Día del Colectivo: la mujer de Ramallo que todos los días lleva trabajadores a Ternium
En el Día del Colectivo, una historia distinta desde Ramallo. Silvia Farías es chofer de la empresa San Sebastián y todos los días está al volante de una de las unidades que trasladan trabajadores desde la zona hacia Ternium. Hace alrededor de seis viajes por jornada y asegura que, lejos de ser un trabajo que la canse, encontró allí una actividad que siempre le gustó.
El interés de Silvia por manejar colectivos viene desde hace muchos años. Incluso antes de convertirse en chofer, ya tenía en mente que quería dedicarse a esa actividad. En su entorno conocía a un vecino, Coqui Cardenau, que trabajaba como chofer para Litoral Bus, y cada vez que lo veía le preguntaba si podía llevarla a trabajar con él. “Siempre lo tenía acá, a un vecino, a Coqui Cardenau, y él venía siempre, que trabaja para Litoral Bus, y le digo: ‘Coqui, ¿no me llevás a trabajar con vos?’”, recordó.
Pero Coqui intentaba hacerle ver que no era un trabajo sencillo. “Me dice: ‘No, son complicados los horarios, la ruta, la gente…’. ‘Ay’, le digo, ‘pero a mí me encantaría’”.
Pasaron los años y Silvia tuvo distintos trabajos. Fue panadera, peluquera y hasta manejó el camión de su marido en el campo. “Tengo muchos rubros”, contó entre risas. Después de la pandemia, cuando tenía una peluquería que había comenzado a funcionar bien pero que se volvió difícil de sostener por los costos, empezó a buscar trabajo.
En ese momento, la necesidad de encontrar un trabajo la llevó a pensar en una posibilidad que hasta entonces no había imaginado. Mientras viajaba a San Nicolás con su marido, vio una Trafic que trasladaba pasajeros y le comentó que quería averiguar de quién era y si existía la posibilidad de trabajar manejándola.
Su marido, sorprendido, le preguntó si realmente quería dedicarse a transportar pasajeros. Ella le respondió que sí, que le gustaría manejar. Fue entonces cuando él le contó que la Trafic pertenecía a un amigo suyo que, además, tenía colectivos.
A partir de esa conversación, su marido decidió llamarlo y contarle que su esposa quería trabajar como conductora. “Mi señora quiere manejar el colectivo”, le dijo. La respuesta fue que iba a averiguar qué posibilidad había. Ella, sin embargo, no tenía demasiadas expectativas. “Yo dije, no me va a llamar nunca porque, viste, no era común manejar una mujer colectivo”, recordó.
Pero la llamada llegó. La probaron y, después de una vuelta en el parque, quedó lista para comenzar. “Creo que una sola vuelta en el parque y ya estaba lista”, relató.
Y cuando se sentó por primera vez al volante de un colectivo, sintió que estaba donde quería estar. “Era una emoción. Esto es lo que siempre quise. Y acá sigo, me encanta”, contó.
Silvia asegura que desde siempre tuvo una particular atracción por los vehículos grandes. “Siempre, siempre, porque me gusta manejar y siempre me gustó vehículos grandes. Ya sea colectivo o camión. Me encanta”.
Con el tiempo también se acostumbró a las dimensiones de una unidad que transporta decenas de personas. “De primero, bueno, me costó. He enganchado algunos espejos por ahí, no digo que no”, reconoció.
Pero también encontró seguridad al volante: “Yo me siento más segura arriba del colectivo que arriba del vehículo”. La responsabilidad, claro, es otra cuestión. “Después sentirte segura, porque llevas vida arriba, muchas vidas. Tenés que sentirte segura”, explicó.
Su jornada comienza temprano. Lleva trabajadores que ingresan a las 6 y a las 8 de la mañana y luego retoma el servicio por la tarde. “Ahora tengo libre hasta las 2 y media. 2 y media arranco y hasta las 19 no vuelvo a mi casa”, contó.
Sin embargo, cuando llega el final de la jornada no aparece el cansancio como principal sensación. “No, no, me encanta”.
También destacó el vínculo con sus compañeros y con los pasajeros. “Tengo buenos compañeros, me llevo bien con todos”, dijo. Y sobre quienes viajan diariamente: “La verdad que re bien. Nunca me faltaron al respecto, son todos amables”.
Durante el viaje, Silvia no escucha radio ni utiliza el celular. “Mientras se maneja, nada”, explicó. Lo que escucha son las conversaciones de los pasajeros y, muchas veces, el silencio de quienes aprovechan el trayecto para descansar después de largas jornadas laborales. “Duermen, viste que estos salen cansados también muchas horas. Duermen”.
Entre las anécdotas que recuerda, hay una que refleja especialmente la emoción que sentía cuando recién había empezado a manejar. En aquella época era chofer del Parque Comirsa y, de vez en cuando, le tocaba hacer viajes para llevar a los chicos a jugar al fútbol.
Como estaba feliz con su nuevo trabajo, cada vez que aparecía un viaje quería hacerlo. Una vez, como estaba de franco, iba con su marido rumbo a la casa de su cuñado, en el campo, cuando recibió un llamado avisándole que había que llevar a los chicos a Conesa para jugar un partido.
Sin pensarlo demasiado, le pidió a su marido que frenara en la ruta para poder bajarse y volver a buscar el colectivo. Su marido no podía creerlo y le preguntó si estaba loca, porque tenían previsto pasar el día juntos. Pero ella tenía una sola cosa en la cabeza: quería manejar el colectivo y llevar a los chicos al fútbol.
“Pero no importa, yo me voy al fútbol con los chicos”, le respondió, dejando en claro la ilusión que le provocaba cada uno de aquellos primeros viajes.
Hoy, Silvia sigue manejando y disfruta de una profesión que, según cuenta, siempre quiso tener. Una historia que comenzó con el deseo de conducir vehículos grandes y que terminó encontrando su lugar al volante de un colectivo que todos los días recorre las rutas de la región llevando trabajadores a Ternium. “Esto es lo que siempre quise. Y acá sigo. Me encanta”.

