“Quemar los barcos«. La frase no es una metáfora más para Carlos Rivas. Es una decisión de vida. El delantero colombiano de Los Andes la repite con convicción, como una bandera que lo trajo desde su país hasta Ramallo y que hoy explica su presente futbolístico.
Rivas, de 26 años, llegó a la Argentina en 2023 con una idea clara: apostar todo por su carrera. “Cuando me salió la posibilidad no dudé. Consulté con mis padres, me apoyaron y dije: ‘vamos para allá’”, recuerda. El objetivo era claro: mostrarse, crecer y abrirse camino en un país que, desde Colombia, se ve como una potencia futbolera. “Argentina es algo muy importante para el colombiano futbolero”, asegura.
Pero el camino no fue sencillo. Lejos de su familia y en una liga amateur, tuvo que adaptarse rápidamente a una nueva realidad. “Cuando uno viene a estas ligas sabe que tiene que arrancar desde cero. También hay que trabajar para sostenerse”, cuenta. Y agrega: “No solo estoy preparado dentro del campo, sino también fuera”.
El esfuerzo tiene un costo emocional. “Sí, la verdad que se extraña bastante… la familia, tu ciudad natal”, admite. Sin embargo, su mentalidad lo mantiene enfocado: “Cuando estás centrado en algo, no te afecta tanto”.
Esa fortaleza tiene un pilar clave: su fe. “Para mí esa es la clave del éxito… todo lo que pongamos en sus manos llega a un puerto seguro”, dice sobre su relación con Dios. Rivas no habla de rezar, sino de algo más personal: “En el orar tenés una conversación directa con Dios… eso te da una paz que no se puede explicar”.
Dentro de la cancha, ese equilibrio se traduce en rendimiento. Hoy es una de las figuras de Los Andes, que lidera el torneo Apertura. “Somos un equipo de trabajadores, de hormigas… todos nos ayudamos entre todos”, explica sobre el presente del equipo. Y su aporte es clave: ya suma goles y juega más cerca del arco. “Ahora estoy más cerca, como extremo, y eso ayuda”.
Pero más allá del presente, su mirada está puesta en el futuro. “Yo siempre apunto alto… no tengo un techo”, afirma. Su sueño es claro: seguir creciendo, escalar categorías y llegar lo más lejos posible.
Y ahí vuelve la frase que lo define todo. Hace tres años que no regresa a Colombia. «Había la posibilidad, pero mi visión todavía no me daba, porque como digo, si no has conseguido nada, entonces como que quiero darle esa satisfacción a mis padres también, que ellos vean…».
Esa idea la tiene concentrada en la frase «quemar los barcos», que se asocia a relatos históricos como el de Hernán Cortés, quien al llegar a América habría ordenado quemar sus naves para que sus hombres no pudieran regresar y tuvieran que avanzar sí o sí. En el uso cotidiano se utiliza cuando alguien se compromete al 100%, apuesta todo por un proyecto.

