El Juego de la Vida

En el Día del Arquitecto te presentamos la historia de Pablo Ribé

Un gran valor para la sociedad.

Bienvenido querido lector una vez más a la columna de sociales de este medio… Qué frase mediocre ante la falta de conceptos, tal vez sea por el nerviosismo de querer transportar hacia ustedes la idea exacta de cómo es este nuevo “personaje”.
Sin menospreciar absolutamente a ningún entrevistado anterior, hoy la sensación debe ser la misma que la del viento, sin poder comprobar esta teoría que circulaba a través de las hélices de un Airbus A380 encendido (uno de los aviones comerciales más grande que ha existido), ya que esos 60, o tal vez 70 kW de potencia, hoy los siento al querer redactar sobre la vida de un erudito, que parece que se saca la coraza de humildad que tiene puesta casi las 24 horas del día, solo cuando pone sobre su mesa un nuevo proyecto, o está al frente de sus alumnos… Alumnos de la escuela en la que le enseñaron a “trotar”.
Pablo Félix Ribé, dice ser una persona que se tomó la vida como una aventura, donde siempre está apegado a su tierra y a su familia… No suele mostrar una imagen de lo que no es en la vida real, se maneja auténtico a sus valores y a sus sentimientos, aunque en la política se suele creer, o más bien lo suelen juzgar desde una óptica contraria, sin llegar a entender que en realidad es apartidista sin ser apolítico … Más adelante me explayaré al respecto.

Dicen que a las personas nunca las terminas de conocer, y siendo solo la segunda vez que lo entrevisto, yo le creí… Le creo… Lo siento auténtico, por supuestos que todos tenemos pinceladas de luz y pinceladas de oscuridad, como Caravaggio plasmó en su obra “La Vocación de San Mateo” en 1601. A pesar de esas sombras que deja entrever, pero que decide guardarse para él, o tal vez para su familia, lleva adelante una honestidad que le permite caminar con la frente en alto. Para aquel que no es sordo, aunque no suele escuchar, la honestidad no es tan buena, es ahí que se transforma un poco en esa espada de doble filo, pero los hay, quienes preferimos una verdad, hasta diría dolorosa, que una mentira que ilusiona.
Pablo es de acá, es nuestro, las calles Yrigoyen y Sarmiento han sido testigos de sus travesuras, es el cuarto hijo varón de una familia laburante. “El potrero fue una especie de ágora, de nuestra infancia, teníamos nuestra canchita de fútbol que tenía hasta vestuarios enterrados, un verdadero estadio de fútbol”. Habla de zagüanes y potrero como si a su memoria se colaran esos recuerdos fugaces, esbozando una pequeña sonrisa.

«Beba» y «Pepe», sus padres, fueron los primeros que le dieron la oportunidad de ser Pablo, no el hijo dé.
En el jardín se gatea, en la escuela se camina, en la secundaria se trota y la carrera te la da la facultad… ¡Vaya redundancia! Hay quienes apostaron más por él, imaginándolo en ese podio con el título en mano, otros un poco menos, pero lo más importante sin dudas fue la de él… Apostó por sí mismo.
“No hay manera de no ser político, toda persona que se integra en una sociedad tiene un ser político dentro, que lo puede desarrollar o no. Yo me considero un rotundo fracaso como político, lo digo desde el orgullo y no desde la pena. Soy un fracaso porque no me encuentro con la política tradicional”… “Desgraciadamente, está siendo moderada de eficiencia, de entendimientos de las prioridades. Veo un nivel de mediocridad, de mezquindad que está bueno haber fracasado en este ámbito. En una carrera de mafiosos me gustaría salir último”… ¿Es necesario aportar algo más a estas frases? Creo que pintan a un Ribé a la perfección.

“En partidos como Ramallo desde la óptica demográfica, veo la necesidad de que se forme una agrupación vecinal, con gente de todos los partidos políticos, que tiren juntos para un plan de salud digno, un plan de desarrollo urbano que sirva para todos, un consejo de asesores con los intendentes que han pasado.”
Algunos piensan que es del Pro, otros que es del Peronismo, porque aquel que lo necesitó, sin importar el partido, él los ayudó. Dice que pertenece a la sociedad y no se encajona en ninguna de esas divisiones. El mejor ejemplo fue el “plan pavimentar”, donde hicieron más de 400 calles que planearon con el arquitecto Soma, Matías Bersano, Daniel Sbutoni, Ricardo Velo, en su estudio con mate de por medio estando enfrentados políticamente.
Es tosco consigo mismo… Se apalea reconociéndose como un carente a la hora de poseer una historia digna de contar, busca recursos, argumento desde la oralidad para demostrarlo. No mira en retrospectiva, no le gusta argumentar su pasado, aunque si está pendiente del futuro… Pero… Hay algo de esta historia que la desencaja de las historias comunes u ordinarias… Es un personaje aparte de talentoso, consciente y agradecido.

“Tengo la necesidad de cumplir para devolver algo a esa educación que ha sido gratuita y la que me permitió llegar a donde llegué”. Colabora con diferentes instituciones, dice que lo hace desde el egoísmo, para sentirse en paz consigo mismo, quiere devolver al estado, a la sociedad, algo de lo que le dieron, mínimamente, aunque sea solo como un gesto.
Si pudiera colocar un emoji en esta nota, sería esa carita mirando para arriba mientras con su mano en el mentón parece estar pensado… ¿Cuántos hay que aprovecharon esa educación gratuita para subir a ese escalafón social, y luego colocarse en esa pirámide derrocadora de humildades, solo para sentirse superiores?, sin pensar siquiera en devolver cosa alguna a la sociedad… ¿Es necesario responder?, ¡No! ¡Claro que no!, ya ustedes lo hicieron por mí.
La vida hoy lo encuentra un poco alejado de la política, pero con muchos proyectos para el bienestar social, lo encuentra casado con una profesional en la educación, con un hijo en pleno“trote”, con su madre grande al cuidado de sus hermanos en Bs. As. pero presente para recordarle cada día, ese amor incondicional. Lo encuentra con tres títulos en su poder; arquitectura, formación docente y profesor de arte… Hablando apasionadamente de la educación y los cambios gubernamentales que se tienen que producir en ésta.
Es pisciano, hincha del «rojo», amante de la música en todas sus expresiones, aunque según él, menos cuando intentaba tocar el violín, fanático del aeromodelismo, maquetista y sobre todo, compulsivo proyectador del futuro. A cada punto cardinal al que observe en el partido todo, seguramente verán algunas de sus obras, denotando no solo la cantidad de trabajo que ha tenido, sino la calidad que ha desplegado.
Con la autoridad de observadora y entrevistadora que me confirió, estoy capacitada para decir que gente como Pablo Félix Ribe, si saca a un país adelante, sin dudas es un gran valor para nuestra sociedad.
Por: Maria Gancio.

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