Los seres humanos por lo general nos vivimos planteando interrogantes sobre la existencia humana, y con esas dudas transitamos nuestra vida entera, sin manuales a disposición, ni referente de la perfección, hacemos de lo que depara nuestro destino, la religión por la que nos moveremos cada milésima de segundos. ¿Qué es lo mejor? ¿Quién lo dice? ¿Por qué debería ser de esa manera?, y ahí andamos, a veces la mayoría a los tropezones… Hasta que de repente encuentras a alguien, que te sorprende al escucharlo.
No tiene un libreto ni un referente de la perfección, pero si tiene la seguridad de que es lo correcto para él, o para su futuro, y en dos segundos, con argumentos que analizándolos detenidamente, ya con la cabeza en la almohada, te hace dar cuenta, que puede probar su teoría: “Todo futbolista con esfuerzo puede llegar a jugar al lado de Messi, o todo alumno con muchas horas de estudio se puede llegar a destacar” (aunque de la primera teoría en lo personal, creo que es un cincuenta por ciento esfuerzo, y el otro cincuenta talento).
Ya decía Albert Einstein: «La mayor fuerza de la naturaleza, no es la energía atómica, es la fuerza de voluntad», o Mahatma Gandhi, «la fortaleza no llega de la capacidad física, llega de una voluntad indomable».
Julián Ferres ha salido últimamente en los portales de noticias de la ciudad de Ramallo, por lograr aquello que a lo mejor la mayoría considera como correcto, tal vez lo mejor, o un sueño inalcanzable.
Hoy en Londres, a una semana de su llegada, Julián nos cuenta sobre su pasado, su presente, y lo que presume de su futuro.
Julián es oriundo de Ramallo, más precisamente de Villa, es estudiante de Ingeniería en Informática en la Universidad de Buenos Aires, más conocida como: UBA. Estando ya por su quinto año, habla de esa tesis final que el año que viene le dará el título. Sin ganas ni tiempo de quedarse solo con eso, sin intervención alguna de la facultad, aplicó para una pasantía de 3 meses en Facebook, y hacia allí voló.
Cuando nos cuenta que ingeniería es una carrera exigente, que de mil solo están cursando esa última materia unos seis o siete, inmediatamente la pregunta es; ¿Qué está haciendo demasiado bien como para ser uno de los únicos que lleva la carrera al día?, la respuesta está sin dudas en su pasado.
En la primaria se vaticinaba, se arriesgaba a pensar cuál sería su futuro. En la secundaria tuvo excelentes promedios, fue abanderado, y participo todos los años en las olimpiadas de matemática, tanto en las provinciales, como en las nacionales, y las sudamericanas, esta última le dio una hermosa medalla de plata, (no aclaro los resultados de las instancias anteriores, porque si salió del país para representarnos, ya sabemos que subía al podio). En las actividades extra curriculares, como inglés, llegó a un nivel que pocos suelen alcanzar. Ya más cerca del presente Julián también se destacó en las olimpiadas de programación… ¡No sé! A lo mejor todos estos datos nos dicen algo… ¡Sin dudas!
Hoy se ve un resultado, se ve una victoria, pero Julián aplicó el año pasado para Facebook, estudio muchísimas horas para que después de unas cuantas entrevistas no pudiera quedar, tuvo una oferta de Google en EE.UU., pero no le daban la visa que necesitaba, realizó un promedio de dos mil problemas, para que en este año se le diera, sacrificó muchos fines de semanas con amigos, para “devorarse los libros”, (frase trillada y hasta vulgar para referirse a la forma de adquirir conocimientos, pero por momentos necesaria para que la conjetura no sea tan inexacta) el proceso es lo que la gente no suele ver.
“Necesitas hacer sacrificios, son procesos al cual tienes que dedicarle mucho tiempo”… “A veces la gente se frustra, ante una caída o una negativa, pero esto se trata de seguir”… “Siempre a largo plazo y no hay talento, sino sacrificios”
Julián ferres fue un niño sociable que jugaba en la calle con los amigos del barrio, hacía básquet en las inferiores de Defensores, asegura que las macanas no fueron parte de su niñez, (aunque yo le preguntaría a su mamá, ya que las madres siempre tenemos algunas de nuestros hijos para contar).
Tiene 23 años, es fanático del básquet de la NBA como su hermano, y un poquito del futbol gracias a San Lorenzo, elige como canción preferida a “Eiti Leda” de Serú Girán, a “El Origen”, como una de su película preferida, y “The Office” como la mejor serie.
Le encanta cocinar, para eso también investiga y se prepara, los Tacos, y las pizzas, dice que es lo mejor que le sale.
Julián tiene novia, comparte departamento con su hermano, y con la pandemia se ha acostumbrado a que casi todo sea virtual, estudia muchas horas, sin dejar de lado algún que otro encuentro con sus amigos. Después de estos tres meses, se esforzará aún más para terminar la carrera, y volver a aplicar en Facebook o alguna otra empresa similar, pero esta vez “full time” (no solo por tres meses, sino indeterminadamente). Como suele ocurrir con los grandes talentos, su futuro lo ve fuera de Argentina.
Sin demasiados interrogantes, él mismo busca su destino, él mismo escribe su propio manual, con esfuerzo y voluntad como sus principales armas.
Seguramente con el tiempo volveremos a escuchar su nombre y acá estaremos encantados de volver a escribir sobre él.
Por: María Gancio.
