que Majdalani fue entrenador de Lange cuando ganó la medalla de oro en Río de Janeiro. “Eso le dio una solvencia con respecto a la paciencia”, explicó.
Eugenia Bosco es hija de la ramallense Daniela Benci, actualmente radicada en San Pedro. Sus abuelos, Rafael y María Aurelia, viven en Villa Ramallo. “Tomi, mi hijo más grande, navegó en Optitmist y ahí lo conocía a Santi, el hermano de Eugenia, que es más chico, y a Daniela y el papá también”, contó Manuel. “Cuando venía a Ramallo a visitar a sus abuelos, tenía 12, 13 años, iba a Barlovento a navegar”, agregó. Y hay algo más en la historia que los une, porque “el barco con el que ellos se iniciaron en Optimist, nosotros se lo compramos para nuestros chicos (el de la foto)”.
En la Argentina, cada vez que a un deportista le va bien en un Juego Olímpico, se produce un efecto contagio en la población y muchos sienten interés por practicar esa disciplina. “Ojalá que esto sea motivo de inspiración y que nosotros acá en Ramallo abramos un poquito más los ojos de los espejos de agua que hay. Tenemos el río Paraná, majestuoso, el arroyo Las Hermanas, Ramallo, Los Cueros, ¿más agua tenemos que tener para pensar y planificar en esto?»

