La Provincia difundió una guía para el abordaje responsable del suicidio en los medios
La Subcomisión Interministerial para la Prevención y Abordajes del Suicidio en las Adolescencias y Juventudes de la Provincia de Buenos Aires elaboró una guía destinada a periodistas, comunicadores y medios de comunicación con pautas para abordar de manera responsable las noticias vinculadas con el suicidio y las autolesiones.
El documento, titulado “Pautas para el abordaje responsable del suicidio y las autolesiones”, plantea que los medios tienen un papel clave en la prevención, ya que una cobertura puede contribuir a reducir el estigma, promover la búsqueda de ayuda y visibilizar estrategias de cuidado colectivo.
La guía sostiene que el suicidio debe ser abordado como un problema de salud pública y no como un hecho policial o espectacularizante. En ese sentido, propone un tratamiento basado en los derechos humanos, que proteja la dignidad y la intimidad de las personas y que tenga en cuenta la naturaleza multicausal y compleja de la problemática.
Uno de los principales apartados está dedicado específicamente a aquello que los medios deberían evitar al informar sobre un suicidio.
La guía recomienda no difundir detalles sobre el método empleado, no repetir información morbosa o sensacionalista y no divulgar la identidad ni imágenes personales. También desaconseja realizar entrevistas durante momentos de duelo sin consentimiento.
Además, propone evitar expresiones como “cometió suicidio”, “fracaso” o “éxito”, así como generalizaciones como “epidemia de suicidios”.
Otro de los puntos destacados es la necesidad de no establecer explicaciones simplistas ni atribuir el hecho a una única causa. La guía advierte sobre el riesgo de vincular un caso con prejuicios relacionados con el género, la edad o la condición social.
En este sentido, el documento remarca que no existen factores de riesgo que puedan aplicarse de manera lineal a cualquier persona o comunidad, ya que cada situación depende de condiciones particulares.
La propuesta no plantea dejar de informar sobre estos hechos. Por el contrario, sostiene que el tratamiento periodístico de una problemática sensible como el suicidio “no implica la omisión de información”, sino la responsabilidad de abordarla desde una perspectiva respetuosa y basada en derechos.
El objetivo es que el periodismo pueda ofrecer información rigurosa, desalentar la estigmatización y acercar a la ciudadanía recursos de acompañamiento.
Entre las recomendaciones, la guía propone utilizar un lenguaje cuidadoso, respetar la privacidad y el dolor, ofrecer recursos de ayuda y contextualizar los casos con voces especializadas. También plantea que, antes de publicar información, debe verificarse que la familia haya sido notificada.
A la hora de construir una cobertura, se recomienda consultar fuentes especializadas y diversas, como profesionales de salud mental, educación y trabajo social, además de utilizar estadísticas validadas y consignar su fuente y año. También se propone que los medios puedan contar con una agenda de especialistas locales o regionales para abordar estos temas.
La guía dedica un apartado específico a las entrevistas y plantea que, en lugar de concentrarse exclusivamente en el hecho doloroso, una cobertura puede utilizarse para hablar de prevención, salud mental y redes de contención.
Para las entrevistas con especialistas, por ejemplo, propone preguntar por los recursos disponibles para pedir ayuda, las condiciones sociales, económicas y culturales que intervienen, las estrategias de prevención, los tratamientos y acompañamientos existentes y las políticas públicas vinculadas con la problemática.
En cuanto a familiares y personas del entorno, la recomendación es mucho más restrictiva. La guía señala que, debido a la extrema sensibilidad de estas situaciones, se recomienda enfáticamente evitar este tipo de entrevistas. Si excepcionalmente se realizan, deben contar con consentimiento explícito y desarrollarse con especial cuidado, sin presuponer motivos, atribuir culpas ni presionar para obtener información.
Otro de los conceptos centrales del documento es que el impacto de una cobertura no termina cuando se publica la noticia.
La guía plantea que toda la comunidad afectada por un suicidio atraviesa un proceso de posvención y que la forma en que se realiza la cobertura puede contribuir a la prevención o, por el contrario, repercutir negativamente sobre las personas cercanas y la comunidad.
Por eso, propone que las coberturas logren un “balance informativo”, combinando la descripción del problema con información sobre prevención, recursos de ayuda, líneas de atención y dispositivos de acompañamiento.
También incorpora una recomendación dirigida a los propios equipos periodísticos: cuidar a quienes trabajan con este tipo de contenidos. La exposición reiterada a situaciones dolorosas puede generar una sobrecarga emocional y aumentar el riesgo de caer en tratamientos sensacionalistas o revictimizantes. La revisión entre pares antes de publicar aparece, en este sentido, como una herramienta tanto para cuidar al equipo como para mejorar la calidad de la información.
La guía también plantea criterios específicos cuando las noticias involucran a niñas, niños y adolescentes. Señala que las coberturas deben respetar su dignidad, privacidad, salud, educación y el principio de no discriminación.
En estos casos, propone desplazar el foco de los detalles del hecho hacia información sobre programas de apoyo en salud mental, espacios de contención, entrevistas con profesionales y estrategias de prevención en ámbitos escolares y familiares.
La publicación también recomienda considerar que el suicidio es una problemática especialmente relevante entre adolescentes y jóvenes y plantea la necesidad de reconocer a niñas, niños y adolescentes como sujetos de derecho, incluyendo sus voces y experiencias cuando corresponda.
En sus conclusiones, la guía define el material como una invitación a repensar el rol social de los medios y los comunicadores frente a una problemática sensible.
El documento sostiene que “el suicidio no es una noticia más” y que informar sobre estos hechos requiere profundidad, conexión con recursos de ayuda y un trabajo destinado a desarmar estigmas.
La publicación resume su propuesta en una idea central: “Cada cobertura responsable es un acto de prevención. Cada palabra cuidadosa, un gesto de respeto”.
Desde esta perspectiva, la guía busca que el tratamiento periodístico no se limite a contar qué ocurrió, sino que contribuya a generar información útil, fortalecer las redes comunitarias y promover el acceso a ayuda, manteniendo al mismo tiempo el rigor periodístico y el respeto por las personas involucradas.

