Deporte motor

Adios al genio de leo monti

Leonardo Monti era uno de esos genios locos de una capacidad asombrosa. Era fumigador en Salta, pero un día se acercó a los autos de carrera y ya no los dejó nunca más. Cuando en 1981, Víctor Rosso se fue a intentar su carrera de piloto profesional a Inglaterra, Leo fue su socio, y desde entonces permanecieron unidos por una amistad que después fue sociedad exitosa cuando, retirado como piloto, Rosso volvió a Argentina después de correr en Europa y Japón más de diez años.

Juntos, con los hermanos Ramonda y Jorge Recalde, fundaron Pro Racing, que comenzó en Fórmula 3 Sudamericana y TC2000, con aquellos Tom’s-Toyota primero y las cupé Fuego que Berta había dejado ante la modernización de los Renault oficiales, que ahora corrían con los R-19.

Tanto con el Tom’s como con las Fuego, Leo Monti, en esa época con Gustavo Aznarez y el recordado Rubén Priotti, hicieron milagros. No sólo fueron dignos competidores, sino que llegaron a asustar a los grandes equipos de ambas categorías. Con el Gurí Martínez primero, y con el Pato Silva después, fueron candidatos al título de monopostos continental. Con Henry Martín, pudieron haber ganado, hicieron varios podios, pero siempre estuvieron entre los diez primeros corriendo contra cuatro fábricas, con una Fuego particular.

Después vinieron los desafíos propios, y con la cupé Honda Civic, sólo tardaron un año, 1997, en desarrollar un auto ganador, campeón, referente del TC2000. Campeones y subcampeones por paliza en 1998 con el Gurí Martínez y Juan María Traverso, y en 1999 con el Pato Silva y el Gurí nuevamente.

La genialidad de Monti se volvería a poner de manifiesto en 2004. Cuando el TC2000 cambió las suspensiones originales de cada modelo por una suspensión independiente y única para todos, con regulaciones, pero única al fin. Para Monti, esas regulaciones fueron una llave maravillosa, que abrió la puerta a su inagotable capacidad de inventar. Y ahí nació la barra fijada al portamaza, con la que el TC2000 primero, y el STC2000 después, logró velocidades de curva asombrosas e inesperadas para un auto de Turismo de tracción delantera, y que terminaron su ciclo recién este año, porque desde 2015 se prohibieron definitivamente, luego de diez años de éxito. Así como Colin Champan inventó los F1 con efecto suelo, y el mundo entero debió recurrir a ese sistema aerodinámico para poder correr a los Lotus, Leo Monti impuso la barra al portamaza y todos tuvieron que adoptarlo, o sino no podrían vencerlo.

Monti padecía hace unos años de una enfermedad muy seria, contra la que luchó, nuevamente, usando su teoría. Hablamos con él hace un tiempo, cuando tenía un hilo de voz pero estaba sonriente, en los boxes del STC2000 con los Focus. Después lo volvimos a ver tan entusiasmado con el Dakar, proyecto que, como a todo genio, lo apasionó completamente.

Con esa sonrisa que pocas veces permitió que se borrara de su barbada cara, contó cuán esperanzado estaba en poder derrotar a la enfermedad de adentro para afuera. Lo vimos este año, y estaba bien. Asombrados, le escuchamos decir, “te dije que se podía”…

No hay mucho que agregar ahora. Se fue un genio, pero sobretodo un tipo sensacional. Un loco, un apasionado, un estudioso. Capaz de mirar una on board de una maniobra y elaborar toda una teoría sobre dónde se debe pegar a otro auto para pasarlo sin perjudicarlo… cosas por el estilo.

El automovilismo argentino va a extrañar a Leonardo Monti. Los apasionados por la mecánica, van a sentir su ausencia. Los que lo conocieron, extrañarán a un gran ser humano.

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