Monigote y Garabato: la propuesta artística creada por una ramallense que invita a los bebés a descubrir el arte jugando
La docente, música y creadora ramallense María Adela Forno presentará este domingo 12 de julio una nueva función de Monigote y Garabato, una innovadora propuesta artística destinada a bebés de entre 3 meses y 3 años junto a sus familias. La experiencia tendrá lugar en Cálamo Galería de Arte, en San Nicolás, con dos funciones programadas para las 15 y las 17 horas.
Este martes, Adela Forno y Claudia Atencio visitaron los estudios de Radio Meta para contar cómo nació este proyecto, que combina música original, narración, teatro, objetos sensoriales y la participación activa de las familias en una experiencia artística poco habitual para las primeras infancias.
«Monigote y Garabato nació en 1994 como un proyecto de canciones infantiles que compartíamos con El Oso Barberi, el Turco Alcoba, Evangelina Intra, Dolores Forno y yo. En ese momento viajábamos a grabar a Carreras, en Santa Fe, y cuando nos invitaban a presentar el material, tanto en San Nicolás como en Buenos Aires, siempre nos preguntaban si teníamos una obra de teatro. La respuesta era que no», recordó Forno.
Fue entonces cuando las propias canciones marcaron un nuevo camino. «Esas canciones empezaron a pedir historias. Me puse a escribirlas y así nacieron las primeras mini escenas de Monigote y Garabato. De las doce canciones originales tomamos nueve y las convertimos en pequeñas obras. Ahí el proyecto dejó de ser solamente música y se transformó también en teatro», explicó.
Claudia Atencio contó que tanto ella como Adela Forno fueron docentes durante muchos años en el Instituto Aire Libre de San Nicolás y que esa trayectoria fue clave para darle forma a la propuesta.
«Siempre nos hemos desarrollado a partir de lo que cada una sabe hacer. Adela compone canciones maravillosas para los chicos y, a partir de esas canciones, empezamos a crear historias para que los bebés y sus familias puedan vivirlas», explicó.
Sobre el concepto de la obra, aclaró que «muchos preguntan qué significa que sea una experiencia inmersiva. No quiere decir meterse a una pileta, sino que tanto los bebés como la familia participan de la obra. Llegan a un espacio preparado especialmente para ellos, con distintos elementos, donde los recibimos con una escena y con nuestra música. A partir de ahí los vamos guiando para que puedan tocar, explorar y experimentar cada objeto».
Atencio destacó además que todos los elementos fueron especialmente diseñados para las primeras infancias. «Trabajamos con canciones originales y con objetos sensoriales hechos por nuestras propias manos, preparados especialmente para bebés de entre tres meses y tres años. Cada uno está pensado y cuidado en todos sus detalles, tanto desde lo estético como desde la seguridad, para que puedan manipularlos y disfrutar de la experiencia con total tranquilidad».
Durante la entrevista, Adela Forno también explicó el significado de Monigote y Garabato, un nombre que sintetiza la esencia del proyecto. «El garabato tiene que ver con el primer gesto, con todo lo que aparece antes de la palabra: la primera raya, el primer movimiento, el primer susurro, la primera sonrisa. Cuando elegí ese nombre pensaba en esa escritura del alma, en la libertad más pura que tiene un bebé. Después ese garabato se va organizando, se convierte en un monigote, que ya es la identidad, el ser, todo lo que uno va aprendiendo en la vida», expresó.
En ese sentido, señaló que las experiencias teatrales buscan justamente recuperar esa libertad creadora de las primeras infancias. «Nosotros les presentamos un universo de canciones, objetos y estímulos, pero la historia la construyen ellos. Cada bebé, junto a su familia, crea su propio recorrido a partir de los elementos que le ofrecemos. Esa es la esencia de Monigote y Garabato«.
Claudia explicó que cada una de las propuestas parte de una canción original y, a partir de ella, se construye todo el universo escénico. «Por ejemplo, tenemos la canción de la ventana. Entonces todo se desarrolla en base a esa canción: la ambientación, los objetos que rodean el espacio, las demás canciones que proponemos y cada uno de los elementos que preparamos para que los bebés puedan manipular, explorar y jugar», relató.
La docente señaló que el objetivo es que cada familia construya su propia historia durante la experiencia. «Lo que queremos es que los bebés creen una historia junto a mamá, papá o quien los acompañe, utilizando los elementos que les proponemos. Nosotros guiamos la experiencia, pero después cada uno la vive de una manera diferente».
Además, destacó que no existen dos funciones iguales. «Todas las presentaciones son distintas. Depende de la cantidad de personas que participan, de lo que propone cada bebé y también de cómo se involucran las familias. Por eso alguien puede venir dos veces a ver la misma obra y siempre se va a encontrar con una experiencia diferente», concluyó.
Las creadoras coincidieron en que el principal objetivo del proyecto es acercar el arte a los más pequeños desde los primeros meses de vida. «Muchas veces pensamos que un bebé no puede disfrutar del arte, y sí puede hacerlo. Nosotros proponemos un espacio donde toda la familia juega, comparte y crea», sostuvo Adela.
Además, remarcaron que la experiencia busca fortalecer el vínculo entre adultos y niños en un contexto donde las pantallas ocupan cada vez más tiempo. «Queremos favorecer el encuentro familiar a través del juego. Muchas veces los padres no saben cómo jugar con un bebé tan pequeño y acá descubren un montón de posibilidades que después pueden llevar a sus casas», agregó Claudia.
En esa misma línea, Atencio remarcó que uno de los propósitos de Monigote y Garabato es estimular el juego compartido entre los bebés y sus familias. «Muchas veces, como mamá o papá, no sabemos qué hacer con un bebé tan chiquito y pensamos que todavía es muy pequeño para jugar. Acá aparecen múltiples posibilidades y muchos nos dicen que quieren volver porque descubrieron que ese momento les hace bien a los chicos, pero también les hace bien a ellos», afirmó.
Además, contó que una de las situaciones que más las emociona ocurre con los padres. «Muchas veces el papá entra con cierta desconfianza, como pensando ‘¿qué voy a hacer acá?’. Pero a los pocos minutos ya está completamente involucrado, jugando con su hijo y disfrutando de la experiencia. También buscamos romper con esa idea de que el papá sólo acompaña; queremos que participe activamente, que juegue y descubra junto a su bebé. Eso también forma parte de la propuesta», concluyó.
Otro de los aspectos destacados por Adela Forno fue el recorrido musical del proyecto, cuyas canciones originales nacieron en 1994. «Tengo un montón de canciones. Estas son de aquel año, cuando empezamos el proyecto junto a El Oso Barberi, El Turco, Loli y Evangelina. Muchos años después, cuando me jubilé en 2020, Adrián Cionco me llamó y me propuso volver a grabarlas», recordó.
Forno contó que el reconocido músico, bajista de La Mosca, fue quien impulsó una nueva versión del repertorio. «Me dijo: ‘Vamos a agarrar esas canciones y les vamos a dar una vuelta’. Las modernizamos un poco, pero sin perder su esencia. Era muy importante que siguieran conservando la identidad con la que habían nacido», explicó.
Tras el fallecimiento de Adrián Cionco, el proyecto encontró nuevos compañeros de camino. «Yo pensé: ‘¿Y ahora qué hago?’. Pero apareció Rodrigo Gaeto, también bajista de La Mosca, y empezamos a trabajar juntos. Después se fueron sumando Maxi Boelaert en batería, Elías Georgetti, Facundo Malacalza, Julieta Ponzo y mi sobrino Manuel Capridi. Muchos fueron alumnos míos y hoy forman parte de este proyecto», relató con emoción.
Finalmente, destacó que una de las mayores riquezas de Monigote y Garabato es el trabajo colectivo. «Lo lindo que tiene todo esto es la gente que suma. Hay personas muy valiosas que aportan ideas permanentemente y eso hace que el proyecto siga creciendo y mejorando sin perder su esencia».
La próxima presentación será este domingo 12 de julio en Cálamo Galería de Arte, ubicada en Maipú 69 de San Nicolás, con funciones a las 15 y a las 17 horas. Debido a las características de la experiencia, los cupos son limitados: sólo participan diez bebés por función junto a sus familias, por lo que es necesario realizar una reserva previa.
Antes de despedirse, Adela Forno adelantó que el proyecto continúa creciendo y expresó su deseo de poder presentarlo próximamente en Ramallo. «Es una experiencia difícil de explicar con palabras. Hay que vivirla», concluyó.

