El Dr. Alejandro Oliva recordó el estudio sobre contaminación realizado en Ramallo
El responsable del trabajo impulsado por la Universidad Nacional de Rosario repasó los resultados obtenidos entre 2017 y 2019, que detectaron problemas en la calidad del agua y del aire, además de indicadores sanitarios que motivaron una serie de recomendaciones para el distrito.
En diálogo con Radio Meta, Oliva recordó que el trabajo fue realizado a pedido de las autoridades locales de aquel momento (primer Gobierno de Poletti) y consistió en una caracterización ambiental integral de las cinco localidades del partido. “Evaluamos aire, evaluamos todo lo que tenía que ver con suelo y aguas. Además evaluamos cuál era un poco la percepción de la población en relación a estas problemáticas e identificamos a Ramallo dentro de una región de la provincia de Buenos Aires con niveles aumentados de riesgo por enfermedades como, por ejemplo, el cáncer”, explicó.
El investigador detalló que los estudios incluyeron análisis microbiológicos, físicos y químicos de las aguas de consumo. “Estudiamos los niveles de arsénico en las aguas de consumo y los niveles de nitrato que había también en las aguas de consumo”, señaló.
Según recordó, una de las principales recomendaciones surgidas del informe fue mejorar el tratamiento del agua. “Encontramos colonias bacterianas que estaban un poco aumentadas y se planteó la necesidad de ajustar ese nivel de cloro, que creo que se hizo inmediatamente. Después se planteó que había que poner sistemas para poder remover arsénico y nitrato en agua”, indicó.
Oliva aclaró que la propuesta no apuntaba a filtros domiciliarios sino a intervenciones en las plantas de tratamiento. “La remoción hay que hacerla a nivel central y como en Ramallo casi todo el partido tiene buena distribución de agua, se puede hacer a nivel central”.
Además recordó que la presencia de arsénico es un problema extendido en gran parte de la provincia de Buenos Aires. “El 70% de la población de la provincia de Buenos Aires está expuesta a niveles elevados de arsénico. Este es un problema muy serio”.
Al referirse a las alternativas actuales para remover el arsénico del agua, Oliva explicó que existen tecnologías más avanzadas que las disponibles cuando se realizó el estudio. “En aquel momento para el caso del arsénico era sólo ósmosis inversa; hoy hay otras metodologías”, señaló.

Además, destacó que recientemente surgieron desarrollos más económicos. “Últimamente ha salido una metodología que están utilizando métodos mucho más económicos y que tienen la capacidad de poder destruir la molécula de arsénico, porque si no, eso que se remueve del agua empieza a dar vuelta por distintos lugares y vuelve a contaminar”.
También explicó que las nuevas técnicas: “Son a partir de energía solar y una precipitación química y destrucción de la molécula”. Respecto a los nitratos, Oliva explicó que suelen estar asociados a actividades humanas. “A diferencia del arsénico, que es un elemento natural, el nitrato en general es por contaminación humana básicamente”.
Y agregó que una de las recomendaciones del equipo estuvo vinculada al control de determinadas actividades productivas. “Hay que tener cuidado con los feedlots porque uno de los grandes contaminantes de nitrato son la acumulación de animales en superficies muy restringidas, donde la orina de los animales contamina mucho las napas”.
En cuanto a las alternativas para reducir su presencia en el agua, indicó que existen mecanismos más sencillos y económicos que en el caso del arsénico. “Con los nitratos lo mismo, lo que pasa es que son metodologías un poco más económicas que permiten removerlos”.
Según detalló, los procesos permiten modificar la composición química del contaminante. “Esto es mucho más fácil en el caso del nitrato porque se puede volatilizar o cambiar la calidad de la molécula, porque no todas las moléculas de nitrato son tóxicas”. De todos modos, remarcó que la principal estrategia sigue siendo evitar la contaminación en origen.
Para evaluar la calidad del aire, el equipo utilizó líquenes, organismos considerados indicadores ambientales. “Son uno de los marcadores más interesantes que hay para estudiar esto y se utilizan en muchos lugares de Europa para evaluar calidad de aire”.
Los resultados obtenidos fueron preocupantes. “Nuestra recomendación fue identificar qué era lo que estaba contaminando el aire. El 80 o 90 por ciento de las muestras estaban dando una mala calidad de aire”.
Según explicó, los líquenes permiten detectar la existencia de contaminación, pero luego es necesario avanzar sobre un segundo análisis para determinar cuáles son los elementos responsables. “Los líquenes tienen una característica fisiológica muy importante y es que guardan la historia de los últimos 15 años. Para poder aplicar mecanismos correctivos hay que saber qué es lo que está contaminando”. En ese sentido, agregó: “Lo que propusimos como paso siguiente era identificar qué elementos estaban contaminando”.

Sin embargo, aclaró que ese análisis debía realizarse sobre las muestras recolectadas en aquel momento, ya que los líquenes sólo conservan sus características durante un tiempo limitado bajo condiciones especiales de almacenamiento. “Una vez pasado ese tiempo hay que volver a hacer la captura de líquenes y la identificación de las moléculas”.
Uno de los aspectos que más repercusión tuvo en su momento fue la identificación de indicadores sanitarios preocupantes vinculados a enfermedades oncológicas. El profesional aclaró que no se realizó un estudio específico sobre casos de cáncer en Ramallo, pero sí se analizaron registros oficiales de mortalidad. “Pudimos identificar que el partido de Ramallo estaba dentro de una región de la provincia de Buenos Aires que tenía un 50% más de mortalidad por cáncer que el resto del país”, afirmó.
Además, indicó que los datos mostraban que: “Particularmente en las zonas de Ramallo aparecía en hombres un riesgo aumentado del 30 y pico por ciento, casi un 40% de mayor riesgo de mortalidad por cáncer”. Un valor que, según remarcó, se ubicaba: “Por encima del promedio de la provincia y de la Nación”.
Oliva explicó que la información surgió de los registros nacionales de defunciones. “A partir de esas bases de datos elaboramos este mapa de riesgo”.
Entre las recomendaciones formuladas por el equipo figuraba también la creación de un sistema permanente de vigilancia epidemiológica. “Le planteamos la necesidad de montar una vigilancia epidemiológica, particularmente con algunas enfermedades como cáncer, cáncer infantil juvenil y anomalías congénitas”.
En ese marco estaba prevista una amplia encuesta sanitaria que iba a realizarse con participación de estudiantes secundarios, pero el proyecto finalmente no avanzó. “Propusimos hacerlo con estudiantes secundarios, con coordinadores nuestros que llevaran adelante la logística de ir casa por casa. Eso nos permitía identificar además qué tipo de cáncer eran los que estaban presentes”.
El objetivo era reconstruir la historia sanitaria de las familias y generar una base de datos para el seguimiento futuro. “La única forma de hacer eso es ir casa por casa y recuperar tres generaciones para atrás para ver cuántos factores de herencia genética puede haber de por medio y no echarle la culpa solo a los factores ambientales”.
Consultado sobre qué haría si hoy fuera convocado nuevamente para trabajar en Ramallo, Oliva fue contundente. “Hoy habría que actualizar el diagnóstico ambiental de Ramallo”.
Y concluyó: “Han pasado seis, siete, ocho años. Es necesario actualizar eso y después volver a ver hasta dónde es necesario intervenir. Ojalá el diagnóstico fuera diferente en este momento, que hubieran cambiado las condiciones y demás, no lo sabemos. La verdad que no lo sabemos”.
Fotos: de archivo.

