El Juego de la Vida

Un amor cantado

Por: María Gancio

“Bien temprano despacito con un mate al despertar… En Ramallo igual que un gallo siempre al alba he de cantar.”

En esta chacarera, la nostalgia por el querer agradecer a cada instante a ese sentido de pertenencia, marca a fuego una tierra impregnada en el medio su corazón.

Lucas Vecchiarelli desde sus 3 años de vida adoptó esta tierra y la convirtió en suya a tal punto que, cuando puede le hace una canción.

Una nota color a un compositor-cantante y ya las frases suenan a verso… ¡Como dirían por ahí!, ¡simple coincidencia!

Lucas viene de una familia ligada al arte, un padre y una madre que además de ser escritores tocaban la guitarra. No es coincidencia que, de sus seis hermanos uno escriba, el otro cante, o uno de los más chicos toque la trompeta, y sea parte de una batucada… “El reflejo de una crianza te persigue hasta cuando no hay espejo”.

A sus 20 años, la banda de rock “SKAVIADOS”, comenzaría a mostrarle un camino del que ya no se apartaría. Un primer concurso, una semifinal y un cambio de nombre lo posicionaría en “Guerrico7”, en la cual desde 2004 al 2015, con sus canciones de protesta, más algún que otro covers, lo llevaría a ese lugar de “explosión artística”.

Estudió profesorado de matemática y de música, aunque no los terminó, este último le sirvió para todo lo que luego vendría, y como extensión de su currículum, trabajó cerca de nueve años en radio, haciendo jingles y edición de audio digital.

Lucas; gran esposo, papa de 3 niños, siempre fue un chico introvertido, buen alumno y gran deportista, fanático de Boca y amante de las canciones de los “Fabulosos Cadilacs”.

Como todo artista, sabe de las dificultades, de los tropiezos, de los “no” … Pero también sabe de las experiencias ganadas y de lo valioso del camino recorrido.

Tiene 38 años y ese aprendizaje lo llevó a que hoy cante en vivo, sea DJ, tenga todo lo necesario para brindar un show a la altura de la diversión, con gran iluminación, ¡y si! ¡Hasta con karaoke! Mientras en su casa, cuando no es contratado, compone canciones a medida y hace pistas por encargue… Trabajo sin dudas mental, donde los sentimientos tienen que estar a flor de piel para conectar con esa letra de lo que mañana puede llegar a ser una gran canción.

Supongo que salir a correr dos o tres veces por semana, y jugar al fútbol, es esa descarga necesaria, que todo creativo necesita para volver a cero, en camino de lo que se vendrá.

Este cantante ramallense, sueña con crecer en la producción musical, traspasar esa barrera imaginaria entre lo que se sabe de esta hermosa tierra, y lo que te hace sentir esta hermosa tierra… Algo así como… Se donde vivo, pero lo quiero ver con los ojos del alma. Dejar un legado musical, para la historia de su Ramallo.

¡A ver! ¡por si no fui clara! ama cada parte de su querido partido. “En mi tierra brilla el cielo junto al Ramallo Porá. Deja surco una canoa y alza vuelo algún Biguá. Brota el agua de la tierra, se oye el canto de un zorzal. La vegetación revienta para la época estival. Chacarera ramallense que gaucho te ha de bailar, Si naciste en los remansos de mi Río Paraná.

Hoy por esta columna pasó un personaje más, pero no cualquier personaje… Hay quienes son admirados, otros ignorados, hay quienes levantan aplausos, y otros simplemente dejan su voz, como diría una amiga, pululando por ahí. Pero Lucas parece que se va a llevar todos los laureles, ya ansiosos me escribieron para saber cuándo sale la nota sobre él, y no son sus amigos, tampoco sus parientes, son aquellos que aparte de apreciar su calidad de artista, me parece que más aprecian su calidad humana.

Cuando una letra de amor a su tierra, suena bajo una melodía, ¡Es cantado! ¡Lucas Vecchiarelli anda por ahí!

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