En El Paraíso, una huerta comunitaria crece como espacio de aprendizaje, producción y encuentro
Un proyecto que comenzó el año pasado como parte de los talleres municipales hoy sigue creciendo gracias al compromiso de un grupo de vecinas que decidió mantener viva la iniciativa incluso después de finalizado el curso. Se trata de la huerta comunitaria de El Paraíso, un espacio que no solo produce alimentos frescos, sino que también fortalece el trabajo en equipo y representa una ayuda para muchas familias de la localidad.
En diálogo con Radio Meta, la directora de Desarrollo de la Comunidad de El Paraíso, Inés «Pochi» Hernández, contó que la propuesta nació en abril de 2025 impulsada por la Municipalidad de Ramallo, dentro del programa de talleres municipales. La capacitación estuvo a cargo del ingeniero agrónomo Adolfo Caamaño, con el acompañamiento del Centro de Educación Agraria (CEA).

«Acá, en El Paraíso, tenemos unos terrenos formidables para el desarrollo de la huerta», destacó la funcionaria, al referirse al espacio municipal donde funciona el proyecto.
Además de brindar la capacitación técnica, el CEA colabora con maquinaria para preparar la tierra, semillas y plantines, mientras que los propios participantes también aportan semillas y especies que luego se incorporan a la producción. A este trabajo colectivo también se suma Silvia Gaeto, del vivero El Picaflor, quien colabora de manera permanente con la huerta.
La iniciativa surgió con un fuerte componente social. Según explicó Inés, El Paraíso cuenta con pocas oportunidades laborales y la huerta representa una alternativa para producir alimentos y aliviar el gasto diario de las familias.

«Todas estas cosas nos alivianan un poco la canasta familiar», señaló, al tiempo que recordó que la cosecha del año pasado fue utilizada tanto por la cocina comunitaria como por los propios vecinos que participaron del proyecto.
Actualmente la huerta produce rúcula, rabanitos, achicoria, cebolla de verdeo, zanahorias, cebollas, además de distintas plantas aromáticas como romero, orégano y albahaca, que también cumplen una función en el control natural de plagas.
Uno de los aspectos que más destaca la directora es el compromiso de quienes integran el grupo. Aunque el taller finalizó en diciembre, las participantes decidieron continuar trabajando durante todo el verano para mantener la huerta en producción.

«El taller terminó en diciembre, pero hablando entre todas decidimos seguir la huerta para que no se nos llenara de maleza y mantenerla», relató.
Con el paso de los meses el proyecto fue sumando nuevos participantes que colaboran de distintas maneras, ya sea trabajando en la tierra, acercando semillas, plantines o compartiendo conocimientos.
Las tareas demandan varias jornadas por semana y requieren una dedicación constante. «Tenemos horario de entrada, pero no de salida», comentó entre risas, reflejando el entusiasmo con el que el grupo sostiene la iniciativa.

Además de producir alimentos para el consumo, quienes deseen colaborar con la huerta pueden adquirir parte de las verduras cosechadas. Lo recaudado se destina a la compra de nuevas semillas e insumos necesarios para continuar el trabajo.
El grupo ya piensa en nuevos desafíos. Entre los próximos proyectos figura la creación de un pequeño vivero y la producción de plantines de flores para seguir ampliando la propuesta.

