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A los 90 años, Elena Settimi debutó en los Juegos Bonaerenses

Con 90 años, una vida dedicada a la pintura y el entusiasmo intacto, Elena Settimi vivió por primera vez la experiencia de participar en los Juegos Bonaerenses. Lo hizo en la disciplina pintura, representando a Ramallo en la etapa local. «No lo hice por ir a Mar del Plata, solamente me llevó a que conocieran lo que hace mi profe», contó durante una entrevista con Radio Meta.

La vecina recordó que el arte la acompaña desde su infancia en El Paraíso. «Desde muy pequeña siempre pinté, no es de ahora. Tengo cuadros desde muy pequeña y mirá los años que tengo ahora», relató. Incluso evocó cómo nació esa pasión: «Mi viejo siempre me traía las pinturitas, que eran muy poquitas, no como ahora que hay tantos colores».

Durante toda su vida encontró tiempo para seguir pintando. «Dentro de todas las cosas que hacía tenía un ratito y un cuartito como para tener las cosas de pintura y hacerlo», recordó con emoción.

Settimi confesó que su profesora, Gabriela Martínez, fue quién la convenció de participar. Y dejó en claro cuál fue su verdadera motivación: «Solamente me llevó a participar que conocieran lo que hace mi profe. Es una barbaridad». Más adelante volvió a remarcarlo: «Es una gran persona. Digo, no le podemos fallar».

Para el certamen presentó una obra al óleo realizada con espátula, una técnica distinta a la que estaba acostumbrada. «Era un cuadro con técnicas. Toda mi vida pinté al óleo, pero este tenía técnicas con espátula», explicó. La obra elegida representaba un patio colonial. «Pinté un patio más del tiempo de mi niñez, con macetas y flores. Se me ocurrió hacer eso porque me gustaba». Culminó tercera en su categoría y no le alcanzó para avanzar a la etapa regional donde solo accedió el primero.

Participar de un concurso fue una experiencia completamente nueva para Elena. «Para mí fue algo muy distinto, porque nunca había participado para nada», confesó. Aunque reconoció que al principio aceptó por su profesora, después disfrutó plenamente la experiencia. «Sí, por supuesto, fue muy lindo. A mí me gusta estar con la gente. Le agradezco un montón a todos».

La artista recordó que su amor por la pintura comenzó cuando era alumna de la escuela de El Paraíso. «Siempre los dibujos eran para mí lo mejor que podía tener. Los mapas, que antes se usaba mucho pintarlos, eran para mí lo mejor». También contó que aprendió sola. «No, nadie me enseñó. Era mío nada más. Se me ocurría hacer, mirar cosas, buscar letras góticas… eran esas cosas lindas que siempre me divirtieron mucho».

Actualmente asiste al taller que coordina Gabriela Martínez y asegura que ese espacio terminó convirtiéndose en una segunda familia. «Se vive re lindo. Es una familia que estamos ahí», afirmó.

Y explicó que el grupo comparte mucho más que el gusto por el arte. «Contamos cosas, a veces vamos medio tristongas, medio bajoneadas… y nos levantamos el ánimo. Por ahí lloramos, por ahí nos reímos demasiado, festejamos algo, nos juntamos a cenar o picar algo. Nos ayudamos un montón».

Sobre el final de la entrevista dejó un mensaje que resume su manera de entender la vida y que emocionó a los oyentes. «Que nunca se dejen estar, que siempre estén en actividad. No solamente la pintura; puede ser leer, escribir, coser… hay tantas cosas para hacer».

Incluso para quienes tienen dificultades físicas, aseguró que siempre existe una posibilidad. «Aunque estén sentadas, siempre hay algo para hacer». Con una vitalidad admirable, agregó: «Yo no me aburro y creo que la gente no se tendría que aburrir».

Finalmente, dejó una reflexión que sintetiza su filosofía de vida. «Yo digo siempre que la vida hay que vivirla. Dios es el que nos quita la vida para llevarnos un día. Pero mientras tanto, hay que vivirla bien, con dignidad, con amor, con mucho amor a todas las personas».

Y concluyó con otra frase que refleja el espíritu con el que afronta cada día: «Hay momentos muy difíciles, yo también los tuve. Pero hay que levantarse, rezar mucho y seguir».