Cuatro en el fondo

Para todo lo demás existe Mastercard…

Y un día… el “Salomón Boeseldín” tembló. Pocas veces en su historia el estadio granate habrá sentido tanto júbilo como el que se vivió tras el gol de Franco Olego en el minuto 50 del complemento.

Se venían los penales. Nadie podía imaginar otra cosa. Gimnasia lo ganaba desde los 8´ del primer tiempo y Defensores lo había buscado sin éxito durante toda la tarde; encima estaba con diez por la expulsión de Coronel.

Quién iba a pensar… Hasta que ocurrió lo inesperado: Cartechini le dio el pase a Olego y el goleador no falló: 1-1 y a semifinales.

Ningún alma estaba preparada para semejante emoción. Cuando la pelota ingresó y Olego salió corriendo a festejar con sus compañeros, la felicidad apareció con la fuerza de un volcán para atropellar a cada uno de los hinchas granates que no tuvieron más remedio que dejarse arrastrar y disfrutar como pocas veces en la vida.

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