Durante su participación, le dio la razón a todos aquellos que le recomendaban ir a probar suerte, ya que -a pesar de su extrema timidez- logró avanzar de manera firme y segura hasta el final de la competencia. Ya ubicado en el octavo escalón, se enfrentó cabeza a cabeza contra Martín y, aunque empezaron la última ronda de preguntas empatados, el gerente bancario pudo ganar terreno.
Finalmente y tras responder correctamente una consigna sobre el mundo del entretenimiento y del espectáculo, se ganó el tan ansiado millón de pesos. Agradecido, reveló que cada centavo estaría dedicado a su hija, a modo de regalo para ayudarla a que se independice.
“Siempre me insistían para que me anote, pero la que me convenció fue ella y el millón es para que se independice. Es para ella, yo ya no quiero más”, expresó, sin poder creer que, efectivamente, se llevaría el premio a su casa.
Con el gigantesco cheque simbólico en mano y ya liberado de algunas de las inhibiciones que obstaculizaron sus participaciones pasadas, se arriesgó a más y aseguró que regresaría al día siguiente para poner su suerte a prueba una vez más. Dicho y hecho, el viernes por la tarde, Diego dio el presente al comienzo del programa.
A diferencia de tantos otros que, a pesar de triunfar una vez, en el segundo intento quedan descalificados en los primeros escalones, el participante volvió a encontrarse nuevamente entre los finalistas. Pasada otra reñida última ronda, esta vez enfrentado a Graciela, se llevó otra vez el millón y hasta aceptó la invitación para volver una tercera vez.
Antes de consagrarse como el ganador, aprovechó para compartir una profunda reflexión. Después de que Guido Kaczka remarcó que el segundo premio también sería para su hija, Diego expresó: “Estudia arquitectura, es buena chica, más no puedo pedir”.
Y agregó: “Estudia en la universidad pública, como yo. Todo mi conocimiento se lo debo a la educación pública. Soy hijo de la educación pública y trabajo en la banca pública, con lo cual le devuelvo lo que me dio. Ojalá siempre sea así”.