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Reciclar, aprender y acompañar: la historia detrás de Cocomiel

Constanza Aguirre Gómez comenzó hace seis años, en plena pandemia, un emprendimiento que nació de una necesidad y que con el tiempo se transformó en mucho más que un proyecto comercial. Hoy, desde @cocomiel.sustentable recicla plástico, fabrica sus propios materiales, produce accesorios, capacita a otras personas y encontró en ese espacio una forma de generar trabajo y también de acompañar a quienes atraviesan situaciones difíciles.

“En la pandemia había que hacer algo, me quedé sin laburo. Era moza y cerraron todos los lugares y tuve que buscar con las herramientas que tenía qué hacer”, contó Constanza en una entrevista con Radio Meta.

En ese momento comenzó a buscar una alternativa que pudiera combinar una actividad económica con el cuidado del ambiente. “Entiendo que para hacer algo, para vender algo, tenés que cumplir con las necesidades de las personas y en ese momento se estaba poniendo en auge el cuidar el ambiente”, explicó.

Así comenzó a fabricar toallitas menstruales reutilizables. Pero apareció una nueva necesidad: encontrar un packaging que también fuera sustentable. “Tenía que entregar esas toallitas en un packaging que también acompañe la idea de lo ecológico. Entonces, buscando en internet, en YouTube, que está todo, encontré el proceso del plástico. Empecé a reciclar, a planchar el plástico y a hacer el packaging para entregar esas toallitas”, relató.

Con el tiempo, aquella experiencia se convirtió en Cocomiel. El emprendimiento recupera distintos tipos de plásticos que llegan de vecinos, familiares y amigos y los transforma en una materia prima propia. “Nosotras reciclamos sachets de leche, bolsas plásticas. Lo que hacemos es, cuando llegan limpias, las planchamos y hacemos láminas. Hacemos nuestra propia tela plástica”, explicó.

Para hacerlo utiliza principalmente sachets de leche, aunque también recibe bolsas transparentes y otros envoltorios plásticos. “El sachet es nuestra base principal. Por lámina se usan tres sachets y un accesorio mínimo tiene cinco láminas. Así que 15 sachets por producto mínimo se usan”, detalló.

El material se obtiene mediante el planchado de varias capas de plástico. Constanza comenzó utilizando una plancha de ropa y luego incorporó una sublimadora. “Son varias capas de plástico que se planchan a una temperatura de 160 grados más o menos. Y con eso vas uniendo las planchas de plástico”, contó.

A partir de allí fabrica mochilas, cartucheras, riñoneras y otros accesorios. Pero asegura que las posibilidades son mucho más amplias. “Se pueden hacer muchas cosas. Es muy interesante el proceso porque se vuelve un material súper resistente. Podés hacer desde carpas, cortinas, cualquier accesorio funcional que sea de tela lo podés reemplazar por tela de plástico”, señaló.

Además, destacó una característica del material: “Cuando se moja no pasa para el otro lado y podés limpiarlo con un trapito enseguida, no hay que lavarlo”.

Constanza comenzó sola y actualmente son cinco personas las que participan del proyecto. “Cuando arranqué, arranqué sola. Y ahora somos cinco”, contó.

El año pasado pudo abrir su local y taller en Marinero Panno 960, Villa Ramallo. Allí, además de los productos realizados con plástico reciclado, también trabajan con ropa de segunda mano, zapatos, indumentaria y arreglos de ropa.

Pero Cocomiel tiene además otro objetivo: que otras personas puedan aprender el proceso y obtener una herramienta laboral. “La idea siempre fue que la comunidad se pueda sumar a las colecciones que voy armando. Desde que arranqué a tener el local han venido personas a trabajar en estas colecciones. Un poco es que cada uno tenga su aporte económico y, además de ese aporte, hay una capacitación detrás de todo el proceso”, explicó.

Actualmente trabajan junto al grupo terapéutico de la Casa de la Mujer. “Las chicas vienen al taller y acá aprenden a hacer todo el proceso del tratamiento del plástico, cómo coser”, contó.

Y resumió la dinámica de trabajo: “Cosemos, planchamos el plástico, aprendemos a recortar, a cómo presentar el producto y eso. Nos ayudamos también entre todas”.

Para Constanza, el proyecto no termina en la producción y la venta. El taller también se convirtió en un espacio de acompañamiento. “Está bueno que cada una proyecte su propio destino y tenga las herramientas para poder salir adelante”, sostuvo.

En ese sentido, explicó que el espacio está abierto a mujeres y disidencias que estén atravesando situaciones de violencia y que puedan encontrar allí un lugar para acercarse al grupo de trabajo. “Es un espacio de contención. Está abierto para que aquellas mujeres o disidencias que estén pasando por un momento de violencia sepan que pueden acercarse y sumarse al grupo de trabajo”, afirmó.

De esa misma lógica nació la Feria de Emprendedores con opción de Trueque, una iniciativa impulsada por Cocomiel junto con la Casa de la Mujer y la Casa de la Memoria, que presta el espacio del segundo galpón de la estación de ferrocarril de Villa Ramallo. “Yo he participado de varias ferias y por ahí surge entre nosotras comprarnos. Entonces, entre las mismas emprendedoras y emprendedores nos compramos y pensamos”, contó.

El primer encuentro reunió a alrededor de 20 emprendedores. Hubo ventas, intercambios y actividades, entre ellas un taller de teñido de remeras mediante la técnica Batik. La propuesta tendrá una nueva edición el viernes 16 de octubre, desde las 17, en el segundo galpón de la estación de Villa Ramallo. “Esto es para colaborar, para impulsar también a cada uno y que tengamos un lugar donde poder ir, que la gente también sepa que puede ir”, explicó Constanza.

La convocatoria está abierta a emprendedores, artesanos y también a vecinos que tengan objetos en buen estado para intercambiar. “Por ahí no sabemos qué hacer con cosas que están en buen estado y seguramente haya coincidencia en que uno tiene lo que el otro necesita. Así saben que cuentan con ese espacio para lograr el intercambio”, señaló.

El trueque funciona de manera directa entre las personas. No hay tickets ni un sistema de puntos: cada participante acuerda con la otra persona si el intercambio le resulta conveniente. “Es persona a persona. Tengo esto para intercambiar, ¿te sirve?, ¿no te sirve? Es regla saber que se puede decir que no, que no hay compromiso, sino que tiene que servirle a las dos partes y es un acuerdo entre esas dos partes”, explicó.

La feria, para Constanza, también busca ser un espacio de encuentro en un contexto que considera complejo. “Además de ser un encuentro para lograr estos intercambios, también es un lugar para contención, para que puedan distenderse, charlar. Estamos nosotras también para eso”, sostuvo al finalizar la entrevista.

“Sabemos que estamos pasando un momento difícil, no sólo económico, sino también a nivel personal. Entonces estamos para eso, para acompañar a la comunidad y para que sepan que nos tenemos y que estamos para escuchar”, concluyó.