¡La difícil tarea!
¡Corramos las sillas hacia la ventana así no sale en las fotos!; ¡no hable nadie, que tiene que mandar un audio!; ¡el video tarda en cargar… tené paciencia!; ¡mi celular está en terapia!; ¡apurate a grabar porque el grupo cierra a las doce!; ¡cuando empiece el Zoom andá al comedor y sentate en una silla, no lo hagas desde la cama!; ¡esto en un momento era un living… así que levanten las cosas de arte y educación física que usaron!; ¡a las diez las maestras se conectan así que apurate a resolver la tarea!.
Las mañanas tranquilas rebasadas por el silencio se transformaron en locas e incoherentes mañanas. Si alguna mente sobrenatural en el pasado llegaba a pensar que podía ocurrir algo semejante, sin dudas debería ser ganador de “mentes brillantes”.
Más de una vez las madres pedíamos que dejaran ese celular porque no los iba a educar… Y hoy tan naturalmente rogamos que no se les termine la batería.
Como Don Quijote; estamos protagonizando nuestra propia obra, sin dudas somos como unas marionetas manejadas por el destino caprichoso, como guión le demanda a su actor.
Tener en casa una criatura que iba a la escuela, y ahora sentir que somos los conductores designadas para llevarla por las ramas de la educación, puede llegar a ser aterrador; pero lo es más, si la pequeña de la familia apenas cursó dos semanas en primer grado antes de que el mundo comenzara a funcionar como un pseudo artefacto descompuesto.
La paciencia se va debitando de nuestra máquina interior, como deuda que el banco se va cobrando. Más aún cuando personas como yo, sin tolerancia alguna, tiene que cumplir una de las tareas más importante de la existencia humana misma; «educar»… o más bien acompañar más vehemente que en otro momento.
Pensar que nadie nace sabiendo y que todo es un proceso, desactiva esa mirada extremadamente aterradora parecida al señor del tridente, tomamos un suspiro para volver a nuestro color natural, mientras las arrugas de la frente van desapareciendo, para ser consciente de que los consejos express de las señoritas van a cumplir su cometido… Ya la voz no es tan áspera y las frases tiernas y de aliento retoman su tarea.
Como poseedores de un feudo funcionalismo disfuncional, nos apoyamos en esas maestras que reciben nuestros mensajes, casi desesperados, fuera de hora, pidiendo que nos ayuden… es ahí cuando realmente se realiza el milagro; encontramos la llave que abre una de las puertas que está adelante. Siendo conscientes de que faltan muchas más por abrir, pero nos conformamos con que hoy se dio una gran paso hacia ese cometido que antes parecía tan lejano.
Nos planteamos la certeza de que mañana será diferente… y ahí estamos…frunciendo el ceño una vez más.
Maria. J. L. Gancio
