El Juego de la Vida

Melina Coscia, una heroína auténtica

Si sabes de dónde venís, sabes para dónde vas.

Las entrevistas existen para conocer la vida de esas personas que nos interesa dar a conocer, se elige un lugar acorde a los deseos de ambos interlocutores, ahí se desata el huracán de palabras, recuerdos, silencios y todos aquellos sentimientos que te puedas imaginar… Tal vez aparezca el deseo, el deseo de querer contar algo, o el miedo que pregunte sobre eso otro, o a lo mejor la alegría, en el saber que será la protagonista en esta ocasión.

Entre los pensamientos que estaban orientados hacia el armado de esta columna, surgió la palabra hormona, tratando de ver cuál sería la responsable de los recuerdos de mi entrevistada.

Entre tantas páginas que se refieren al tema, descubrí un pequeño caballito de mar en lo profundo de nuestro cerebro llamado hipocampo, como así también aprendí de la corteza cerebral y la adrenalina, para mí, protagonistas y poseedores de Melina…. Ya descubrirán el porqué.

Tiene 31 años, se llama Melina Coscia, la suelen llamar “la gringa”. Cuando buscamos una figura femenina en el cuerpo de bomberos de Villa Ramallo, la de esta intrépida chica sin dudas no pasa desapercibida.
Hace diez años que una decisión la embarcaría hacia lo que considera su único destino, sin opción de variables alguna…. Bombero de alma. Es Suboficial Ayudante, se desempeña en la sección capacitación, tanto para el personal interno, como así también para terceros. Se especializa en rescate vehicular, lo que la llevó a ser instructora en Baradero, en el primer “WORKSHOP sobre rescate vehicular pesado, con mujeres para mujeres”.
Le gusta toda la parte de trauma y corte del vehículo, sin dormirse en los laureles como diría mi abuela, actualmente está estudiando psicología de la emergencia. Una carpeta llena de certificados de diferentes cursos, los cuales la mayoría los hizo gracias a la institución y otros tantos que ella misma se los pagó, nos lleva a la idea de que los objetivos y la lucha para subir un escalón más, no están fragmentados, sino todo lo contrario, es la base de una fusión que nuestra protagonista encaró el 2 de junio de 2012, con la cual tiene mucho aún por descubrir.

Cuando habla de esta institución se le infla el pecho, y no es que se le pueda llegar a notar a simple vista, sino que esas palabras, esas frases salen acompañadas con el sonido de la sonrisa invisible, aferradas a sus cuerdas vocales. Habla de lo mejor en cuanto a calidad de insumos, de gran variedad de equipo de rescate y de ropa de primera calidad… Habla de un cuartel que pasó de ser un sueño casi imposible, a un gigante que los alberga. Es consciente que el aporte de los ciudadanos los llevó hasta ahí, y no deja pasar la coacción para aclararlo…
Seguramente hay mucho más para contar de Melina y sobre esta profesión que se ha convertido en su estilo de vida, la cual en más de una ocasión la ha hecho salir corriendo… Corriendo por mí, por esos vecinos, ¡Y sí! ¡Por usted también! Melina tiene otra parte en su vida, la de amiga, hija, hermana, empleada y otras tantas. Tuvo varios empleos, fue moza, trabajó en una panadería y en una Cooperativa Agrícola, hizo pastas caseras, e incluso elaboraba postres.
Actualmente, trabaja en el comercio que tiene con su mamá, de pasta caseras (La Gringa), por las noches maneja el calador para tomar muestras de los cereales en Bunge, como esta tarea solo la realiza en temporada, el resto del año trabaja de seguridad en el muelle para una empresa contratista… Supongo que los estudios terciarios en Aduana le abrieron el camino.
Hasta acá es la historia de una chica que supo abrir camino, que luchó por lo que quería, que se la mira con orgullo, y ha sido considerada como heroína en más de una ocasión por aquellos rescatados… por aquellos salvados.
Al principio hablé de algunos de los pilares de nuestra memoria, ahora entenderán el porqué: Le hice una pregunta a nuestra bombera; ¿Dónde te ves?… Si regresamos a tu infancia ¿Cuál es la imagen que se te viene a la cabeza?
Con voz suave y segura me respondió, “tal vez sería manejando con ocho años un tractor que en su marcha lenta solo me tenía que ocupar de llevarlo firme por los surcos, o ayudando a mi mamá a repartir la comida de aquellos hombres agotados, que se pasaron la mañana juntando batatas”, se imaginó cerca de su padre, jugando con sus hermanos, o en la escuelita 14 a la que ella concurría.
Habló de sus progenitores y lo agradecida que está por sus enseñanzas… Habló de esa casa en el campo que hoy está fuera de condiciones, le hizo pasar una hermosa infancia…. Suspiró hondo y más que una información hacia mí, dijo que volverá, que piensa después de jubilarse retomar su vida en el campo.
Esos recuerdos adquiridos por el hipocampo, consolidándolos en la memoria, esa corteza cerebral poniendo en marcha la percepción y esa adrenalina que estimula y apuntala esos recuerdos, nos muestran a una chica sin escollos.
Dicen que recuerdas aquello que significó algo para vos, que el resto por obvias razones lo desechas. Melina recuerda su infancia y suspira como si estuviera allí, y ¡no solo eso!, las riendas de su vida son tomadas por esos inolvidables momentos… Nada más auténtico que mostrarse al desnudo para con sus sentimientos, hacerle honor a la base de su vida, y estar orgullosa de ello.

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