El Juego de la Vida

Grande… ¿Cuán grande es? ¡Campeón!

Como todos los seres que pasamos por este mundo, sin excepción alguna, nos centramos en cierto momento de nuestra vida, en modelos a seguir, todos tenemos consciente o inconscientemente, a alguien que nos agrada, a alguien a quien queremos copiar, tal vez en su forma de hablar, de pensar, de actuar, incluso hasta en sus formas más banales, deseamos parecernos al menos un poco, incluso los hay quienes se arriesgan a perfeccionarse para llegar.

No soy la excepción… A pesar de que el gran modelo a seguir es mi mamá, sabiendo que con el 10 por ciento ya seré una gran persona, hay alguien más… Margarita Rosa de Francisco me hace sentir el querer, al menos parecerme un poquito a ella, ¡No como actriz!, ¡Aunque mi cara da para todo!, ni como cantante y menos como compositora… Pero si como columnista. Margarita, en todo este tiempo que la he estado leyendo, me ha enseñado que una entrevista es más que lo que responde nuestro personaje.
Hoy tengo una sensación al escucharlo… ¡Es grande! ¿Por qué creo sentir que no se trata como tal?… Tal vez no sea una pregunta y si una afirmación para exponer al final, aunque siendo sincera prefiero desde un inicio dejarme llevar por mis sensaciones, esperando que a medida que pase la nota me lo pueda responder.
Eduardo Rubén López, “lopecito”, “crotelli”, “campeón” o como quieran llamarlo, está a punto de cumplir 50 años. Y no es medio siglo que pareciera en vano, sino todo lo contrario… Un decalustro de pura adrenalina, de no quedarse y querer hacer más, ir por eso que lo apasiona.
En el barrio Avellaneda, de la ciudad cabecera del partido, ya hacía honor a lo que se vendría en su vida con esos kartings a rulemanes, que dejaban más de una abrasión en el cuerpo, después de que la polvareda se asentaba.

Eduardo reconoce que tuvo una hermosa infancia, la cual compara con la actualidad, sin poder entender a esta última donde la tecnología nubla la creatividad de los chicos. A sus trece años, después de finalizar la primaria, comenzó a trabajar en reparto junto a su padre, mientras el karting se convertía en algo más serio, para que tres años después, se estuviera subiendo a un auto de competición.
Trabajo, competencia y motores sería el inicio de una vida abocada a ello. Era el año 2003 y los encontraba a él y a su hija, quien solo tenía seis años por ese entonces, dándole pelea a los campeonatos de karting y al de TC 850. Sin dudas la pasión por el deporte motor era hereditaria. Por circunstancias económicas, Eduardo y su hija con los años tuvieron que dejar de correr, lo recaudado en las peñas dejó de ser suficiente.
En el año 2012, la adrenalina se volvía a impregnar en él, y en esta ocasión la carrera en cuatriciclo era lo que le demandaba casi toda su alegría. Por cuestiones que en el momento no solemos comprender, pero que al paso de los años, la vida misma nos enseña que solamente fue parte del juego, hizo que López tuviera que vender su cuatriciclo, y la moto náutica como quien manda una señal en un clasificado, se convirtió en más que un juguete, en la herramienta de competencia preferida hasta el momento.
Comenzaron los triunfos en jet ski y moto de agua. Un mecánico de Villa Carlos Paz, quien se había destacado en esta disciplina, los antecedentes de la picardía de López, un entrenamiento adecuado, más el apoyo familiar parecía en círculo perfecto para empezar a coronarse en lo que se vendría.
Los títulos obtenidos llamaron la atención de una familia yankee (Miami´s Jet Ski Shop) quien comenzaron a patrocinar, y llevarlo por el mundo para competir.

Eduardo fue subcampeón y campeón Argentino, campeón Paraguayo, Sudamericano y participó en tres mundiales, pudiendo salir campeón en una de las oportunidades. Desde Ramallo a Córdoba, Tucumán, Uruguay, Paraguay, Brasil, EE.UU., Tailandia, París, Bélgica, Georgia y muchos lugares más.
Aunque por la pandemia ya no cuenta con su sponsor, sigue compitiendo a base de su propio esfuerzo económico.
Eduardo Rubén López es un hombre que pasó por casi todas las circunstancias desfavorables de la vida, pero también por los triunfos de la misma. Amante del aeromodelismo, de todos los tipos de competición motor, del boxeo y de la UFC, ve que su camino se va reduciendo.
¡Es grande! ¡Y no de edad!, tampoco de cuerpo, es grande porque gracias al apoyo de su esposa, hijas y nietos, hizo y sigue haciendo lo que más ama; subirse a una moto de agua y casi siempre coronarla con un podio… También es grande por sus trofeos. ¿Un reconocimiento como deportista destacado de la ciudad y una beca es suficiente?…
Eduardo nos representa, deja bien en alto la Bandera de Ramallo, pero sobre todo la de nuestro país… No sé… Se me vino la cabeza una imagen de López llevado en andas… Esto sí, creo que sería un reconocimiento demasiado excesivo… No sé cuál sería el trato ideal para este campeón, lo único que me queda en claro es que ¡me enorgullece que sea nuestro!, de nuestra ciudad…
Aprender a valorar lo bueno que nos pasa en la comunidad también es crecer.
Por: María Gancio..

Deja una respuesta