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Heladería Piruco cumple 18 años en Villa Ramallo

Nació el 4 de febrero de 2007 frente a la estación de trenes. Sin embargo, su dueño ya había experimentado con ese mismo negocio durante 10 años en la localidad de Muñiz (San Miguel), aunque fueron sus tíos y abuelo quienes inauguraron la tradición familiar a principios de la década del ’70 en Pilar, Buenos Aires.

“Piruco es mi abuelo, que entre todos los negocios que tuvo, el último fue la heladería”, cuenta Abelardo Carey, dueño del comercio de Villa Ramallo y creador de los deliciosos helados artesanales elegidos por tantos ramallenses. Sin embargo, “los que la llevaron adelante, por una cuestión de edad, la heladería se inauguró en 1970 en Pilar y él había nacido en 1905, fueron dos hermanos de mi papá”.

Es decir, la tradición familiar nació a unos 170 km de donde eligió radicarse para seguir adelante con su vida y oficio. “Cuentan que en la mesa familiar, en la casa de mi abuela, después de haber transitado distintos emprendimientos comerciales, quedaban los últimos ahorros y había que ver qué se hacía. Y a mi tía Catalina se le ocurrió lo de la heladería”. Hizo dos aclaraciones: “Deciden emprender con heladería sin saber nada del rubro. De los tres hermanos, el único que no participa es mi papá”.

Ese fue el comienzo de la relación entre los helados y su familia, pero después Abelardo hizo su propio camino. “Cuando empecé a dar vueltas por las carreras de la facultad y no quedarme con ninguna, y no tener ningún trabajo estable, estaba la posibilidad de un negocio familiar y el rubro con el cual estaba familiarizado era el de heladería”.

Previamente, “el padre de un amigo de la adolescencia tenía una panadería y heladería frente a la plaza de San Miguel, una de las dos panaderías más importantes de San Miguel y tenía una heladería pegada.  En ese momento, la persona que fabricaba helado se va, mi amigo para darle una mano al padre se hacer cargo de la heladería y busca amigos de él para trabajar, y ahí voy yo. Después de dos años de trabajar como empleado, al tiempo surge la posibilidad de poner la mía”.

Ahí nace Piruco, lejos de Villa Ramallo. “La heladería en Muñiz, partido de San Miguel, se inauguró el 5 de diciembre de 1995”. Después, “esa misma heladería se trasladó a Villa Estación Ramallo en febrero del 2007. Cuando yo inauguré acá, el 4 de febrero de 2007, ya tenía 10 años de heladero en Muñiz y dos más de empleado”.

Su llegada a Ramallo. “Cuando me di cuenta que iba  a seguir siendo heladero, busqué un lugar que me gustara para vivir. No conocía Ramallo, ni Villa Ramallo. No tenía ningún amigo, ni conocido, ni pariente… llegué recorriendo. Buscaba un lugar que tuviera el río cerca. Primero fui a San Pedro, una ciudad muy grande con muchas heladerías, creo que en ese momento conté 12 o 14 en el casco céntrico, fui a Baradero y pasaba lo mismo. Un día hice un tramo más y llegué a Ramallo, toda esa recorrida la hice con mi hermana, la que me sigue, y vi que había potencial. Había dos heladerías en el Pueblo y dos en Villa, a simple vista daba para una tercera”.

El oficio de heladero. “Me enseñó mi amigo y después hice un perfeccionamiento en una empresa que vende estabilizante para helados”. Las casualidades de la vida. “Esa empresa tuvo como vendedor en la zona a Leonardo Castillo”.

No se arrepiente de esa decisión. “Para mí ha sido un cambio muy importante en mi vida, positivo y satisfactorio, definitivamente fue una buena decisión venir a Villa Ramallo, estoy contento y no creo que me vaya nunca”.

La recepción. “Estoy agradecido, tuve una muy buena acogida, no en todos lados reciben a la gente que no es del lugar con la calidez que te reciben acá. Hay lugares donde hay resistencia, acá funciona al revés, hasta hay una especie de ayuda para recibir al que no es del lugar”.

En 18 años, historias son las que sobran…

“El otro día fue un chico que hace años no vive acá; su madre falleció. Ella trabajaba en la esquina donde hoy esta Pampero, ahí Nito Yaworski estaba con una parrilla, y toda la gente que trabaja en la cocina, cuando terminaba su jornada de trabajo, sábado o domingo, pasaban y se tomaban un helado. Entre ellos había una mujer que le llevaba a su hijo un cuarto kilo de helado. Llegaba a la casa como a las 3 de la mañana, lo despertaba al nene y le daba el helado, ese nene se tomaba el helado medio dormido, se volvía a dormir, y al otro día cuando se despertaba le reclamaba a la madre el helado. Esa mujer falleció. Hace dos semanas vino el chico que es una persona que tiene cerca de 30 años, yo la historia la conocía porque me la contaba la mamá en su momento”.

Antes de avanzar con otro relato, Abelardo señala que “la mayor satisfacción es cuando una persona, si es mayor, te dice que el sabor del helado le recuerda al sabor del helado de su infancia. O cuando un chico que viene ahora y por algún motivo ya no vive en Villa y te dice ‘yo tomaba helado acá, me acuerdo que tomaba siempre tal gusto’; esas son las satisfacciones del oficio”.

“Me acuerdo de Centofante, un camionero de 70 y pico de años que venía a la siesta, en la época que yo no tenía aire acondicionado, nos sentábamos en el banco de plaza, él se escapaba porque tenía principio de diabetes, entonces  no podía tomar helado, venia en bicicleta y se tomaba un helado conmigo conversando en el banco afuera me contaba los viajes en camión cuando iba a cargar a Oran, los calores que pasaba…”

Al heladero le gusta el helado. “Tomo mucho granizado, crema americana con pedacitos de chocolate”. En su heladería, los sabores que más salen son las dos variantes de dulce de leche: solo y granizado. Reconoce que su único invento fue el de Tereré, pero adelantó que la próxima novedad será el de queso y dulce.

Por último, se autodefinió en la heladería. “Lo mío no es el comercio, esa es la verdad, yo no soy comerciante, soy heladero y me gusta ese oficio, pero la parte comercial no me gusta”. Salta a la vista que lo que más disfruta de su profesión es conversar con los clientes. “Lejos”. Y eso tiene una explicación. “He pasado mucho tiempo atrás del mostrador, y también uno a través de las historias que escucha es como que las vive; si escuchás a alguien que te cuenta sobre un viaje,  es como que estás haciendo ese viaje”.

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