Cocineros Ramallenses
Desde hace 23 años, Sonia Demetrio y Ricardo Oña se dedican a cocinar en los campamentos para grupos escolares. Esta pasión, que nació casi de casualidad, empezó en la Escuela Primaria N°1 y continuó por diferentes instituciones educativas del distrito. Hace pocos días regresaron de Villa La Angostura con un grupo de la Secundaria N°1; dicen que fue el último viaje.
“Empezamos acompañando a uno de mis hijos, el más chico (estaba quebrado y enyesado), a cocinar, acompañarlo y después ya seguimos haciendo este trabajo. Es un trabajo que uno lo hace desinteresadamente, porque uno no cobra, pero sabemos que a los profes les hace falta que uno les dé una mano en la cocina, porque así ellos atienden mejor a los niños”, apunta Sonia.
Sin embargo, Ricardo cuenta que hubo otra situación que se presentó y terminó por marcarles el destino. “Agarré el mango yo porque había una cocinera en la Escuela 1, y un día (el profesor) José Frías me dice: “¿te animas a agarrar vos?” y lo hablé con mi señora y arrancamos”.
Después de aquel debut en la Escuela Primaria N°1 de Ramallo, vinieron viajes con alumnos de la Escuela 26, el Instituto Ramallo, las primarias 3, 5 y 6; y también alumnos de zona rural.
En todo este tiempo tuvieron la posibilidad de visitar varias veces los campings de San Rafael, Bariloche, Merlo, Sierra de los Padres, Villa Carlos Paz, Cataratas del Iguazú, Villa Langostura, entre otros lugares.
Una vez que se llega a destino, Sonia y Ricardo se encargan de preparar el desayuno, almuerzo, merienda y cena para todos los estudiantes y docentes. Los platos más comunes son arroz con pollo, milanesas, tallarines con tuco y pastel de papa; para el postre pueden ser frutas o gelatina. Y en el desayuno y merienda les dan te, mate cocido o chocolatada, acompañada por tostadas con dulce o galletitas.
Para no encontrarse con ninguna sorpresa que pueda complicarle el trabajo, Ricardo se lleva de Ramallo todo el instrumental: “Tengo tres ollas grandes, el colador que va adentro, una olla más chica, una pava, cucharon, espumadera, prensa papa, baldes que me regalan las heladerías, jarra, panera….”
Además de compartir cada aventura juntos,
Sonia y Ricardo disfrutan de hacerlo con los alumnos y alumnas. “Ellos (los padres) no saben lo bien que se portan solos, se portan re bien, no son de caprichos, con nosotros nunca una falta de respeto, son re buenos”, dice Sonia.
Pero con límites: “No quiero que entren a la cocina porque se pueden quemar”, agrega Ricardo.
Sonia cuenta que también aprenden y colaboran. “Los chiquitos se encargan de sus cosas, nosotros lavamos ollas, fuentes… ellos limpian el comedor, lo barren, repasan, les enseñan”. Y además, “cuando es lindo el camping, les hacen encender fogones, es hermoso ver como intentan encender fuego y se les enseña, hacen hamburguesas, torta asada….”
Los dos coinciden que la comida más solicitada es el arroz con pollo y Ricardo contó cómo lo prepara. “Los parto al medio y los echo a la olla con el colador. Una vez que hierven, los saco. Se enfrían y en ese jugo (caldo) se pone el arroz, después se pica cebolla, morrón y se agregan los condimentos; los pollos se desmenuzan y se saca huesito por huesito porque es muy peligroso que un neñito se ahogue”.
Antes del cierre, Ricardo desafía a que le pregunten la edad. Responde con orgullo que tiene 83. Dice que todavía tienen un viaje pendiente con “el Zurdo” Zalloco, que sería en el mes de noviembre a Miramar. Sonia sugiere que sería importante que alguien tome la manija que ellos están soltando para que los viajes y campamentos se sigan realizando. Seguramente así será, pero el recuerdo de ellos seguirá siempre presente en cada uno de los alumnos y docentes que compartieron viajes, historias y comidas durante 23 años en cada uno de estos campamentos.

