El Juego de la Vida

“Somos las que damos la primera atención”

Hay veces que sentimos algún tipo de emoción, cuando vemos a una persona desarrollando sus tareas con ganas, con energía, con pasión… ¡Aunque no ocurre muy seguido! Sentimos algo extraño que nos lleva a un corto y conciso pensamiento: “Le encanta su trabajo”, o tal vez; “nació para eso”… Y ahí tus pensamientos traicioneros te hacen caer en la frase trillada que dice: “Qué lindo que es trabajar de lo que realmente te gusta”. Pensamiento que se ve atravesado por el orgullo ajeno, y ni que hablar si esa persona es apreciada por uno.

Flavia María Alonso es un claro ejemplo de pasión y orgullo en la práctica de la enfermería. Sin demasiada idea de lo que significaba, buscaba un rumbo totalmente opuesto después de sus estudios secundarios, tal vez la carrera de analista de sistema la llevaría a donde ella deseaba llegar, pero un papá ambulanciero, y un trabajo de limpieza en la sala de primeros auxilios, la conducirían hacia otro puerto… Hacia la práctica del primer auxilio para aquellos necesitados.

Con un título en mano y con muchas especialidades en la rama llevada a cabo en todos estos años, como capacitaciones en simposios emocionales en urgencias, emergencias y desastres, auxiliar de farmacia, capacitaciones en primeros auxilios, auxiliar Forenses, o paramédico con certificación internacional, como está cursando en la actualidad, y otros tantos que por cuestiones de resumir, decido no agregar, busca imperativamente estar en todos esos lugares, en los cuales una enfermera es requerida.
“Si me preguntas que es lo que más me gusta de esta profesión, te respondo; ¡qué no!… Acompañar desde la gestación, hasta el último suspiro de un abuelo… Es estar 24 horas atenta al teléfono”… “Y si me preguntas si cambiaria algo te respondería que no, porque cada situación y cada obstáculo que afronto, me lleva a ser una mejor profesional, sobre todo una mejor persona”.

Flavia es de las que corre… Siempre corre, estando de guardia pasiva, estando en su horario en la sala, o cuando se encuentra de descanso con su familia… No importa el momento ni el lugar, si se entera, si la llaman, si escucha, ¡ella corre!
Hubo situaciones donde la llamaron porque a una abuelita le llego los minutos finales, y sin dudarlo dejo todo lo que estaba haciendo en su casa y corrió, mientras sus colegas llegaban con la ambulancia para el traslado, ella llegaba para acompañar y sostener a integrantes de esa familia… Un pueblo chico como General Savio hace que conozca a casi todos, y que casi todos la conozcan a ella y recurran en su ayuda.

“Recuerdo esa primera vez que me subí a la ambulancia, fue porque vi a mi papá, él era ambulanciero y en el desesperar de la urgencia pensé que era él al que le estaba pasando algo, y cuando me doy cuenta era otra persona con un ataque de asma, nerviosa, muy novata, empecé a asistir, y desde ahí hasta hace unos días, las urgencias son parte de mí”.
Reclama por la extensión del horario del médico de guardia, porque muchas veces tienen que trabajar solos (enfermera y ambulanciero) y tomar decisiones de urgencias mientras se comunican con el hospital de cabecera, ya que la sala está abierta hasta la 22:00 horas y después solo es guardia pasiva. Actúan bajo protocolo establecido, ¡pero muchas veces solos! Orgullosa del grupo de trabajo con el cual comparte sus horas en la sala de esta localidad, dice que es un grupo de calidad humana como de trabajo inigualable.

Fue la enfermera que puso la primera vacuna contra el Covid en Ramallo, se anotó para vacunar contra este virus, sin dejar de asistir a la unidad sanitaria en sus horarios habituales, a veces agotada, pero siempre con ganas, también fue, en las dos oportunidades más complicadas de la localidad de Pérez Millán, a testear a las personas.
“El Covid es un virus, que lo tenemos que afrontar, que no sabemos por dónde va a entrar, es duro de combatir”… Hace una pausa para dejar salir la angustia… Se avergüenza de las lágrimas, toma su tiempo. “Te hace cambiar el estilo de vida… Tomas prevención hasta en lo más mínimo, llegar a tu turno cambiarte, trabajar con todas las medidas de seguridad, tenemos que hacer desde una toma de temperatura a ir a un domicilio de un contagiado de Covid… Y a veces sin médicos (según la hora que sea) tomar la decisión de traslado o no, antes de subir para volver, mi compañero me rocía con alcohol, voy sentada atrás sin tocar nada, paso por la zona de Covid, me cambio, mis compañeros me vuelven a echar alcohol, vuelvo a higienizarme las manos y después le toca a la ambulancia, antes de ir a tu casa cambiarte de nuevo, higienizarte bien, todo un protocolo para ver a tu familia, cuidarte hasta el mínimo detalle para no contagiarte y tampoco a los tuyos.
Se enoja cuando cuenta que a las personas les cuesta caer en la idea de la peligrosidad de este virus, que muchos no se cuidan, que no se aíslan ante sospechas, que no se informan. “El mojar arma es la inmunización, la concientización de su peligrosidad… Hay que prevenir y no solo pensar en uno“.
Cierra con una frase que me pareció tan acertada… Tan real: “Las enfermeras/os son el corazón del servicio sanitario”
Por: María Gancio

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