Arsénico: “Nuestra zona, tiene niveles normales, sin indicadores de riesgo sanitario”
La actualización del mapa interactivo de arsénico elaborado por el Instituto Tecnológico de Buenos Aires volvió a instalar el tema en la agenda pública. Para aportar claridad y tranquilidad a la comunidad, dialogamos con la Doctora en Química Patricia Blanes, integrante del Laboratorio de Estudios Ambientales de la Universidad Tecnológica Nacional – Regional San Nicolás, quien desde hace años investiga la presencia de arsénico en aguas subterráneas en distintas regiones del país.
Desde el inicio de la entrevista, Blanes destacó la importancia de brindar información precisa: “Es fundamental llevar tranquilidad a la gente sobre el agua que consume”. Aclaró que el arsénico presente en los acuíferos no es producto de una contaminación industrial, sino que se encuentra naturalmente en el suelo y pasa al agua subterránea por contacto con las napas.
La especialista remarcó que la llanura chacopampeana es una de las regiones naturalmente más ricas en arsénico, aunque no es el caso de San Nicolás, Ramallo ni Villa Ramallo, donde los valores hallados están dentro de lo esperable. “Nuestra zona, tiene niveles normales, sin indicadores de riesgo sanitario”, aseguró.
Según la Organización Mundial de la Salud, el límite recomendado es de 10 ppb, aunque se trata de un valor provisorio que bajó con el tiempo por mejoras tecnológicas y falta de estudios toxicológicos concluyentes. En Argentina, el Código Alimentario fija un límite de 50 ppb, también provisorio. De todas formas, Blanes explicó que la mayoría de los registros locales rondan entre 8 y 50 ppb, valores considerados seguros. «El valor medio en nuestra zona ronda entre los 15 y 20 ppb».
La química fue enfática al subrayar que en esta región no es común encontrar casos de hidroarsenicismo crónico regional endémico (HACRE), la enfermedad asociada al consumo prolongado de agua con altos niveles de arsénico. También aclaró que el arsénico no se elimina hirviendo el agua, ya que requeriría temperaturas superiores a 300 grados, por lo que tampoco debería utilizarse agua contaminada para cocinar o regar alimentos en zonas afectadas.
Sobre el mapa presentado por ITBA, pidió cautela: los valores pueden variar por profundidad del pozo, época del año, ubicación exacta de la perforación y metodología de análisis. Agregó que los kits rápidos suelen dar resultados estimativos y que los métodos más precisos —como absorción atómica o ICP— son los adecuados para tomar decisiones confiables.
Blanes resaltó que, aunque el sur de la Provincia de Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, Chaco, Salta y algunas zonas cercanas a la cordillera sí presentan concentraciones más elevadas, no es la situación de esta región, donde la calidad del agua se mantiene estable desde hace años.
Consultada sobre qué debería preocupar a la población en materia de agua, señaló que lo más importante es mantener los tanques domiciliarios limpios, especialmente en verano, y asegurar buenas conexiones sanitarias en zonas sin red cloacal para evitar contaminaciones bacteriológicas. “En nuestra zona, los municipios realizan buenos controles para mantener la calidad del agua de red segura”, afirmó.


