Nadia Bosetti: “Los nutrientes vienen bajando en los suelos y hay que repensar las estrategias de fertilización”
La ingeniera agrónoma Nadia Bosetti analizó en Radio Meta el estado nutricional de los suelos, las ventajas de los fertilizantes microgranulados y las herramientas disponibles para mejorar rendimiento y calidad en trigo, soja, maíz y girasol.
La ingeniera agrónoma Nadia Bosetti, responsable técnica de Amauta Agro, dialogó este sábado con el programa Ventana Productiva en Radio Meta sobre el estado de los suelos de la región, las nuevas tecnologías de fertilización y las herramientas disponibles para mejorar los rendimientos y la calidad de los cultivos.
Durante la entrevista, remarcó que uno de los principales desafíos de la agricultura actual es la pérdida progresiva de nutrientes en los suelos. “Si analizás los suelos en toda la región pampeana, la materia orgánica está bajando, el zinc está bajando, el fósforo está bajando, el potasio también. Todos los macro y micronutrientes vienen disminuyendo”, explicó.
Ante ese escenario, sostuvo que ya no alcanza con las estrategias tradicionales de fertilización. “Quizás apuntar solamente al fósforo o solamente al nitrógeno no alcanza para suplir los requerimientos de los cultivos y para hacer sustentable el sistema. Por eso hablamos de nutrición balanceada y de empezar a incorporar otros macro y micronutrientes que son fundamentales para lograr una buena respuesta en los rindes”, señaló.
La especialista explicó que una de las herramientas que viene ganando espacio son los fertilizantes microgranulados, que se aplican muy cerca de la semilla durante la siembra. “La idea es que la raíz que está emergiendo encuentre rápidamente el fertilizante y capture los nutrientes. Eso permite una disponibilización mucho más rápida”, indicó.
Bosetti destacó además que cada microgránulo posee la misma composición química, lo que asegura una distribución uniforme de nutrientes en todo el lote. “Lo interesante es que no solamente aportan fósforo, sino también nitrógeno, azufre y zinc. Es decir, abarcan una paleta de nutrientes mucho más amplia que un fertilizante convencional”, afirmó.

Consultada sobre posibles daños a la semilla, aclaró que esta tecnología no presenta riesgos de fitotoxicidad. “El microgranulado no tiene problemas de fitotoxicidad. Al ser de tamaño muy reducido no ejerce presión sobre la semilla y se puede colocar muy cerca sin ningún inconveniente”, aseguró.
Otro de los temas abordados fue el manejo del nitrógeno en campañas con abundantes precipitaciones, donde existe riesgo de lavado del nutriente. “Cuando se aplica una dosis importante de nitrógeno al inicio del cultivo, existe riesgo de que se lave. Más aún en años con pronósticos de lluvias por encima de lo normal”, explicó.
Para esos casos, la profesional recomendó las aplicaciones foliares en etapas avanzadas del cultivo. “Tenemos productos que permiten aportar nitrógeno cuando el cultivo tiene la capacidad de tomarlo, metabolizarlo y transformarlo en rinde y calidad de grano”, sostuvo.
Y agregó: “Es una muy buena oportunidad para asegurarnos llegar al final del ciclo con una buena proteína en grano y garantizar tanto rendimiento como calidad”.
La ingeniera explicó que las aplicaciones foliares realizadas desde hoja bandera en adelante tienen un objetivo muy concreto. “Las aplicaciones desde hoja bandera apuntan principalmente a mejorar la calidad, a incrementar la proteína en grano”, indicó.
Según detalló, además contribuyen a mantener activo el aparato fotosintético de la planta. “Se prolonga el período de llenado porque ayuda a mantener las hojas verdes durante más tiempo y mejora el aporte nitrogenado al grano”, afirmó.
Bosetti destacó que actualmente existen herramientas específicas para los distintos cultivos. “Tenemos productos pensados para trigo, maíz, soja y girasol. Cada uno responde a necesidades nutricionales diferentes”, señaló.
Como ejemplo, mencionó productos con zinc para maíz y formulaciones con boro para soja. “En soja tenemos un foliar que aporta boro y que está pensado para favorecer el cuajado de granos. Cada cultivo tiene requerimientos particulares y la nutrición debe acompañar esos procesos”, explicó.

Otro de los puntos destacados de la charla fue el uso de biostimulantes para reducir el impacto de condiciones adversas. “Lo ideal es aplicar el bioestimulante antes de que ocurra el estrés. De esa manera preparás al cultivo para que el daño sea menor”, explicó.
Además, remarcó que estas herramientas pueden utilizarse junto con otras aplicaciones habituales.“El bioestimulante se puede incorporar perfectamente junto con fungicidas, insecticidas o fertilizantes foliares. Incluso mejora la eficiencia con la que el cultivo utiliza los nutrientes”, señaló.
Respecto de los costos, la ingeniera consideró que los microgranulados ofrecen una alternativa atractiva en un contexto donde los fertilizantes tradicionales han incrementado su valor. “Muchas veces se piensa que por tener más tecnología son mucho más caros, pero la realidad es que cuando se analiza el costo por hectárea son muy competitivos”, sostuvo.
Y agregó: “Este año, particularmente con el fósforo caro, es una opción que deja márgenes interesantes cuando se hacen los números”.
En base a ensayos realizados por la empresa, indicó que el uso de estas tecnologías genera mejoras concretas en los resultados productivos. “En trigo observamos respuestas promedio de entre 250 y 300 kilos por hectárea por encima de los tratamientos tradicionales”, afirmó.
Finalmente, recordó que la nutrición sigue siendo uno de los factores con mayor impacto sobre la productividad agrícola. “La brecha entre el rendimiento potencial y el que realmente se alcanza puede estar entre el 40 y el 45 por ciento. Dentro de los factores que explican esa diferencia, la nutrición es uno de los más importantes”, concluyó.

