De Ramallo a Polonia: la historia de Rodrigo Ibarrola y su vida a metros de Varsovia

Rodrigo Ibarrola es un ramallense que hace poco más de tres años decidió cambiar su vida y apostar por una experiencia en el exterior. Hoy vive en Plonsk, una ciudad ubicada a unos 60 kilómetros de Varsovia, la capital de Polonia.

“Hoy es un día caluroso. Por lo general en Polonia hace mucho frío, pero tenemos un par de meses de verano que los aprovechamos al máximo. La mínima ronda los 16 grados y la máxima puede llegar a los 35”, cuenta. El contraste es fuerte en invierno: “Puede llegar a menos 20 grados”.

Su llegada no fue inmediata ni sencilla. “Estaba buscando trabajo en el exterior. Al principio no me interesaba Polonia, pero me apareció varias veces la oferta. Me anoté y mi experiencia servía. Después pasó un año sin ninguna respuesta, pensé que no iba a salir, y de golpe me avisaron que tenía que viajar en 15 días”, recuerda.

Según explicó, su llegada se dio a través de una agencia que en ese momento ofrecía únicamente vacantes en Polonia: “Me postulé para trabajar acá. Después aparecieron opciones para otros países como Holanda o Noruega, pero eso fue más adelante”.

Si bien hoy trabaja en un frigorífico de bovinos, pasó por otras experiencias laborales que no lo convencieron: “Cambié tres veces. El primero lo dejé por el salario, el segundo por las horas, y el tercero, donde estoy ahora, es el mejor que tengo”.

Consultado sobre por qué en Polonia buscan trabajadores argentinos, aseguró: “Tiene que ver con que nosotros tenemos mucha experiencia en todo lo relacionado con frigoríficos y el trabajo con la carne”. En ese sentido, explicó que existe una marcada escasez de mano de obra: “No solo en los frigoríficos, sino en otros sectores también”. Y agregó: “No sé si somos especialistas, pero sí estamos preparados para este tipo de trabajo, y eso se valora mucho”.

Rodrigo tiene 36 años y, aunque nació en Rosario, se siente plenamente ramallense: “Nací en Rosario pero desde los 4 años viví en Ramallo”. En cuanto a su situación migratoria, detalló que el proceso fue largo pero posible: “Fui con permiso de trabajo. Para la residencia necesitás contrato, vivienda y otros papeles. Tardé dos años y medio en conseguirla. Me dieron residencia por tres años y después se renueva”.

Desde lo económico, asegura que la experiencia vale la pena: “Sí, rinde. No tengo hijos y puedo ahorrar o viajar. Muchos mandan plata a Argentina”. Uno de los mayores desafíos sigue siendo el idioma: “El polaco es muy difícil. Estoy aprendiendo con aplicaciones. Uso más el inglés, pero no todos lo hablan”.

De Argentina, lo que más extraña —además de la familia, con su mamá y cuatro hermanos en Ramallo y una hermana en Casilda— es “el fernet, el dulce de leche y el asado”. Sobre el trato, agrega: “En general nos tratan bien”.

Para quienes estén pensando en seguir un camino similar, deja una recomendación clara: “Llevar ahorros para mantenerse un tiempo y tener todos los papeles posibles: visa, licencia, documentación”.

De cara al futuro, no descarta nuevos horizontes dentro de Europa, aunque sin perder el vínculo con el país: “Quiero conocer otros países, quizás trabajar en Alemania o España. Pero en algún momento volver a Argentina”.

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