Cuando la actividad física es parte de uno
Estamos llegando a la víspera de un año que pareciera por momentos, que vino para sanar un poco los golpes de uno anterior, que sin dudas pego… ¡Y de qué manera!
Más allá de lo anecdótico del comienzo de una pandemia, las historias siguen ahí, un poco guardadas, un poco dormidas, tal vez un poco olvidadas… Pero como las historias de los personajes Ramallenses, sacan de mí la mejor de las sensaciones a la hora de contarlas, acá estoy para ser un poco feliz, imaginándolos mientras siguen mis líneas… ¡Sí! ¡Tal vez es hora de la terapia!, o tal vez sea una de la mejor manera para sentir que vale la pena estar vivo, como dijo Héctor Alterio.
No es casualidad que comenzara la nota con la palabra golpes, el personaje de hoy, ha recibido muchos, y sin dudas ha dado otros tantos, y no lo expreso desde un lugar figurativo o implícito sino desde la literalidad misma.
Darío Fabián Pucheta, más conocido como “El Gallo Pucheta”, es un ex boxeador que ha llevado su nombre junto al de esta ciudad a diferentes puntos cardinales del planeta. Ganó 20 peleas, 11 por knockout, perdió 4, solo 1 por ko, y no empató en ninguna de sus presentaciones.
Su cualidad de aguerrido, su técnica y su contextura física, lo llevaron a EE.UU. como así también a Namibia, dejando atrás, las más de 100 peleas en el amateurismo. A sus 21 años decidió pasar al profesionalismo. Ganó un cinturón argentino y uno sudamericano, pero lo más importante, fue que peleó por los cinturones de la AMB (asociación mundial de boxeo) y de la OMB (organización mundial de boxeo), más allá de las presentaciones por el WBO & WBA International Superwelter.
Cuando se es adolescentes, por lo general, la firmeza no es tal, las dudas son partes esenciales en cada uno, los fantasmas del futuro avasallan cada oportunidad que tienen, pero ahí están los deseos para estabilizar… La seguridad de Darío a sus 18 años, lo llevó a entrenar y sentir el gusto de lo que significaba practicar este deporte.
Si bien él ya venía por ese rumbo gracias al profesorado de educación física, comenzó a limitarse en ciertas cosas para cuidar su carrera, aunque siente que no fue gran sacrificio y que sin dudas lo volvería a hacer.
“No me arrepiento de mi paso por el boxeo, sin embargo si pudiera cambiar algo sería ajeno a mí, que es tener un poco más de apoyo como deportista, para poder enfocarme solamente en eso, y no también tener que estudiar y trabajar para poder vivir”.
“Cuando volví de la pelea en EEUU, luego de haber visto una realidad deportiva completa distinta a la nuestra, algo acá inalcanzable, se me fueron las ganas de seguir peleando. Era imposible prepararse para eso en Argentina, mientras tenía que trabajar, y no quería seguir con peleas a nivel local, entonces decidí alejarme y enfocarme en mi otra profesión.”
Hoy sentimentalmente estable, con un hijo de dos años y medio llamado Benicio, con un gimnasio que le queda casi chico por la cantidad de demanda, está abocado a ser personal trainers, preparador físico e instructor de fitness de combate, mientras divide su vida también con su familia y su casa.
“No sé, si incentivaría a mi hijo a que siga ese deporte, pero si él quisiera lo apoyaría. Estar arriba del ring lo disfruté, no obstante estar de espectador, con él ahí arriba no lo disfrutaría”.
Darío en sus pocos minutos libres, nos expresa que, más que cambiar nuestros cuerpos si eso deseamos, es importante mejorar la salud, no solo física sino también mental.
-¿Dónde te ves dentro de 10 años?
– Dentro de 10 años la idea es hacer de mi negocio un mejor negocio.
Con los cinturones sobre un escritorio de recepción, música alta, personas ejercitándose, su pareja cerca y su amado pequeño sacando sonrisas, su tarde no parece más, que la de un enamorado de su gimnasio, como así también de su familia.
Por: María Gancio.

