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Mario Rosales: «Cuando conocí a Cristo mi vida cambió rotundamente»

El pastor Mario Rosales repasó en Radio Meta la historia de la iglesia, recordó cómo llegó a Ramallo hace 35 años y destacó el trabajo espiritual y social que realizan con familias, jóvenes y personas que atraviesan situaciones de adicción y depresión.

El Centro Familiar de Cristo celebró sus 35 años de presencia en el partido de Ramallo. En una entrevista con Radio Meta, el pastor Mario Rosales repasó los comienzos de la iglesia, recordó su propia historia de vida y explicó cómo fue creciendo una comunidad que hoy desarrolla tareas de contención espiritual y social para cientos de personas.

«Nosotros el día 6 cumplimos los 35 años, pero el festejo fue el domingo. Tuvimos una concurrencia muy importante de gente del Centro Familiar de Cristo y también de personas que llegaron desde San Pedro, Santa Lucía, Pergamino y otras localidades», contó.

Consultado sobre cómo vive una iglesia un aniversario de estas características, explicó que «festejamos con canciones, presentando el trabajo que se hace durante todo el año y mostrando cómo funcionan los diferentes ministerios».

En ese sentido, destacó especialmente el sistema de grupos pequeños que desarrollan en distintos barrios. «Tenemos la modalidad de trabajar con células en casas de familia. Son grupos pequeños de contención para las personas, donde pueden compartir lo que les pasa y recibir acompañamiento», señaló.

Rosales recordó que su decisión de dedicarse al ministerio nació a partir de una experiencia personal durante su adolescencia. «Yo conocí a Cristo cuando tenía 16 años. Venía de un hogar roto, con mis padres separados y una infancia triste. Cuando conocí a Cristo mi vida cambió rotundamente. La paz, el gozo y la alegría de Dios en mi corazón me transformaron.»

El pastor relató que, antes de ese momento, incluso se burlaba de un compañero de trabajo que le hablaba de la fe cristiana. «Yo era un incrédulo. Me reía de un amigo que me hablaba de la Palabra, pero él nunca se enojó. Tuvo mucha paciencia y mucho amor. Eso me persuadió.»

Recordó además cómo fue aquel primer encuentro en una iglesia. «Me preguntaron si quería recibir a Cristo en mi corazón. Hice una oración sencilla y a partir de ahí empezó el cambio en mí. Pasé de ser una persona llena de amargura a tener una paz que me transformó.»

Durante la entrevista, Rosales remarcó que la tarea espiritual tiene un fuerte impacto en la vida cotidiana de quienes llegan a la iglesia. «Lo que yo viví fue pasar de una vida rota a una vida restaurada. Una persona que está rota muchas veces busca refugio en las adicciones o cae en la depresión. Cuando llega la paz y el amor de Dios, la vida cambia.»

Según explicó, esa transformación luego se refleja en distintos aspectos. «Hay mucha gente dentro de la iglesia que fue libre de las adicciones. También vemos personas que estaban con carpeta psiquiátrica, sin ganas de trabajar, que conocen a Cristo, reciben paz, vuelven a su trabajo y después quieren ayudar a otros.»

Además del acompañamiento espiritual, el Centro Familiar de Cristo desarrolla talleres destinados a brindar herramientas laborales. «Hoy la iglesia está funcionando con talleres donde se enseña a hacer pan, fideos y distintos productos derivados de la harina. Hay personas que incluso lograron tener su propio emprendimiento. Todo eso nace del amor y del deseo de ayudar al prójimo.»

Uno de los ejes principales del trabajo de la iglesia es el acompañamiento de jóvenes que atraviesan distintas problemáticas. «Vemos chicos de 8 o 9 años que ya están consumiendo drogas. Yo los entiendo porque muchas veces vienen de hogares rotos y tienen el corazón lastimado. Cuando reciben amor, contención y encuentran un grupo que los acompaña, la vida les cambia totalmente.»

Para abordar esas situaciones, explicó que funcionan distintos espacios. «Tenemos células de entre 10 y 12 personas, algunas mixtas, otras de hombres o de mujeres. Allí cada uno puede abrir su corazón, contar su problemática y encontrar respuestas desde la Palabra de Dios.»

También destacó el trabajo del ministerio «Rescatados», orientado específicamente a personas con problemas de consumo. «Si vemos que alguien necesita un tratamiento más profundo, trabajamos con distintos centros de rehabilitación y hacemos la derivación correspondiente.»

Rosales recordó que los primeros pasos de la iglesia fueron en Villa Ramallo. «Arrancamos frente a la plaza, después comenzamos también en Ramallo Pueblo. Empezamos en nuestra casa, luego pasamos al cine y poco a poco fuimos creciendo hasta llegar a lo que hoy es el Centro Familiar de Cristo.»

Ese crecimiento también se trasladó a otras provincias. «Desde Ramallo salieron personas que se capacitaron aquí y luego abrieron iglesias en Villa María, Río Cuarto, San Rafael, Corrientes y Entre Ríos.»

Consultado sobre la cantidad de personas que participaron del aniversario, sorprendió con un dato. «El domingo teníamos 1.150 sillas puestas en la iglesia y estaban completas.»

Para Rosales, el crecimiento de la iglesia tiene una explicación sencilla. «Cuando Cristo viene a vivir al corazón de una persona, la vida no vuelve a ser igual. Esa experiencia transforma a la gente y después esa misma persona quiere compartir lo que vivió con otros.»

Finalmente, destacó el papel que cumplen quienes se capacitan dentro de la iglesia. «Cada persona tiene la posibilidad de prepararse para liderar una célula. Quien recibe ese beneficio después quiere ayudar a otros, y eso genera un efecto multiplicador.»

Tras 35 años de presencia en Ramallo, el Centro Familiar de Cristo continúa desarrollando actividades religiosas, espacios de contención, talleres y programas de acompañamiento destinados a familias, jóvenes y personas que atraviesan distintas situaciones de vulnerabilidad.