Paula habló de ese hombre tan querido en nuestro pago, sus proyectos, la odisea y angustia de los últimos días y la tranquilidad de haber hecho todo lo que estaba al alcance. «Papi: dejaste una huella imborrable en todo aquel que tuvo el placer de conocerte, nosotras y tus nietos estamos muy orgullosos de vos», es la frase final.
La carta:
En estos días cerramos una etapa.
Con mi hermana y mi mamá hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance y más, estamos tranquilas de que dimos todo por él, aunque nos hubiera encantado vivir muchas cosas más, pero bueno papi se fue como vivió.. Cada vez que él brindaba por su cumpleaños decía que él vivió la vida como quiso, que no se arrepentía de nada de todo lo que hizo, que lo volvería a hacer de la misma manera, así que él vivió feliz, él fue feliz. En cada proyecto que se embarcaba, en cada sueño que tenía, lo hacía, lo cumplía, aunque después por ahí no saliera como él quería.
El 22 de mayo de este año empezó la odisea con papi, cuando él decide operarse de una hernia. Todos en la familia dijimos que no era necesario, que no lo hiciera, que con una hernia se puede vivir. Desde ese 22 de mayo mi papá no durmió más una noche de corrido, su cabeza cambió para siempre. El recien volvio a dormir el 11 de noviembre, ese bendito lunes cuando lo encontramos. Esa noche volvió a dormir de corrido, y esas 3 noches siguientes, mientras lo cuidabamos en el hospital, él dormía y vos le preguntabas “¿Te duele algo papi?” y él sin dudar te respondía que no, que nada le dolía, solo necesitaba descansar. Esos 3 días él descansó.
A nosotras nos quedan los recuerdos, las anécdotas, de antes y de ahora, donde con mi hermana podemos reirnos y llorar de cosas que solo sabemos, y sabremos, nosotras. Y no porque no quisiéramos contarlo, sino porque a nadie le interesó saberlo, a nadie le interesaba saber cómo mi papá pasaba la noche. Muy poca gente es la que supo lo que nosotros vivimos durante todo este tiempo, y mucha es la gente que hoy se da el lujo de opinar, el porque, el por cuanto.
Nos queda agradecer a mucha gente, al Hogar del Carmen que lo cuido, lo acobijo y lo contuvo; a su amada prefectura que lo buscaron incansablemente; a la policía y la DDI de San Nicolás, a Marcela Isarra de la municipalidad de Ramallo; al hospital San Felipe y al equipo del Doctor Millan del hospital José M. Gomendio, que estos últimos días nos ayudaron un montón y lo cuidaron tanto. A sus amigos de la vida como Juan Carlos Olazabal, Oscar Capdevielle, el Negro Otero, a ellos gracias. A Cacalo Gorostiza, que siempre estuvo hasta el final. Por suerte mi hermana y yo, sus únicas hijas, tuvimos la fuerza y la valentía de cuidarlo y acompañarlo todo este tiempo, jamás aflojamos, nunca lo dejamos solo, nunca. Con nuestras familias atrás, con nuestros hijos, sus 5 nietos los cuales él adoraba y de los cuales estaba sumamente orgulloso.
Muchos en esta vidriera que son las redes sociales se daban el lujo de opinar y cuestionar, siempre sin saber que estaba pasando dentro de la familia. Porque nunca nadie de ellos nos golpeó la puerta para preguntarnos que necesitábamos, en que nos podían ayudar, nadie… pero para opinar estaban todos. Pero bueno, también agradecer a esos “amigazos” que él tenía, a los cuales les encantaba estar en las buenas, en los restoranes, en las inauguraciones, en las fotos; pero de los cuales este último tiempo no estuvo ninguno. A todos ellos gracias también; nuestra conciencia está tranquila.
Agradecer a los verdaderos periodistas que se solidarizaron con nosotras en su búsqueda, Raul Urbina, Stefania Correa, Julia Sosa y Leo Terzi, gracias por el respeto hacia mi papá y la familia.
A mi papá le encantaba la fachada, él era “el gran Cacho Nadal”, el que primero soñó y lucho con la costa del río Paraná, su tan amado río. Nosotras lo acompañamos en toda su historia, desde que empezó en Club Nautico, después en Lo de Cacho y cuando apostó a la isla e hizo Mi Rancho. El era Cacho Nadal para todos ustedes, pero para nosotras era “papi”, era “el nono”.
Hoy mi papá descansa en paz, está con mis abuelos, con su hermano, y con tantos amigos de verdad que siempre estuvieron con él y hoy lo deben haber recibido con tanta alegría.
Papi: dejaste una huella imborrable en todo aquel que tuvo el placer de conocerte, nosotras y tus nietos estamos muy orgullosos de vos.
