Ponen en valor un emblema de Villa Ramallo: pintan el histórico edificio de San Martín y Clark
Después de mucho tiempo, uno de los íconos arquitectónicos de Villa Ramallo vuelve a lucirse. Se trata del edificio ubicado en la intersección de avenida San Martín y M. de Clark, una construcción que marcó un hito urbano en la localidad y que ahora es renovado con una nueva pintura exterior.
La historia del edificio se remonta a fines de los años 70, cuando tres vecinos — Pedro Larralde, Hugo Solana y Ruben Anziano— decidieron emprender un proyecto que para la época resultaba ambicioso: levantar un edificio de departamentos en el corazón del pueblo. La obra demandó entre cuatro y cinco años y fue llevada adelante por los constructores Cavasassi y Scaloni, bajo la supervisión técnica del ingeniero Massoni.
Uno de los testimonios más entrañables lo aporta Blanca Cepeda, conocida como «Chiquita» Anziano, esposa de uno de los impulsores del proyecto, quien vive en el lugar desde el primer día. «El edificio se inauguró el 24 de mayo de 1979. Yo hace 46 años que estoy acá, una de las primeras», dijo en la entrevista con radio Meta.
Aunque había sido uno de los impulsores, Anziano no estaba tan convencido de vivir ahí. «Me costó convencer a mi marido, no estaba muy entusiasmado de venir porque los departamentos eran chicos, nosotros eramos seis (de familia), entonces él decidió que veníamos y compramos en el 4to. dos departamentos; el «B» y el «C» se hicieron para nosotros».
Con el correr del tiempo, el edificio se convirtió en parte del paisaje cotidiano de Villa Ramallo, pero en sus comienzos generó una mezcla de curiosidad y sorpresa entre los vecinos. «Los chicos de afuera a veces llamaban por el portero y decían ‘voy a tal parte’, y se subían a la terraza».
Para los nuevos vecinos, también fue algo raro en un comienzo. «Nos daba la idea que estábamos en un hotel, al encontrarse con gente en los pasillos. Además, éramos todos conocidos, como si fuéramos una familia».
Entre los detalles que hacen a su historia, se destaca que durante el proceso de venta inicial se agregó un piso debido al interés de nuevos compradores cuando ya se habían adjudicado todas las unidades disponibles. «Estaba programado para el sexto piso, y Goenaga pidió comprar dos departamentos, entonces se hizo el séptimo, Eduardo y el papá».
Además, hay un dato curioso relacionado con el terremoto de Caucete, ocurrido en 1977: al momento del sismo, que se sintió en nuestro pueblo, se estaban construyendo las cocheras. «Chiquita» recuerda que los constructores celebraron porque la estructura resistió sin fisuras ni daños.
Históricamente el edificio tuvo un tono amarillo. «Siempre se pinto de ese color, este año las chicas decidieron cambiar a un gris claro. Gran trabajo están haciendo, la verdad que parece otro».


