“Las piernas aguantan si el corazón se enciende”: la experiencia de una peregrina de Ramallo hacia Luján
La fe, la emoción y la solidaridad marcaron la peregrinación a la Basílica de Luján que culminó el domingo pasado. Para Verónica Casaldarnos, vecina de Ramallo, la experiencia tuvo un significado especial: se sumó por primera vez a la columna coordinada por Matilde Aristiqui, atravesó las dificultades del camino y vivió de cerca la preocupación por el accidente que sufrió el vehículo de apoyo del grupo, en el que una mujer de Villa General Savio resultó gravemente herida.
El miércoles 7 de octubre, alrededor de las 7.30, una camioneta que acompañaba a los peregrinos fue embestida por un camión sobre la Ruta 9, a la altura de Alsina. En el vehículo viajaban cuatro personas y un perro. Como consecuencia del impacto, María Ester Aristiqui, de Villa General Savio, sufrió heridas de gravedad y debió ser internada en terapia intensiva en Zárate.
Según contó Verónica durante la entrevista, la mujer sufrió fracturas en una muñeca y la pelvis, además de una lesión en la vejiga que requirió una intervención quirúrgica. Su estado era crítico y necesitaba estabilizarse para poder ser trasladada. “Necesitamos que todos recen, necesitamos un milagro”, expresó Verónica, quien también destacó que habían recibido noticias alentadoras el domingo, después de llegar a la Basílica.
Pese a la conmoción, el grupo decidió continuar con la peregrinación. Según relató, la propia María Ester había pedido que siguieran adelante y, con el consentimiento de sus familiares, los peregrinos retomaron el camino con la intención de acompañarla espiritualmente y pedir por su recuperación. “Es como que llevábamos una mochila y se cargó por el camino”, describió Verónica al recordar cómo el accidente modificó por completo el sentido de una experiencia que ya era importante para cada uno de los participantes.

La columna coordinada por Matilde Aristiqui partió desde el barrio San Jorge, de San Nicolás, y avanzó por la Ruta 1001. La lluvia, el barro y las condiciones climáticas complicaron las primeras jornadas, pero el grupo continuó su recorrido con la ayuda de los vehículos de apoyo.
El sábado, los peregrinos llegaron a Ramallo, donde Verónica y su marido los esperaban en el Centro Nuestra Señora de Luján, con la colaboración de Cecilia, integrante del lugar. Allí pudieron descansar y compartir un almuerzo antes de continuar el viaje.
Verónica explicó que había propuesto ese espacio para que el grupo pudiera hacer una parada en Ramallo, en lugar de continuar directamente hacia El Paraíso. Para concretarlo, habló con el sacerdote Marcelo Temperini, quien autorizó la utilización del centro.
La vecina de Ramallo se había sumado a esta columna como peregrina por primera vez, aunque ya tenía experiencia en este tipo de caminatas. En 2023 y 2024 había participado de otras peregrinaciones a Luján y, tras conocer a Matilde Aristiqui el año pasado, decidió acompañarla en esta oportunidad. “Me transmitió mucha paz y por eso me quise sumar”, contó sobre el vínculo que la llevó a integrarse al grupo.

El recorrido continuó por San Pedro, Río Tala, Alsina y Campana, hasta llegar a Open Door para realizar el último tramo. El domingo por la mañana, después de caminar los últimos 14 o 15 kilómetros, la columna llegó a Luján alrededor de las 9.30, para participar de la celebración religiosa junto con otros grupos de peregrinos.
Para Verónica, peregrinar es mucho más que caminar durante varios días hasta llegar a un santuario. Es una forma de agradecer, pedir por sus seres queridos y encontrar un espacio para sanar.
Recordó que en 2023 había prometido llegar a la Basílica de Luján para agradecer por la salud de su hijo, quien había sobrevivido a un accidente. También explicó que, por problemas de salud, el año pasado no había podido participar de la caminata. “Siempre fui una persona de agradecer, de pedir por mí y por los demás. Sigo yendo para agradecer el milagro de mi hijo, para pedir por la unión de mi familia, por trabajo”, relató. Y agregó: “Para sanar, cosas que todos tenemos para sanar. Por ahí nos vemos fuertes por fuera, pero siempre tenemos heridas por dentro”.
La llegada a la Basílica tuvo este año una emoción diferente. Verónica contó que sintió el acompañamiento de la gente que se acercaba a los peregrinos y se unía en oración por María Ester. “Iba con una mochila muy grande y sabiendo que tal vez no iba a poder llegar este año por problemas de salud, pero gracias a ella, gracias al apoyo de mis compañeros, la verdad que no lo sufrí para nada en el sentido físico”, recordó. Aclaró que lo que más le afectó fue la preocupación por su compañera y por toda su familia.

Aunque el cansancio, las inclemencias del tiempo y las situaciones inesperadas forman parte del camino, Verónica considera que la experiencia está al alcance de quienes deciden intentarlo. Para ella, el esfuerzo comienza desde el momento en que una persona se anima a salir de su zona de confort y dejar por unos días su rutina.
Al ser consultada sobre si volverá el próximo año, aseguró que seguirá vinculada a la peregrinación y a las tareas misioneras. También destacó la unión del grupo que conoció en esta oportunidad y adelantó que espera volver a compartir el camino con ellos.
Antes de despedirse, dejó un mensaje para quienes alguna vez pensaron en participar, pero creen que no podrán completar el recorrido. “Es muy lindo, es muy sanador, se juntan muchas emociones, se reza mucho, se llora mucho y a veces uno ni sabe por qué está llorando, pero son cosas que van aliviando el alma”, expresó.
Y cerró con una frase que resume su manera de entender la fe y el esfuerzo: “Hay que olvidarse de las excusas y las piernas aguantan si el corazón se enciende”.

